En estos días está teniendo lugar en Kriptópolis un interesante debate
sobre las ventajas e inconvenientes de la existencia de una tarjeta
nacional de identidad, a raíz de la resistencia de gran parte de la
población británica a aceptar su imposición.
No me cabe ninguna duda de que la noticia que publicó hace unos días
el Daily Mail puede jugar un papel clave en ese debate. En ella se
afirma que el gobierno británico venderá a bancos y otras empresas el
acceso a la gran base nacional de datos en construcción, estando ya
previstos por ese concepto ingresos de cientos de millones de libras, a
razón de 70 peniques por consulta. Se estiman ya en más de 44.000 las
organizaciones que serán "acreditadas" para realizar verificaciones de
datos, ya sea por teléfono o en línea.
Pero aún hay más factores que explican el descontento de la población británica...
Por ejemplo, hace poco los británicos conocían que habrán de pagar
más de 120 euros por su tarjeta nacional de identidad y pasaporte
electrónico, además de afrontar multas del orden de 1.500 euros por no
actualizar a tiempo alguno de los 49 datos personales incluidos en la
misma, no avisar de un error o no devolver la tarjeta de identificación
de un difunto. A fin de controlar estos extremos se creará una nueva
división de policía, que indagará en la base nacional de datos mediante
ordenadores y remitirá las multas por correo.
Así las cosas, si la nueva tarjeta de identidad británica no
contribuye al crecimiento de un estado policial y a eliminar cualquier
atisbo de privacidad que aún pudiera quedarles a los británicos, que
venga dios y lo vea.
Referencias: