Como ya hizo con Sudáfrica, Novartis quiere impedir que India produzca
una droga contra la Leucemia. En el país asiático el medicamento cuesta
13 veces menos que la droga que vende la multinacional.
La cuestión de la propiedad privada de las patentes medicinales
plantea, además de la consabida formalidad jurídica, una situación
ética que obliga a repensar principios dados por algunos como
inamovibles, según estimó hoy la investigadora española Silvia Ribeiro.
En 2002 cuarenta grandes
laboratorios farmacéuticos cargaron contra Sudáfrica para tratar de
impedir —lo que no lograron— que ese país elaborase medicamentos contra
el SIDA, argumentando sobre la propiedad de las patentes.
Actualmente,
India soporta idénticas presiones judiciales, en esta oportunidad la
exclusividad en la producción de un medicamento para luchar contra
ciertos tipos de cánceres.
Para
muchos especialistas en la materia es una cuestión de principios cuya
resolución —en un sentido u otro— tendrá efectos mucho más allá de las
fronteras de la India.
El
laboratorio multinacional Novartis, uno de los partícipes de la
embestida contra Sudáfrica, cuestiona judicialmente a India por la
producción del anticancerígeno Glivec (imatinib mesylate), de vital
importancia para ciertos tipos de leucemia.
Novartis
—que está considerada entre las cinco principales empresas
farmacéuticas del planeta—, con sede en Basilea, Suiza, surgió en 1996
fruto de la megafusión entre CIBA—Geigy y Sandoz, facturó en 2003 más
de 20.000 millones de euros a nivel mundial.
Según
publicó la investigadora española Sivia Ribeiro en el sitio web
Ecoportal.net, “Novartis tiene la patente de Glivec desde 1993” y
“vende el medicamento aproximadamente a 27.000 dólares la dosis anual”.
“En India, el medicamento lo
producen cinco farmacéuticas indios como genérico y la misma dosis
cuesta cerca de 2000 dólares, o sea 13 veces menos”, puntualiza.
Ribeiro,
investigadora del grupo ETC, explica que “Novartis, que tiene el
monopolio de Glivec en 36 países, quiso patentarlo también en la India
”, pero no lo logró.
Es que
“allí, al igual que en la mayoría de los países antes que se vieran
obligados por la Organización Mundial de Comercio (OMC), las leyes no
permitían patentar medicinas, por ser artículos básicos de primera
necesidad”, destacó la investigadora.
Sucede
que la India se incorporó en 1995 a la OMC y, por lo tanto se vio
obligada a modificar sus leyes sobre patentes y propiedad intelectual.
De
todos modos India volvió a rechazar en 2005 la solicitud de Novartis
sobre patente para Glivec, bajo el argumento de que “no agregaba nada
nuevo” a lo previamente existente en el mercado hindú y que por lo
tanto, no ameritaba conceder una patente.
Sabia
la nueva ley hindú que, aún aggiornada el estilo OMC, contiene una
cláusula que permite defenderse de la permanente extensión de patentes
que realizan los grandes laboratorios, para mantener su monopolio.
Hacen
“algún pequeño cambio en la presentación o le registran nuevos usos, y
así alargan 20 años el período de exclusividad con una nueva patente,
impidiendo que otros usen el mismo componente para producir genéricos a
un precio mucho menor”, dijo Ribeiro.
Novartis
inició una demanda que llegó al Tribunal Supremo de Chennai (antigua
Madrás) en la India , pero no sólo por Glivec, sino contra la ley de
patentes india.
La ONG
Farmacéuticos Mundi (FARMAMUNDI), desde Madrid señaló que “como
organización no gubernamental que trabaja por el acceso universal a los
medicamentos esenciales, manifiesta su apoyo al gobierno indio y
rechaza la demanda interpuesta por Novartis”.
“La
razón es que la demanda de Novartis, de ser aceptada, podría impedir el
acceso de muchas personas de países pobres a sus tratamientos, al
encarecerlos enormemente”, explicó la ONG.
ndia
es en la actualidad una de las mayores fuentes de medicamentos
genéricos de calidad a precio accesible para tratar enfermedades graves
como el SIDA en muchos países pobres.
Las
empresas hindúes productoras de genéricos proporcionan más de 50 por
ciento de todos los medicamentos que distribuye UNICEF y en torno a 70
por ciento de los antirretrovirales (medicamentos contra el SIDA) que
utiliza la organización humanitaria Médicos sin Fronteras.
Según
FARMAMUNDI, “si Novartis consiguiese patentar de nuevo Glivec tendría
un alcance limitativo: impedirá que los laboratorios indios que
fabricaban el imatinib a precio mucho menor que puedan producirlo y
venderlo a otros países, y usarlo en pacientes afectados de la leucemia
mieloide crónica (LMC)”.
Pero para FARMAMUNDI lo más importante es la segunda demanda, la que trata de impugnar la ley de patentes de la India.
“Si
Novartis gana, se podría impedir que los pacientes de SIDA de países
del tercer mundo reciban antirretrovirales baratos, lo que les
conduciría a una muerte segura, pues las ONG y gobiernos de estos
países no podrían pagar el precio de los medicamentos producidos por
las multinacionales del sector”, finaliza.
Lo
paradójico es —según Ribeiro— que la principal investigación sobre
Glivec no la hizo Novartis. Fue un investigador público: Brian Druker
de la Oregon Health & Science University”.
“Druker
tuvo que rogarle repetidamente a Novartis que le permitiera
experimentar con la sustancia (imatinib) que la empresa tenía
patentada, sin usarla”, prosigue.
El científico pudo demostrar resultados espectaculares contra el cáncer.
“Aún
así, Novartis no quería desarrollar el medicamento porque mostraba
algunas reacciones adversas y la eficacia era en cánceres poco
frecuentes, lo que no le daría suficientes ganancias como para
decidirse producirlo”, relató Ribeiro.
Añadió
que “accedió a ello después de varios años de investigación en la
universidad y en la perspectiva de recibir apoyos públicos por el
medicamento”.