El colapso de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio
(OMC) tras el Programa de Trabajo de Doha ha provocado una preocupación
generalizada. El Consejo General de la OMC no tomó una decisión formal
sobre las negociaciones, pero de hecho, están suspendidas. Sin embargo,
el sistema del GATT/OMC ha dado sorpresas en el pasado y es más que
probable que las negociaciones recomiencen pronto a todo vapor. Los
países en desarrollo no deben conformarse con la suspensión, sino
prepararse para una pronta reanudación.
Hacia el colapso
Este último colapso de las negociaciones de la OMC no fue totalmente
inesperado. El proceso de negociación se había acelerado con un aumento
de las expectativas y la creación de un ambiente de crisis y tensión.
Cada tanto se fijaban objetivos irreales y muy frecuentemente se
realizaban reuniones “mini ministeriales” de diversas dimensiones.
Quizá la estrategia consistió en presionar a los ministros con
calendarios apretados para que moderaran sus posiciones. Pero los
intereses en juego son demasiado complejos y diversos para que esa
táctica resulte eficaz. Lo que se precisa es un encuentro de mentes en
un ambiente tranquilo, y no un choque de cabezas en un alboroto creado
artificialmente.
El proceso generó frustración entre aquellos que habían asumido el
papel de promotores: los ministros de Australia, Brasil, Japón, India,
Estados Unidos y el comisario de Comercio de la Unión Europea, llamados
el Grupo de los Seis, “G-6” en la jerga de la OMC.
Este grupo decidió suspender su deliberación conjunta. Otros países
parecen haber aceptado esta posición, aunque no la aprobaron
formalmente. Sin embargo, es muy probable que las negociaciones sean
resucitadas en un futuro no muy lejano, quizá a principios del otoño
boreal. Esta evaluación se basa en tres argumentos.
En primer lugar, los países industrializados, especialmente Estados
Unidos y la Unión Europea, lograron algunas concesiones importantes de
los países en desarrollo que no quieren dejar escapar.
Los países en desarrollo aceptan una consolidación casi total de los
aranceles industriales, lo que implicará un tope obligatorio y
ejecutable para casi todos sus productos industriales.
Los países industrializados pueden aceptar un coeficiente de 20 para
los países en desarrollo en la fórmula suiza para los aranceles
industriales (que resultará en un tope de 20 por ciento para esos
aranceles) y una reducción promedio de 35 a 45 por ciento en sus
aranceles agrícolas, estiman diplomáticos del Sur.
Además, también está sobre la mesa la liberalización de varios sectores
de servicios a través de negociaciones sectoriales plurilaterales. Las
oportunidades resultantes de la mejora del acceso a los mercados de
bienes y servicios en los países en desarrollo pueden ser demasiado
tentadoras para que los principales países industrializados permanezcan
pasivos tras el reciente derrumbe de las conversaciones.
En segundo lugar, la autoridad de negociación por la “vía rápida”
otorgada por el Congreso al Poder Ejecutivo de Estados Unidos vence a
fines de junio de 2007, y es improbable que sea extendida. Por lo
tanto, es probable que este factor motive a los principales países
industrializados para recomenzar las negociaciones dentro del plazo.
Esto sería algo factible, a la luz del siguiente análisis somero del
cronograma.
El Poder Ejecutivo estadounidense debe presentar el acuerdo resultante
al Congreso al menos 90 días antes del fin de junio de 2007. Suponiendo
que el Poder Ejecutivo demore un mes en preparar la presentación, el
acuerdo y diversas listas deberían estar prontos en su forma final
antes del fin de febrero de 2007.
La preparación de listas por parte de los gobiernos y su verificación
mutua será una ardua tarea, pero si se realiza un intenso trabajo bajo
presión, un período de tres meses puede ser suficiente.
Esto nos lleva a fines de noviembre de 2006 para la conclusión de un
acuerdo completo sobre modalidades de agricultura y acceso a los
mercados para los productos no agrícolas (NAMA). Otros temas
fundamentales de las negociaciones podrían tratarse simultáneamente
hasta noviembre de 2006, y otros asuntos restantes podrían manejarse
aun después de febrero de 2007. Para cumplir el plazo de fin de
noviembre, las negociaciones deberían reanudarse a principios del otoño
boreal.
En tercer lugar, las brechas en las posiciones del G-6 sobre los tres
asuntos que se propusieron resolver con carácter de prioridad no son
insalvables, como se explicará más adelante.
Cuestiones de prioridad
Las recientes negociaciones dentro del G-6 tuvieron como prioridad la
resolución de tres elementos: (i) el total de la ayuda distorsionadora
del comercio, es decir, la suma de los compartimentos ámbar y azul y
los subsidios agrícolas de minimis en Estados Unidos; (ii) los
aranceles sobre productos agrícolas en la Unión Europea; y (iii) los
aranceles industriales en los países en desarrollo.
Aunque las diferencias dentro del G-6 se redujeron considerablemente,
no se pudo alcanzar un acuerdo y las negociaciones fracasaron. A
continuación se describen brevemente las diferentes posiciones.
Estados Unidos se habría ofrecido a reducir el total de su ayuda
distorsionadora del comercio a 23.000 millones de dólares. El Grupo de
los 20 (G-20), del que Brasil e India son miembros influyentes,
pretendía rebajarlo a 12.000 millones de dólares, y la Unión Europea se
daba por satisfecha si el total bajaba a 15.000 millones.
En materia de aranceles agrícolas, la Unión Europea se ofreció para
reducir su promedio arancelario en 51 por ciento. El G-20 y Estados
Unidos solicitaron una reducción de 54 y 66 por ciento, respectivamente.
Con respecto a los aranceles industriales, la Unión Europea habría
sugerido un coeficiente de 15 para los países en desarrollo en la
fórmula suiza. Estados Unidos pretendía un coeficiente inferior,
mientras que Brasil e India aspiraban a 30.
De todos estos temas, los aranceles agrícolas no fueron la manzana de
la discordia. Aunque Francia se opuso abiertamente a superar una oferta
de reducción de 39 por ciento que la Unión Europea había realizado en
octubre de 2005, el comisario europeo percibió el ánimo general en los
países del bloque y ofreció una rebaja de 51 por ciento. Quizá no le
resulte muy difícil a la Unión Europea aumentar su oferta a 54 por
ciento para satisfacer la expectativa del G-20.
Los problemas realmente espinosos fueron los otros dos: subsidios
internos a la agricultura en Estados Unidos y aranceles industriales en
los países en desarrollo.
En el área de los subsidios internos, el G-20 solicitó una reducción de
70 a 80 por ciento en el total de la ayuda distorsionadora del comercio
en los países industrializados. El G-20 esperaba que Estados Unidos y
la Unión Europea redujeran sus niveles de ayuda de 48.000 millones de
dólares y 110.000 millones de euros (año 2000, último año de
notificación) a 12.000 millones de dólares y 27.000 millones de euros,
respectivamente, mediante una rebaja de 70-80 por ciento.
Frente a este reclamo, Estados Unidos y la Unión Europea ofrecieron
reducir sus niveles a 23.000 millones de dólares y 33.000 millones de
euros. Quizá hubo alguna señal de que la Unión Europea finalmente
estaba dispuesta a llegar hasta el nivel sugerido por el G-20. Por lo
tanto, el principal objetivo en este sentido era Estados Unidos, que se
negaba a ofrecer cualquier otra reducción.
Con respecto a los aranceles industriales, Brasil e India (miembros de
una coalición de 11 países en desarrollo, conocidos como NAMA-11)
parecían dispuestos a aceptar un coeficiente de 25 en la fórmula suiza,
pero los países industrializados reclamaban 15.
Tras las diversas vicisitudes que afectaron a las prolongadas
negociaciones realizadas desde 2001, estas diferencias no parecían ser
capaces de provocar un colapso total.
Existía cierta probabilidad de que Estados Unidos redujera algo más su
ayuda distorsionadora del comercio, por ejemplo a 19.000 millones de
dólares, cifra cercana a la actual tasa aplicada. La libertad de
aumentar sus subsidios del compartimento verde y así neutralizar el
efecto de cualquier reducción de la ayuda distorsionadora del comercio
habría actuado como incentivo. De manera similar, considerando las
actuales tendencias en las posiciones negociadoras de Brasil e India,
reducir algo más el coeficiente de la fórmula suiza en materia de NAMA
no parece imposible.
En realidad, las diferencias dentro del G-6 no eran insalvables, pero
el ambiente no era propicio. Además, todo el ejercicio de negociación
tuvo una gran visibilidad que contribuyó en parte a que las
vacilaciones de los ministros los hicieran parecer “blandos”.
Después de ciertas reflexiones veraniegas y contactos informales entre
los principales actores, que ya han comenzado, es improbable que los
corredores de la OMC permanezcan tranquilos por mucho tiempo. Y es para
esta situación que los países en desarrollo deben prepararse plenamente.
Riesgos
(1) Subsidios internos a la agricultura
Los países en desarrollo tienen algún tiempo para reflexionar sobre las
consecuencias de las diferentes cifras que surgieron de las recientes
negociaciones y tuvieron cierta probabilidad de aceptación en el G-6.
Pero hay graves riesgos implicados.
Analicemos en primer lugar el subsidio interno a la agricultura en
Estados Unidos y la Unión Europea. Aun si la Unión Europea reduce el
total de su ayuda distorsionadora del comercio a 27.000 millones de
euros y Estados Unidos a 15.000 millones de dólares, ¿será esto una
salvaguardia eficaz contra los posibles daños que las importaciones
agrícolas subsidiadas de Estados Unidos y la Unión Europea causan a los
agricultores de los países en desarrollo? ¿Y ampliará esto el acceso de
los países en desarrollo a esos dos mercados?
Claramente, la respuesta es “no”, debido a dos factores: (i) el
subsidio del compartimento verde, y (ii) la posible concentración del
total de la ayuda distorsionadora del comercio en una cantidad limitada
de productos.
(i) Subsidio del compartimento verde:
Estados Unidos y la Unión Europea cuentan con una gran vía de escape a
través de los subsidios del compartimento verde, es decir, los
previstos en el Anexo 2 del Acuerdo sobre la Agricultura de la OMC.
Estos subsidios no han sido sujetos a disciplinas hasta ahora, bajo la
suposición de que no distorsionan el comercio.
Sin embargo, hoy en día existen pruebas suficientes de que los
subsidios del compartimento verde pueden distorsionar la producción y
el comercio, dado que tienen efectos sobre la riqueza y también
aumentan la tendencia de los agricultores a asumir riesgos. Estos
subsidios fortalecen la capacidad de permanencia de los agricultores en
su actividad y apoyan su producción agrícola inviable.
Algunas formas de subsidios del compartimento verde son causa de gran
preocupación, en particular la ayuda a los ingresos desconectada, el
seguro contra la pérdida de ingresos y la ayuda para la inversión,
previstas en los párrafos 6, 7 y 11 del Anexo 2 del Acuerdo sobre la
Agricultura. Mediante estas vías, se puede otorgar a los productores
una cantidad ilimitada de dinero, lo que provoca una distorsión también
ilimitada de la producción y por tanto del comercio.
Estas disposiciones abiertas e irrestrictas han sido utilizadas de
distintas formas por Estados Unidos y la Unión Europea de año a año.
Por ejemplo, Estados Unidos otorgó 4.000 millones de dólares en ayuda a
los ingresos desconectada en 2001, y la Unión Europea brindó 5.700
millones de dólares en ayuda para la inversión en 2001 y 2002.
Tras disminuir el total de la ayuda distorsionadora del comercio a un
nivel acordado, Estados Unidos y la Unión Europea pueden aumentar
fácilmente la cantidad otorgada en virtud de esas disposiciones del
compartimento verde, anulando así el efecto de la reducción. Todo lo
que deben hacer es cambiar su legislación, y esto es un proceso
totalmente interno. Por lo tanto, lograr un compromiso de reducción del
total de la ayuda distorsionadora del comercio sin cerrar la vía de
escape del compartimento verde puede ser inútil.
En este sentido cabe recordar la experiencia de la Ronda Uruguay, en
que los principales países industrializados utilizaron las vías de
escape en materia de agricultura y productos textiles. Así, cumplieron
su compromiso de reducir los subsidios del compartimento ámbar, pero
aumentaron el total de sus subsidios a la agricultura. En cuanto a los
productos textiles, cumplieron su obligación de liberalización en
cuatro etapas sin producir ninguna liberalización real hasta el final
de 2004.
Para esto se valieron de las vías de escape de los respectivos
acuerdos. No hay ninguna garantía de que no volverán a hacer lo mismo.
Solo la imposición de disciplinas a los criterios del compartimento
verde, encomendada por el marco de julio de 2004, puede proveer una
salvaguardia eficaz. El G-20 ya ofreció ciertas propuestas que deben
ser ampliadas y especificadas, como se sugirió posteriormente.
(ii) Concentración de la ayuda distorsionadora del comercio en algunos
productos:
El segundo riesgo se relaciona con la concentración de la ayuda
distorsionadora del comercio en una cantidad limitada de productos. El
total de la ayuda distorsionadora del comercio en Estados Unidos y la
Unión Europea, aun a niveles reducidos, puede resultar muy perjudicial
para los países en desarrollo si se concentra en una pequeña cantidad
de productos, porque puede dar a éstos una gran fuerza competitiva.
Por lo tanto, es necesario prescribir topes de productos para el total
de la ayuda distorsionadora del comercio. Estados Unidos y la Unión
Europea han otorgado subsidios muy altos a algunos productos en el
pasado, y naturalmente se tenderá a prescribir topes basados en ese
período histórico. Esto no sería apropiado, dado que el objetivo ahora
es lograr una reducción real de los subsidios.
(2) Aranceles industriales (NAMA)
En materia de NAMA, las cifras actuales en consideración para el
coeficiente de la fórmula suiza se sitúan en 20 a 30 para los países en
desarrollo y cerca de 10 para los países industrializados. Si tomamos
30, la cifra máxima, como coeficiente para los países en desarrollo, su
arancel promedio de 28 caerá a 14, es decir, 50 por ciento.
Si tomamos 10 como coeficiente para los países industrializados, su
arancel promedio de cuatro caerá a tres, es decir, 25 por ciento. Esto
constituiría una clara inversión del principio acordado de
“reciprocidad no plena” para los países en desarrollo, y sería
sumamente injusto.
La Conferencia Ministerial de Hong Kong decidió utilizar la fórmula
suiza para la reducción arancelaria de productos industriales y ahora
se debe trabajar dentro de este marco. La elección del coeficiente en
esta fórmula es esencial para determinar el alcance de la reducción
arancelaria. Por lo tanto, es necesario que la elección de los
coeficientes resulte en una reciprocidad no plena por parte de los
países en desarrollo.
La forma más apropiada de respetar el principio de reciprocidad no
plena es que los países en desarrollo abran sus mercados a los países
industrializados en menor medida que éstos los abran a aquéllos.
Una forma de lograrlo es que los países en desarrollo reduzcan menos
sus tasas arancelarias absolutas que los países industrializados. Por
ejemplo, si los países industrializados rebajan su arancel de 10 a
cuatro (es decir, una reducción de seis en términos absolutos), los
países en desarrollo deberían reducir el suyo de 35 a 31 (es decir, una
reducción de cuatro en términos absolutos). De acuerdo con esto,
podrían elaborarse los coeficientes respectivos de la fórmula suiza
para los países industrializados y los países en desarrollo.
Si los países en desarrollo fueran más complacientes, la reciprocidad
no plena podría lograrse mediante una reducción porcentual diferencial
de los aranceles. Por ejemplo, los países industrializados podrían
reducir sus aranceles en 60 por ciento, y los países en desarrollo, en
40 por ciento. Una vez más, los coeficientes respectivos podrían
elaborarse de acuerdo con esto.
En todo caso, una simple paridad numérica entre los coeficientes
aplicables a los países industrializados y en desarrollo (por ejemplo,
10 para aquéllos y 30 para éstos) no se ajustará al principio acordado
de la reciprocidad no plena.
Algunas sugerencias
(1) Subsidios internos a la agricultura
Subsidios del “compartimento verde”: Cualquier acuerdo de reducción del
total de la ayuda distorsionadora del comercio será ineficaz si no se
definen criterios específicos para el compartimento verde.
La mejor forma de impedir que los subsidios del compartimento verde
distorsionen el comercio sería prohibirlos directamente. Si esto no
fuera posible, estos pagos deberían mantenerse en un nivel mínimo, para
que la distorsión comercial también fuera mínima.
Se requieren entonces algunos criterios de elegibilidad de los
agricultores para los pagos y ciertos topes a éstos. Por ejemplo, como
medida inicial para lograr que los subsidios del compartimento verde no
distorsionen el comercio o lo hagan en grado mínimo, se podrían
establecer los siguientes criterios:
1. Los pagos solo deberían realizarse a agricultores individuales; las
entidades empresariales deberían estar totalmente excluidas.
2. Aun entre los agricultores individuales debería haber cierto
criterio de elegibilidad basado en los ingresos, en reconocimiento del
hecho de que los agricultores comparativamente más ricos no precisan de
este apoyo. Por ejemplo, solo los agricultores con un ingreso anual
total de hasta 10 por ciento del ingreso anual promedio del país
deberían ser elegibles para los pagos.
3. Se debería establecer un tope para el monto del pago anual a cada
agricultor individual, por ejemplo de 5.000 a 10.000 dólares.
Topes específicos por producto: Para que el total de la ayuda
distorsionadora del comercio no se concentre en una pequeña cantidad de
productos y provoque un alto grado de subsidios de éstos, es necesario
fijar topes específicos por producto.
Dado que los subsidios sobre algunos productos han sido altos en el
pasado y el objetivo actual es reducirlos, los niveles pasados de
subsidios no deben tomarse como base para establecer topes. Sería más
lógico fijar el tope específico por producto sobre la base de
determinado porcentaje de la producción anual del producto en
particular, digamos 10 por ciento de la producción.
(2) Aranceles industriales (NAMA)
El objetivo principal no deberían ser los coeficientes de la fórmula
suiza, sino la reducción porcentual de los aranceles. Después se
deberían elaborar coeficientes adecuados para lograr esa reducción
arancelaria.
Por ejemplo, supongamos que los países industrializados y en desarrollo
reducen sus aranceles 60 y 40 por ciento, respectivamente. Para tal
reducción en sus aranceles respectivos de cuatro y 30, cercanos a sus
respectivos promedios, el coeficiente para los países industrializados
resulta en 2,7 (o tres, con el redondeo), y para los países en
desarrollo, en 45.
Tomando otro ejemplo, si los países industrializados y en desarrollo
reducen sus aranceles en 30 y 20 por ciento respectivamente a partir de
los niveles actuales de cuatro y 30, los coeficientes respectivos serán
9,3 (o 10, con el redondeo) y 120.
Estos ejemplos demuestran que los coeficientes de 10 y 20 (para los
países industrializados y en desarrollo, respectivamente) considerados
por el G-6 están totalmente fuera de lugar. Si el coeficiente para los
países industrializados fuera 10, para los países en desarrollo debería
ser 120, de modo que la reducción de éstos representara dos tercios de
la reducción de aquéllos. www.sunsonline.org
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Bhagirath Lal Das es un reconocido experto internacional en temas de
comercio, fue director de programas internacionales de comercio de la
UNCTAD y embajador de India ante el GATT.