El intento de CiU de prorrogar las patentes de 15 medicamentos provoca una guerra en el sector. Farmaindustria exige la protección de las marcas actuales y Aeseg defiende las medicinas baratas.
Dos bloques claramente diferenciados de la industria farmacéutica
española viven en estos días un duro enfrentamiento. Los laboratorios
están en pugna con los productores de medicamentos genéricos. La
controversia tiene que ver con la vigencia, o su interrupción, de 15
patentes, que suponen el 20% del gasto total farmacéutico.
Se calcula que hay 600 millones de euros (100.000 millones de
pesetas) en juego. Prolongar la vigencia de estas 15 patentes resulta
clave para la cuenta de resultados de los laboratorios que las tienen
en propiedad. Extinguirlas es fundamental para que sus competidores, la
industria española productora de genéricos, pueda empezar a poner en el
mercado estas sustancias, libres de marca comercial y, por tanto, a más
bajo precio. Se calcula que con ello el Sistema Nacional de Salud (SNS)
ahorraría 100 millones de euros en cada uno de los seis próximos años.
Las patronales de ambas facciones, Farmaindustria (por el lado
de los laboratorios) y Aeseg (por el lado de los fabricantes de
genéricos) han desplegado todas sus armas. Algunas empresas han quedado
en medio. Es el caso, entre otras, de Novartis, que ocupa una
vicepresidencia en Farmaindustria, al tiempo que su filial
especializada en la fabricación y comercialización de genéricos,
Sandoz, ocupa la presidencia de Aeseg. La primera batalla la ha ganado
Aeseg, pero, según Farmaindustria, la guerra no ha terminado.
La tormenta entre ambas facciones de la industria farmacéutica
española se desató cuando el Grupo Parlamentario de CiU presentó sus
enmiendas al proyecto de ley de protección de la propiedad intelectual
e industrial, conocida como ley antipiratería. Esta reforma legislativa se tramita en el Congreso de los Diputados.
Con las propuestas de CiU, los laboratorios tendrían
garantizada hasta el 2012 la exclusividad en la comercialización de un
buen número de medicamentos que, de otro modo, podrían ser vendidos
libremente por la industria de genéricos.
Además, al propiciar que las patentes tuvieran efecto
retroactivo desde 1992, la propuesta de CiU implicaba que las empresas
de genéricos tendrían que abonar una "regalía" a los laboratorios. La
cifra resultaría equivalente a los royaltis no abonados en todos estos
años.
Aeseg puso el grito en el cielo y acusó a CiU de "beneficiar a
las grandes empresas farmacéuticas multinacionales". A su juicio, la
propuesta nacionalista iba a causar un perjuicio de 4.000 millones de
menor ahorro al Sistema Nacional de Salud (SNS). En opinión de Aeseg,
de haber prosperado la enmienda de CiU, "estrangularía el incipiente
mercado de genéricos, puesto que impedirían comercializar medicamentos
genéricos futuros hasta que no caducasen las reivindicaciones de
producto".
El Ministerio de Sanidad movió ficha al ver en peligro su
principal herramienta para contener el gasto farmacéutico: el
desarrollo de los genéricos. Se calcula que estos fármacos resultan
entre el 25% y el 50% más baratos que el medicamento original. El grupo
socialista hizo saber a CiU que su iniciativa no iba a salir adelante y
la formación nacionalista optó por retirar la iniciativa el 1 de
febrero.
De poco sirvieron los argumentos de Farmaindustria. Esta
asociación invoca el cumplimiento de un acuerdo mundial suscrito por
España en el seno de la Organización Mundial de Comercio, en vigor
desde enero de 1995. La patronal interpreta que con esta firma España
se comprometió a acabar con el periodo transitorio de seis años pactado
en su incorporación a la Comunidad Europea (en 1986), por el que no
existirían patentes de producto en España sino a partir de 1992. La
enmienda de CiU implicaba permitir el uso de patentes con efecto
retroactivo anterior a 1992.
Farmaindustria sostiene que la menor protección de las
patentes en España en relación con la cobertura que se aplica en el
resto de Europa pone en peligro la elevada inversión en investigación y
desarrollo (I+D) del sector. El farmacéutico es el primer sector
inversor en I+D en España.
Tras la primera derrota en el Congreso, Farmaindustria
pretende ahora apelar ante la Comisión Europea y promover procesos
judiciales.