Las firmas y proveedores de servicios de países en desarrollo pueden
enfrentar nuevos desafíos a su supervivencia y a su porción del mercado
si una nueva ofensiva de los países industrializados prospera en la
OMC. Su nueva propuesta de “referencias” obligaría a los países en
desarrollo a liberalizar más subsectores a un ritmo más rápido,
poniendo a las empresas nacionales a la defensiva.
Los países en desarrollo lanzaron una ofensiva conjunta para introducir
nuevos métodos a fin de que los países en desarrollo liberalicen sus
subsectores de servicios en la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La intención es que esa liberalización se apruebe en la Conferencia
Ministerial a celebrarse en Hong Kong en diciembre.
Esto ha alarmado a muchos países en desarrollo, cuyas delegaciones lo
ven como un intento por subvertir el sistema actual, por el que cada
país puede decidir su propio ritmo de liberalización, en los
subsectores que elija.
La ofensiva se reveló en una reunión realizada el 13 de septiembre en
la OMC, cuando algunos miembros (entre ellos la Unión Europea, Japón,
Suiza, Australia y Corea del Sur) presentaron seis documentos que
proponían nuevos métodos para acelerar el ritmo de liberalización de
los servicios antes de la conferencia de Hong Kong. Estados Unidos y
Canadá también apoyaron las iniciativas.
Los países en desarrollo recibieron las propuestas muy fríamente. En
otra reunión, el 23 de septiembre, muchos de ellos manifestaron
objeciones y criticaron las propuestas por considerar que intentaban
cambiar la naturaleza del acuerdo sobre servicios y los métodos de
negociación de la OMC, y que eliminaban los mecanismos de flexibilidad
de que ahora disponen los países para elegir el ritmo y grado de
liberalización en los diferentes subsectores.
Entre los países que alzaron su voz estuvieron Brasil, Indonesia, Filipinas, Sudáfrica, los del Caribe y los menos adelantados.
Está en juego el destino de las empresas y los proveedores de servicios
de los países en desarrollo. Si los países abren sus mercados muy
abruptamente, esas pequeñas y medianas empresas correrán el riesgo de
ser desplazadas por las firmas mucho más grandes de los países ricos.
El sector de los servicios incluye bancos, compañías de seguros y otras
instituciones financieras, comercio mayorista y minorista, servicios
públicos (energía, agua y telecomunicaciones), transporte, servicios
postales, educación y servicios profesionales (por ejemplo de abogados,
médicos, arquitectos, etc.)
En muchos países en desarrollo, los servicios constituyen el sector más
importante en términos de constribución al producto interno bruto, a
los ingresos y al empleo. También es el sector en que están más
afianzados los profesionales e instituciones, con un alto grado de
identificación y participación nacional.
Fue con el objetivo de irrumpir en los mercados de los países en
desarrollo que las gigantescas empresas de servicios de Estados Unidos,
Europa y Japón persuadieron a sus gobiernos de que incorporaran un
acuerdo sobre servicios al sistema comercial durante la Ronda Uruguay
de negociaciones comerciales.
Muchos países en desarrollo se opusieron, arguyendo que los servicios
no eran en esencia un tema comercial y por tanto no podían aplicarse
normas comerciales al sector. Temían que la apertura de los servicios
condujera al desplazamiento de bancos, comercios y servicios de
telecomunicaciones nacionales por empresas extranjeras. Sólo aceptaron
un acuerdo a condición de que se le incorporaran salvaguardas y
libertad de elección de políticas.
Las salvaguardas incluyen el “enfoque de lista positiva” (es decir que
sólo los subsectores incluidos en la lista se consideran comprometidos
para la liberalización), la capacidad de incluir también en la lista
restricciones a la plena liberalización en los subsectores escogidos, y
el sistema de negociaciones bilaterales de “pedido y oferta”, que
permite solicitar la apertura de varios subsectores a un país, pero
prevé que éste es libre de comprometer el subsector que elija y en la
medida que considere apropiada.
En las negociaciones, se aseguró a los países en desarrollo que podrían
elegir si liberalizar o no, y en caso afirmativo, a qué ritmo y en qué
subsectores. Esta flexibilidad también fue incorporada a los artículos
4 y 19 del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS, por
sus siglas en inglés), que entró en vigor en 1995.
Sin embargo, este “pacto” corre el riesgo de romperse, dado que los
países industrializados exigen la introducción de un nuevo enfoque
(llamado método “de referencias” o “multilateral”), por el que los
países en desarrollo deberían comprometerse a liberar un número
determinado de subsectores, y en un grado mínimo.
Un objetivo especial es la liberalización de la “presencia comercial”,
o el Modo 3 del GATS. Se pide a los países en desarrollo que abran un
porcentaje mínimo de subsectores a la participación de empresas y
proveedores de servicios extranjeros. Algunas propuestas plantean que
los países en desarrollo consoliden los niveles actuales de
liberalización y luego se comprometan a un mayor grado de
liberalización.
Las nuevas propuestas son contrarias a los mecanismos de flexibilidad
previstos en el GATS. Por ejemplo, una de ellas plantea que 10
subsectores (los más importantes económicamente) sean elegidos en el
nuevo método “de referencias” o “multilateral”. De esos 10 subsectores,
los países en desarrollo tendrían que elegir cinco o seis para
liberalizar, y los industrializados, ocho.
Es posible que determinado país en desarrollo no haya considerado
liberalizar seis de los 10 subsectores, sino sólo uno o dos, pero ahora
se le exigiría abrir seis. Además, en los seis subsectores elegidos, se
le puede exigir determinada medida de apertura. Por ejemplo, es posible
que no se permitan restricciones al grado de propiedad extranjera, o
que se impongan límites al número y el grado de las restricciones.
También se verá afectado el espacio político que muchos países
mantienen entre el compromiso que hacen en la OMC y sus medidas reales
de liberalización.
Es posible que muchos países hayan elegido liberalizar varios
subsectores pero no deseen hacer compromisos en la OMC, dado que serían
legalmente obligatorios. De esta forma, un país que ha abierto
determinado subsector puede dar marcha atrás o aumentar sus
restricciones si cambian las circunstancias (por ejemplo, en una crisis
financiera).
En cuanto a la propuesta de consolidación del actual nivel de
liberalización o de hacer compromisos en el GATS en los subsectores aún
no liberalizados, esto eliminaría la actual flexibilidad para que un
país se retracte si la situación así lo amerita.
Los países industrializados arguyen que los países en desarrollo han
hecho pocas ofertas de compromiso, por lo tanto el nuevo método es
necesario para que aceleren la liberalización.
Los países en desarrollo replican que son los países ricos los
rezagados, porque no han hecho ofertas para liberalizar el movimiento
de mano de obra, el servicio clave en que los países más pobres tienen
interés.
Asimismo, creen que es su derecho, conforme al GATS, liberalizarse a su
propio ritmo, y que los países industrializados no están respetando ese
principio porque sus empresas están impacientes por obtener acceso a
los mercados y dominar los negocios en los países en desarrollo.
Este conflicto puede tener graves consecuencias para el desarrollo. Si
los países ricos logran su propósito, los países en desarrollo podrían
verse obligados a abrir sus servicios a un ritmo más rápido que el que
sus empresas pueden tolerar para enfrentar a la competencia extranjera.
Además, la participación nacional en sus economías se reduciría, y
muchos subsectores vitales caerían bajo el control de firmas
extranjeras.
Es esencial, entonces, que políticos y el público en general (así como
las empresas afectadas, por supuesto) despierten ante este nuevo
desafío que enfrentan y participen en las actuales discusiones de la
OMC. – Third World Network Features