La Habana, 7 oct (PL) Los consumidores de Estados Unidos beben como cubano un ron producido fuera de la isla, un timo patrocinado por su propio gobierno que persiste en entorpecer la economía de la nación caribeña privándola del uso las marcas.
Por séptimo año consecutivo, Cuba presentará ante Naciones Unidas la aplicación por parte de Washington de la sección 211 de la Ley de Omnibus de Asignaciones Consolidadas Suplementarias y de Emergencia, que impide a los titulares de la nación caribeña o sucesores el derecho sobre marcas en Estados Unidos.
Esta medida fue aprobada en octubre de 1998 por el Congreso estadounidense en beneficio de la compañía Bacardí, una empresa con fuertes intereses en el país norteño, donde ejerce considerable influencia política con vistas a mantener el bloqueo contra Cuba.
La susodicha sección 211 extendida al ámbito de la propiedad intelectual está muy ligada a la Ley Helms-Burton promovida, entre otros, por Bacardí, encargada de vender el ron falso a los norteamericanos.
La aplicación de la referida legislación tiene implicaciones muy negativas no sólo en el marco bilateral entre Cuba y los Estados Unidos, sino también en el ámbito multilateral.
Como primera consecuencia, refuerza el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra la isla.
Sobre todo porque impide el desarrollo de inversiones extranjeras aquí, asociadas a la comercialización internacional de productos cubanos, cuyas marcas y nombres comerciales gozan de prestigio en el mundo.
Inspirado en la letra y espíritu de la 211, un tribunal de Nueva York falló contra el justo reclamo de la compañía Havana Club Holding, de intereses cubanos y franceses, respecto a la usurpación por parte de Bacardí del derecho de uso de la marca Havana Club en los Estados Unidos.
Por Ley federal, los incautos consumidores norteamericanos brindan con un ron cubano producido fuera de la isla, con el consiguiente menoscabo de sus derechos y pérdidas para la economía de la nación caribeña.
En cambio Cuba, en cumplimiento de sus obligaciones internacionales y a pesar de la política de bloqueo y hostilidad mantenida por la Casa Blanca, honra y mantiene los derechos de patente de centenares de compañías estadounidenses en el territorio nacional.
El caso fue presentado ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), donde el órgano de apelaciones reconoció que la sección 211 viola las obligaciones internacionales e insta a Estados Unidos a enmendar la legislación.
Washington, genio y figura, se ha hecho el remolón, hasta el punto de violar varios plazos acordados con la Unión Europea sobre el asunto. El último expiró el 30 de junio del 2005.
Cuba ha expresado de modo reiterado, en las instancias permanentes, su preocupación por las sucesivas prórrogas acordadas, y ha instado al gobierno estadounidense a derogar la 211 como única solución posible a la disputa.
El informe de la isla al Secretario General de la ONU, titulado Necesidad de poner fin al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, denuncia que tal política es violatoria de la propiedad intelectual protegida por convenios internacionales.
El documento, que contiene el inventario de las afectaciones provocadas por el cerco en el último año, será discutido y votado por decimocuarta vez el próximo 8 de noviembre en Naciones Unidas.
En las 13 ocasiones anteriores la comunidad internacional ha votado favorablemente la resolución cubana, con voto récord de 179 países en el 2004, cuando sólo cuatro gobiernos se opusieron.
El bloqueo a Cuba es el más largo que se recuerda, con más de cuatro décadas y pérdidas para la isla por más de 82 mil millones de dólares. Afecta a toda la población del país, el 70 por ciento nacida bajo sus secuelas.