Hay vida más allá del
copyright restrictivo. Y ello pese a las amenazas, las persecuciones y
las apocalípticas declaraciones de quienes –como la SGAE, la BSA o la
RIAA– viven de mercantilizar y explotar toda expresión del pensamiento
humano y de convertir en escasos bienes infinitos. A pesar de estos
corsarios de la creación ajena, que fomentan la escasez de modo
artificial, la era de la abundancia ha llegado al menos al ámbito de la
producción intelectual y hay posibilidades reales de estimular la
creación, de romper la "brecha digital", de compartir el conocimiento,
la cultura y el arte, de vivir de las creaciones propias, de replantear
la industria, y todo ello sin necesidad de cercenar derechos básicos de
la ciudadanía ni de endurecer el código penal, ni de criminalizar la
cooperación mutua o penalizar la libre circulación del saber.
Los
beneficiarios de la restricción del derecho de copia tratan de negarlo,
de ocultarlo, de criminalizarlo, pero mal que les pese existe todo un
ámbito al que denominaremos "procomún" –recuperando un viejo vocablo
castellano que se refiere a aquellos campos cuyo aprovechamiento se
realiza de forma comunal–, que ha existido siempre en forma de
expresiones de cultura popular y que hoy alcanza todo su apogeo con la
cultura digital. Deseamos poner en el centro del debate público el
hecho de que estamos cada vez mas inmersos en una economía global cuya
base material son bienes que no asumen ninguna forma material. Con esto
se están modificando las reglas del juego que han caracterizado a la
distribución de los bienes culturales y artísticos en los dos últimos
siglos, basada en las leyes de copyright y de patentes. Pensar que el
mismo sistema legal ideado para el mundo físico puede imponerse para un
entorno fundamentalmente distinto como el ciberespacio es una torpeza
de proporciones epocales que ya estamos pagando todos, en forma de
leyes injustas, de prácticas empresariales abusivas y de la
criminalización de la inmensa mayoría de la población, a la que se
considera "pirata" en potencia. Con políticas restrictivas y de
beneficio de los poseedores de patentes de corso, no se fomenta la
creación, sino que se envenena la convivencia, se secan las fuentes de
la innovación y se dificulta la innovación. Eso sí: se engordan las
cuentas corrientes de los abogados y de las corporations.
La
"propiedad intelectual" no es una mercancía como cualquier otra, porque
implica siempre una comunidad de continuidad histórica, que da sentido
y valor a la obra en cuestión, y porque las ideas no están sujetas al
principio de escasez que convierte a las cosas en mercancías. ¿En
nombre de qué se puede limitar el acceso a "bienes infinitos", como
melodías, algoritmos, textos, programas de software, etc., cuando nada
de ello se "gasta"? Roto el contrato social que justificaba la
protección del copyright y las patentes, en el contexto de la imprenta,
la restricción de la propiedad vuelve a ser cosa de fuerza bruta, de
litigios, de amenazas, de penas. Los abogados de las multinacionales
discográficas o editoras y, en general, los defensores de restringir
los derechos del público –el mismo publico al que amenazan, roban y
extorsionan, el mismo público a partir del cual han amasado fortunas
inmensas– actúan como si el tiempo pudiera detenerse, como si hubiese
que perpetuar la era de la escasez solo para conservar un modelo
industrial y cultural ineficiente, desigual y explotador, como si se
pudiesen obviar las posibilidades que actualmente tenemos y que nos
permiten vivir en una era de la abundancia y de la libertad al menos en
el ámbito de lo inmaterial. El modelo del software libre es
especialmente revelador: piezas de altísima calidad elaboradas por
cerebros conectados por red de los cinco continentes, composición y
colaboración en una obra conjunta gracias a un formato infinitamente
flexible, etc. El software libre, y todos los ejemplos de cooperación
sin mando que podamos imaginar, serían imposibles de hecho y de derecho
si triunfasen los modelos propietarios en todos los territorios
creativos y existenciales.
Nuestro propósito en la Jornada
Copyleft del día 7 de octubre es fundamentalmente analítico, pues
creemos que el conocimiento debe preceder a la acción y que la acción
debe ir siempre ligada a un contexto y un propósito concretos. Pero
también queremos que los encuentros sirvan para elaborar colectivamente
dispositivos prácticos que permitan la libre circulación de las ideas y
defiendan la creación colectiva, demostrando en la práctica que hay
posibilidades mucho más eficientes que la restricción de los derechos
de copia y que la defensa de la creación colectiva no debe pasar por
criminalizar a la ciudadanía entera como potencialmente sospechosa de
realizar copias no autorizadas.
El programa de la jornada será el siguiente:
* 19:00 Fundación traficantes de sueños (conferencia: copyleft y licencias libres).
* 21:00 The Amazing Skullmonkey (concierto: funk, rock, hip-hop, drum'n'bass...).
* 22:30 Doctor Virus (concierto: funk, rock).
Los esperamos a todos allí. Recuerden, viernes 7 a las 19.00 horas en la Casa de la Juventud de San Fernando (en Cádiz)
Para
elaborar este artículo, El Curioso ha utilizado parte del texto
"¿Proteger o expoliar? Procomún frente a propiedad intelectual", de
www.procomun.netMás info en
www.nodo50.org/urislaCopyleft: Jornada Crítica Sobre Propiedad Intelectual, en San Fernando