Este fin de semana pasado, llegaron a
mi perfil en Facebook las primeras imágenes de
Boves, el último filme de de
Luis Alberto Lamata
que, al momento de escribir estas líneas, entra en su segunda semana de
rodaje. Se trata de la adaptación cinematográfica de la novela de
Francisco Herrera Luque, Boves, El Urogallo.
Pocos personajes condensan mejor las contradicciones y la tragedia de nuestras guerras de independencia como
José Tomás Boves.
Asturiano, antiguo corsario, después de pelear un tiempo en el bando
republicano, se pasa al bando realista. A pesar de sus orígenes,
prefiere la compañía de esclavos, zambos y pardos y pronto, en el
llano, logra reunir un magnífico ejército de lanceros que sería
conocido como La Legión Infernal.
Arrasando todo a su paso, cometiendo toda clase de atrocidades,
según los historiadores, movidos por el odio hacia el blanco –realista
o patriota, criollo o mantuano, no importa–, Boves y sus lanceros,
llevan adelante una cruenta guerra de razas (“de colores”, según
Bolívar) que precipita la caída de la
Segunda República y obliga a los republicanos, con El Libertador a la cabeza, a evacuar la capital en el trágico episodio de la
Emigración a Oriente.
De Boves, Simón Bolívar escribiría lo siguiente:
La pluma se resiste a describir las execrables
atrocidades del archimonstruo Boves, el devastador de Venezuela; más de
ochenta mil almas han bajado a la silenciosa tumba por su orden o por
los medios y aun por las manos de este caníbal, y el bello sexo ha sido
deshonrado y destruido por los medios más abominables y de la manera
más innatural y horrenda. Los ancianos y los niños han perecido al par
de los combatientes. Nada se ha escapado a la furia despiadada de este
tigre… Los llanos de Calabozo, los valles de Aragua, la ciudad de
Valencia donde violó Boves una capitulación que había ofrecido cumplir
bajo el más solemne y sagrado juramento, por los santos evangelios y en
presencia de la Majestad Divina, la capital de Caracas, las provincias
de Barcelona y Cumaná son monumentos eternos de la más espantosa
carnicería. ¡De todas esas bellas ciudades, de todos esos campos
risueños, apenas quedan vestigios, excepto escombros, esqueletos y
ceniza! La memorable y desgraciada ciudad de Maturín, combatiendo
valerosamente contra las armas españolas, tuvo al fin que rendirse
rodeada por las llamas y la espada, y pronto quedó convertida en
inmenso cementerio: ¡allí yacen los infortunados restos de Venezuela!
No hay acaso mejor manera de entender nuestra independencia que
examinarla desde el punto de vista del antihéroe, del antagonista
paradigmático que encarna la figura de Boves. Puede que sólo a través
de su mirada, Bolívar adquiera una verdadera dimensión humana, alejado
del acartonamiento dramático y narrativo al que su figura histórica
parece condenada irremediablemente –¿se acuerdan de aquel
Bolívar interpretado por
Maximilian Schell?
Boves es escrita y dirigida por Luis Alberto Lamata.
Alejandro Wiedemann se encarga de la fotografía –en video digital de alta definición, con las nuevas cámaras
Sony F23. Luisa de la Ville, produce y el elenco está encabezado por Juvel Vielma en el papel del Urogallo. Daniela Alvarado, viva estampa de una mantuana en la foto, le acompaña, entre otros.