Los
biocombustibles derivados de cosechas han sido criticados en las
últimas semanas por temores a que estén compitiendo con los alimentos
por la tierra de cultivo y ayudando a impulsar al alza a los precios de
los alimentos, empeorando una crisis global que afecta a millones de
pobres.
"Necesitamos
reducir significativamente nuestros programas de biocombustibles",
sostuvo Jeffrey Sachs, un destacado académico estadounidense que es
asesor especial de Ban sobre los objetivos contra la pobreza.
"Eran
comprensibles en momentos de precios muchos más bajos de los alimentos
y de existencias de alimentos más grandes pero no tienen sentido ahora
en esta condición de escasez global de alimentos", afirmó en una
conferencia de prensa.
Los
altos precios de los alimentos y los combustibles han provocado
protestas y disturbios en varios países pobres en los últimos meses.
Muchos gobiernos han aplicado subsidios a los alimentos o restricciones
a la exportación para contrarrestar los costes crecientes.
"En
Estados Unidos, hasta un tercio de la cosecha de maíz se destinará este
año a los tanques de gasolina. Este es un enorme golpe al suministro
mundial de alimentos", explicó Sachs antes de las conversaciones en
Bruselas con diputados de la UE.
Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE
prometieron el año pasado incrementar la proporción de biocombustibles
utilizados en el transporte terrestre al 10 por ciento para 2020 como
parte de las medidas para frenar el cambio climático. Los gobiernos
están trabajando ahora en proyectos de ley.
Enfrentada a la incomodidad creciente entre los estados de la UE por los precios de los alimentos y las credenciales ecologistas de los biocombustibles, la Comisión Europea
ha mantenido la meta, pero el comisario de Medio Ambiente, Stavros
Dimas, dijo el mes pasado que estaría sujeta a condiciones estrictas
para evitar daños sociales.
Estados
Unidos es el mayor productor mundial de biocombustibles. Los
combustibles están elaborados con cultivos como maíz, trigo, azúcar y
aceite de palma, que las refinadoras convierten en etanol o aceite para
reemplazar a la gasolina o el diésel.
Sus
partidarios dicen que son las únicas alternativas renovables a los
combustibles fósiles y que en general resultan en menores emisiones de
gases con efecto invernadero.