Nueva York – Pareciera que este último tiempo la Organización Mundial
de la Propiedad Intelectual (OMPI) vive momentos de incertidumbre. Por
un lado, la OMPI busca su nuevo director general y, por el otro, trata
de resolver, entre otras cuestiones, la aplicación de un Programa para
el Desarrollo y una mayor armonización de los regímenes de patentes.
Algunos observadores del sector industrial creen que esta situación
provoca una pérdida de confianza en la organización.
El
lunes 31 de marzo, la OMPI aprobó su presupuesto 2008-2009, seis meses
más tarde de lo previsto. También cuenta con una lista de 15 candidatos
al puesto de director general que proceden de diversos países, tales
como Australia, Brasil, Honduras, Italia y Pakistán. El Comité de
Coordinación de la OMPI se reunirá el 13 y 14 de mayo para nominar un
candidato que será designado director general en la próxima Asamblea
General anual de la organización, que se celebrará del 22 al 30 de
septiembre del corriente año. Se espera que el nuevo director general
entre en funciones el 1º de octubre.
Richard Wilder, Asesor
Jurídico Asociado en materia de políticas de propiedad intelectual de
Microsoft, comentó el jueves pasado en una conferencia sobre normas de
propiedad intelectual celebrada en la Fordham University (Nueva York)
que el próximo dirigente de esa organización debe ser una persona
íntegra, capaz de realizar una gestión transparente, con experiencia en
la dirección de una organización vasta, compleja y técnica, que pueda
trabajar de forma efectiva con los Estados miembros y que comprenda la
función de la propiedad intelectual en términos más amplios que lo
estrictamente técnico. Wilder sostuvo que existen, en la lista, algunos
candidatos con esas cualidades.
No obstante, además de elegir
un director general, la OMPI debe realizar más esfuerzos en relación
con la organización en su conjunto, en las relaciones con sus Estados
miembros y con el personal, además de abordar cuestiones de
distribución del trabajo.
“Creo hay aún una cuota de buena
voluntad” de la que la OMPI puede beneficiarse para mejorar, comentó
Wilder. Y añadió que “el próximo director general tendrá que sanear
ciertos asuntos relacionados con el personal”.
Son muchos los
que desean un cambio en la cultura de la organización. Los oradores
invitados a la conferencia de la Fordham University sostuvieron que
resulta vital que este organismo técnico adquiera eficiencia en la
aprobación de directrices normativas a fin de evitar que otras
organizaciones o gobiernos, por cuenta propia, firmen tratados o
aprueben iniciativas para combatir plagas relacionadas con la propiedad
intelectual tales como la piratería o la falsificación. Por ejemplo, a
finales de 2007, el Gobierno de Estados Unidos, al que se unieron otros
gobiernos, anunció la negociación de un acuerdo comercial contra la
falsificación como forma de combatir la piratería.
“Creo que
tenemos que aceptar que el establecimiento de normas en la OMPI
atraviesa un período algo inactivo” y ello no es necesariamente
negativo, dijo Shira Perlmutter, Vicepresidenta Ejecutiva encargada del
área de políticas jurídicas internacionales en la International
Federation of the Phonographic Industry (IFPI), Londres. Sin embargo,
también es cierto que “la gente se dirige a otras fuentes” para
concretar ciertas actividades.
Jamie Love, Director de
Knowledge Ecology International (Washington), predijo que la OMPI
mejoraría en los próximos años y que, finalmente, “se abocaría a la
propiedad intelectual e intentaría resolver problemas”. Según Love, la
OMPI dejaría de ser “un organismo propagandístico… y se le exigirá
mayor eficacia".
Debate sobre infracciones de derechos de propiedad intelectual en China
Los
oradores de la conferencia celebrada en la Fordham University
discutieron también sobre si las reclamaciones por piratería entabladas
contra China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) serían un
medio efectivo para obligar a ese país a que exija la observancia de
medidas contra la piratería y falsificación. La OMC ha establecido grupos especiales para
tratar dos reclamaciones presentadas en relación con la propiedad
intelectual. Doce miembros, con inclusión de Argentina, Brasil,
Tailandia, Turquía y la Unión Europea, han respaldado el argumento de
Estados Unidos.
Estados Unidos sometió un caso contra China
(documento de la OMC WT/DS362/7) y, a los fines de abordar el caso, el
25 de septiembre se estableció un grupo especial. En dicho caso,
Estados Unidos alega que China “no ha establecido procedimientos y
sanciones penales aplicables a casos de falsificación dolosa de marcas
de fábrica o de comercio y de piratería lesiva del derecho de autor
que…satisfa[gan] determinados umbrales” (IPW, WTO/TRIPS, 27 de
septiembre de 2007).
En relación con un segundo caso
presentado por Estados Unidos (WT/DS363/5), la OMC dio inicio, en
noviembre pasado, a una investigación en torno de alegaciones de que
China estaba limitando indebidamente el flujo de material protegido por
derecho de autor desde Estados Unidos hacia China (IPW, WTO/TRIPS, 28
de noviembre 2007).
Victoria Espinel, quien se desempeñó como
Representante Adjunta de Estados Unidos para las Cuestiones Comerciales
Internacionales (USTR) en materia de propiedad intelectual e
innovación, sostuvo que recurrir al litigio en el caso de China no era
una opción óptima pero “el Gobierno de Estados Unidos la estimó
necesaria”. Las supuestas violaciones de las disposiciones sobre
observancia de los derechos de propiedad intelectual y sobre acceso a
los mercados del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de la
Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) tienen un
“impacto significativo” en la industria, añadió.
Se ha debatido
extensamente sobre si Estados Unidos debería haber presentado una
reclamación. Espinel resumió algunas de las críticas: Estados Unidos
podría perder el caso (lo que podría dar lugar a la interpretación de
que el Acuerdo sobre los ADPIC no comporta mecanismos de observancia
efectivos); el caso carece de importancia suficiente; China podría
tomar represalias contra las empresas estadounidenses y dejar de
cooperar con Estados Unidos en la esfera de la propiedad intelectual;
esto es injusto con China ya que este país ha realizado importantes
progresos en esta área.
Espinel sostuvo, sin embargo, que
“ninguno de estos argumentos son, para mí, razones de peso para que
Estados Unidos no ejercite su derecho ante la OMC”. Según Espinel, la
inacción “pondría a Estados Unidos al servicio de los deseos de China".
China
ha solicitado repetidas veces a Estados Unidos que retire su
reclamación sirviéndose del argumento de que ha progresado. Sin
embargo, el jueves pasado los expertos dijeron que el progreso
alcanzado era insuficiente y que si Estados Unidos ganaba el caso
podrían producirse repercusiones de amplio impacto. Incluso si ello no
modifica sustantivamente la forma en que China funciona en este ámbito,
“el impacto político de Estados Unidos será muy significativo” en
términos de nuevas medidas que puedan adoptarse, comentó Daniel
Gervais, un experto en materia jurídica y de propiedad intelectual de
la Universidad de Ottawa, quien participó activamente en las
negociaciones relativas al Acuerdo sobre los ADPIC. Gervais añadió que
“estas son armas de fuego pequeñas, la artillería pesada está aún
escondida en algún arsenal”.
Críticas de la extensión de la protección por derecho de autor propuesta por la Comisión Europea
Respecto
de otros asuntos, Tilman Lueder, Jefe de la Unidad sobre derecho de
autor de la Dirección General de Mercado Interior y Servicios de la
Comisión Europea, fue el blanco de varios activistas, quienes, entre
otras partes, también acusaron a la Comisión y a su miembro Charles
McCreevy de ser deshonestos al explicar quiénes se beneficiarían, y de
qué manera, de una propuesta de extensión de la protección del derecho
de autor a los artistas intérpretes o ejecutantes de fonogramas.
La
Comisión procura extender la protección para algunos artistas
intérpretes o ejecutantes de 50 a 95 años. Otras propuestas incluyen la
creación de un fondo para los músicos de sesión que consiste en el 20
por ciento de los ingresos que se produzcan como consecuencia de la
extensión del período de protección y la posibilidad de que los
artistas de renombre retengan todas las regalías que se acumulen en ese
período. McCreevy también defiende el concepto de “se usa o se pierde”,
que permitiría a los artistas intérpretes o ejecutantes pasar de una
compañía discográfica a otra si su propia compañía se negara a poner en
venta discos durante el período extendido.
“Todavía tengo la
impresión de que conocemos sólo parte de la historia”, observó Bernt
Hugenholtz, Director del Institute for Information Law de la
Universidad de Amsterdam, quien se desempeñó como asesor de la OMPI y
de la Comisión y quien recientemente escribió un documento sobre el
asunto. Y añadió: “Aquí hay gato encerrado”.
Silke von
Lewinski, del Max Planck Institute for Intellectual Property de Munich,
acusó a la Comisión de seguir ciegamente la posición de Estados Unidos
―la modificación propuesta por Europa alinearía sus normas con las de
Estados Unidos― e incluso planteó lo siguiente: “Quiere la Comisión ser
un satélite de Estados Unidos” así como los Estados de Europa oriental
fueron un satélite de la Unión Soviética?
Lueder rebatió la
idea diciendo que no debería percibirse a la Unión Europea como el
organismo menos interesado en la industria discográfica. Un funcionario
de la IFPI opinó que la extensión debería aplicarse también a las
productoras discográficas.
Mientras tanto, se espera que la
Oficina de derecho de autor de Estados Unidos comunique una propuesta
normativa respecto de las grabaciones digitales que se transmiten por
Internet.
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