El gobierno británico va a presentar un proyecto de ley para proteger
la creatividad frente a la piratería. Legalmente, tiene dos novedades
básicas. Por un lado, obligará a las compañías a cortar la conexión a
internet a quienes descarguen películas o música. Por otro, permitirá
acceder a los datos de los usuarios que infrinjan la ley. ¿Podríamos
ver algo semejante en España?
Carlos Sánchez Almeida, abogado
especialista en internet y propiedad intelectual, tiene la impresión de
que, gane quien gane en las próximas elecciones, el gobierno español
resultante tomará la línea marcada por Francia y Reino Unido. Sin
embargo, cuestiona la verdadera profundidad de estas reformas legales.
"Cuando se ha acostumbrado al pueblo a pan y circo, no se le puede quitar el circo".
Según él, es demasiado tarde. Ningún partido político asumirá el riesgo
de echarse encima a millones de ciudadanos que se quedan sin internet o
sin películas. Al mismo tiempo, ninguno querrá enfrentarse a las
grandes compañías proveedoras de internet, que se verían obligadas a
perder clientes.
A la espera de que en Francia aprueben el proyecto definitivo -la
votación está prevista para este verano- y en Reino Unido presenten
oficialmente el proyecto de ley (lo que se sabe hasta ahora ha sido a
través de una filtración publicada por el diario Times), Sánchez
Almeida está convencido de que las leyes que aprueben en estos dos
países serán para "quitarse el muerto de encima". Opina que se las
apañarán para que la decisión de obligar o no a las compañías a cortar
la conexión recaiga en los jueces para cada caso.
Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, representante de las
discográficas en España, también cree que propuestas como la británica
llegarán a España tarde o temprano. "Es inevitable si se quiere
proteger el sector de la creación intelectual". Aún así, al no conocer
las medidas concretas que se adoptarán finalmente, Guisasola indica
que, por el momento, lo más importante de estas propuestas son su
simbolismo. El hecho de que los gobiernos adopten un papel activo
-aunque sea aparente- en la defensa de los derechos de autor implica
que no es un capricho mercantil de los creadores, sino que realmente
hay un problema con internet y la piratería.
Guisasola, de hecho, también entrevé cierto simbolismo en la propuesta.
Está seguro de que en Francia no se va a aprobar la medida con toda su
dureza, y mucho menos en Reino Unido. Pero los gobiernos lo sueltan
para apoyar a los autores a la hora de presionar a las operadoras al
negociar. Los creadores, explica, aspiran a que las proveedoras de
internet accedan a un canon sobre la red para llevarse "parte del
pastel". "Es una guerra entre gigantes en la que los usuarios no tienen
nada que ver. Es una cuestión de dinero".
Spain is different
Lourdes Muñoz asegura rotundamente que el PSOE no apoyará nunca una
medida como la británica. Es la encargada de temas de sociedad de la
comunicación y telecomunicaciones del partido socialista. En primer
lugar, se apoya en que en Reino Unido no hay derecho a la copia
privada. En España sí. Por lo tanto, una propuesta de ese estilo
implicaría un cambio mucho más profundo de la legalidad española.
Además, Muñoz defiende que desconectar a los usuarios de internet va en
contra del derecho a la comunicación. Lo compara con cortar la línea
telefónica a una persona que alguna vez haya utilizado el teléfono para
cometer un delito.
Sánchez Almeida ahonda más en las diferencias jurídicas de la
Península. Si no hay ánimo de lucro en el intercambio de películas o
música, no hay delito y, por tanto, no se puede perseguir por la vía
penal (por lo cual cualquier sanción de cárcel queda descartada). Sólo
queda el juicio civil, en el que el denunciante tendría que demostrar
que se ha vulnerado la ley de propiedad intelectual. Dicha vulneración
sólo se daría si se demuestra que con el intercambio se perjudica la
finalidad de la obra. Es decir, los autores tendrían que certificar que
las copias de una determinada película distribuidas por internet han
disminuido la recaudación de dicha película.
Además, en España la ley de propiedad intelectual no menciona nada
sobre las descargas. Sólo plantearía problemas a quien sube el archivo
a internet, porque sobrepasaría el derecho a copia privada, incurriendo
en una falta de comunicación pública de una obra. Bien es cierto, tal y
como matiza Sánchez Almeida, que casi todos los programas P2P (software
para compartir archivos) hacen que al tiempo que te descargas algo lo
pongas automáticamente a disposición de quien, a su vez, se lo quiera
bajar de tu ordenador.
Algunas cifras
En Reino Unido, esta propuesta ha llegado cuando hay unos seis millones
de usuarios descargando archivos ilegalmente de internet. En España,
según la Asociación Europea de Publicidad Interactiva (EIAA), hay 17,6
millones de usuarios. El 58% descargan discos y el 52% películas.
Estaríamos hablando de más de 10 millones de personas bajándose música
y unos 9 millones, películas.
Las cifras que maneja Promusicae hablan de 1.000 millones de archivos
de música descargados y 200 millones de películas. Sólo en 2007 y en
España. Además, desde la patronal de las discográficas han percibido
que las descargas en España se duplican cada año. Según Guisasola,
estos números han hecho que el mercado musical en España haya caído un
25% en 2007, y un 50% en los últimos cinco años, "mientras que la
demanda y consumo de música ha crecido".
VALORACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE INTERNAUTAS - CASO PROMUSICAE
Las libertades civiles se imponen a los intermediarios de la cultura