Un
informe de Oxfam Internacional pide a la industria farmacéutica que
ponga el acceso a los medicamentos en el centro de sus prácticas y
decisiones
La industria farmacéutica niega el acceso a medicamentos básicos a
millones de personas y socava su propio futuro, debido a la negativa de
las compañías a cambiar sus estrategias de negocio en los mercados de
los países en vías de desarrollo, según alerta Oxfam Internacional
(Intermón Oxfam en España) en un informe publicado hoy.
El
informe Invertir en la vida. Cómo lograr el acceso a medicamentos
esenciales a través de prácticas empresariales responsables pone la
lupa en las 12 principales compañías farmacéuticas mundiales,
examinando sus políticas de precios, su historial en el desarrollo de
medicamentos relevantes para los países más pobres y su postura en
relación a las reglas de propiedad intelectual.
Oxfam
Internacional (OI) alerta de que la industria farmacéutica no garantiza
el acceso universal a medicamentos porque se niega aún a poner este
tema en el núcleo de su modelo de negocio. Como resultado, está
desestimando el enorme potencial que presentan los mercados emergentes,
bautizados como “nueva frontera” para el éxito de su negocio.
Según
una de las mayores consultaras internacionales, la desconfianza por
parte de los inversores ha supuesto hasta la fecha una pérdida cercana
al 1 billón de dólares a sus accionistas.
“La industria está
enterrando la cabeza en la arena, como haría un avestruz. Más del 85%
de los pacientes en todo el mundo están privados de acceso a los
medicamentos que necesitan o están atendidos por debajo de sus
necesidades. Los laboratorios deben reconocer que cobrar precios
altos, aplastar la competencia de los genéricos, desarrollar medicinas
sólo para aquellos lo suficientemente ricos para poder comprarlas y
luchar por endurecer las leyes de patentes, es una estrategia de
negocio ineficaz para los nuevos mercados además de una atrocidad
moral”, afirma Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam.
“Los
inversores están preocupados con el rendimiento de la industria
farmacéutica. Saben que los mercados emergentes son clave para el
crecimiento futuro de esta industria, pero las compañías están
asumiendo el reto de entrar en los mercados emergentes de una manera
puntual e incoherente. Esto es malo para la industria y para las
personas de los países pobres que todavía se enfrentan a enfermedades
devastadoras como la malaria, la tuberculosis, la asma, el cáncer o el
Sida, sin acceso a medicamentos asequibles”, añade Arpa.
Oxfam
Internacional reconoce que algunas compañías ofrecen precios
diferenciados, pero afirma que ésta es una actuación muy limitada a
enfermedades como el Sida.
Sin embargo, estas ofertas no se
aplican de forma sistemática en todo el mundo y en general esos
medicamentos tienen precios aún muy por encima de las posibilidades de
las personas en los países en desarrollo. Oxfam Internacional denuncia
que es práctica habitual de los laboratorios adaptar los precios de los
medicamentos en los países pobres solo cuando existe publicidad sobre
una enfermedad o un país.
Por ejemplo, los Laboratorios Abbot
vendía el medicamento Kaletra (un anti-retroviral de segunda línea) a
2.200 dólares por paciente y año en países de renta media-baja como
Guatemala, dónde el salario promedio anual es de 2.400 dólares. El
laboratorio sólo redujo el precio del medicamento después de que
Tailandia decidiera bajar su coste a 1.000 dólares por paciente y año
para salvaguardar la salud de su población más pobre mediante la
emisión de una licencia obligatoria. También en Tailandia, el gigante
francés Sanofi-Aventis comercializaba Palvix, un medicamento para
problemas cardiovasculares, a un precio 60 veces superior al de Emcure,
la versión genérica producida en India. En marzo de 2007, el
laboratorio bajó el precio del Palvix en un 70%, en respuesta a las
licencias obligatorias adoptadas por el gobierno tailandés.
El
informe advierte también que las farmacéuticas no invierten lo
suficiente en investigación y desarrollo de medicamentos para las
enfermedades que afectan principalmente los pobres en los países del
Sur. Entre el 1999 y el 2004, de los 163 medicamentos lanzados al el
mercado, tan solo tres fueron innovaciones dirigidas a enfermedades que
afectan los países pobres.
“Incluso los pacientes que sufren
de tuberculosis – que mata a dos millones de personas cada año –
necesitan seis meses de tratamiento y el medicamento más reciente tiene
ya 30 años”, ha explicado Helena Viñes, autora del informe.
Sobre
la posición de la industria farmacéutica en relación a la legislación
sobre propiedad intelectual, Viñes añade que “el establecimiento de
reglas rígidas de protección de la propiedad intelectual no ha
producido nuevas curas para enfermedades que afectan las personas más
pobres”.
A pesas de esto, la industria continúa insistiendo en
que el régimen global de protección de la propiedad intelectual no
impide el acceso de los pobres a medicamentos asequibles. Oxfam
Internacional afirma que la visión de las empresas no sólo es
equivocada y muestra estrechez de miras, sino que las evidencias
demuestran abrumadoramente que la competencia de los medicamentos
genéricos es el método más eficaz para bajar los precios de los
medicamentos.
En los últimos años, las empresas han aumentado
el número de demandas legales o la presión directa para proteger sus
patentes contra el uso legítimo de las salvaguardas en Tailandia,
Brasil e India. “Son los más pobres los que sufren el desafío de la
industria farmacéutica”, afirma Oxfam Internacional.
Pfizer
llegó a desafiar al gobierno filipino debido al uso que éste hizo de
las cláusulas de salvaguarda de salud pública en relación al
medicamento llamado Norvasc.
“La industria farmacéutica no
está abordando los cambios necesarios para atender a los mercados de
los países en desarrollo y cumplir con su responsabilidad de garantizar
el acceso universal a los medicamentos. La presión de la opinión
publica se intensificará si las compañías mantienen su política de
concesiones parciales y desiguales, por ejemplo en enfermedades
destacadas como el VIH/SIDA y la malaria”, advierte Viñes.
El
informe concluye que las empresas tienen que renovar sus políticas de
precios, de inversión en investigación y desarrollo y de patentes, para
atender los mercados emergentes y hacer sus medicamentos más asequibles
para las personas pobres. El 80% de la población de estos países es
vulnerable a caer o mantenerse por debajo del umbral de la pobreza si
tienen que hacer frente al coste de medicamentos caros, sobre todo en
tratamientos prolongados.
“Hoy en día, el 15% más rico de la
población del planeta consume por encima del 90% de los medicamentos. A
este ritmo, tanto la industria como los millones de pacientes enfermos
están perdiendo”, concluye Viñes.