NAIROBI- Uno de los centros de investigación más prestigiosos del país,
el Instituto de Investigación Médica de Kenya (KEMRI, por sus siglas en
inglés Kenya Medical Research Institute), ha iniciado una amplia
auditoría de propiedad intelectual para tratar de identificar qué
descubrimientos deberían ser protegidos. La auditoría llega en un
momento en que el gobierno está terminando de elaborar un nuevo marco
sobre conocimientos tradicionales y propiedad intelectual.
La
auditoría del KEMRI es un intento por asegurar que los beneficios
comerciales derivados de cualquier medicamento o ingrediente activo que
llegue a fabricarse a partir de la investigación realizada en el centro
sean repartidos adecuadamente entre todos los que hayan participado en
el proceso.
“Hay una gran cantidad de propiedad intelectual
rondando en los laboratorios”, afirmó la Dra. Jennifer Akinyi Orwa,
investigadora principal en el KEMRI, quien ha participado en la
auditoría desde su inicio hace unos meses.
Un elemento clave de
la auditoría que se realiza en todo el centro será la elaboración de
acuerdos con los curanderos tradicionales. Ellos son fundamentales para
el centro porque proporcionan la materia prima y los conocimientos
acerca de plantas tradicionales que son objeto de investigación en sus
laboratorios. Los científicos esperan poder elaborar medicamentos a
partir de estos productos naturales. Medicamentos como aquellos
destinados a la quimioterapia y los antibióticos han sido elaborados de
esta manera por décadas.
Los acuerdos servirán para garantizar
una mayor participación de los curanderos en el proceso de desarrollo
de medicamentos. “Muchos curanderos tradicionales sienten que los
científicos roban sus conocimientos, y no los integran en el proceso de
investigación, ni les informan sobre los resultados obtenidos”, afirmó
Akinyi Orwa.
Como resultado de ello, el KEMRI está elaborando
acuerdos a través de los cuales se compromete a mantener informados a
los curanderos tradicionales sobre cualquier progreso logrado en cada
etapa del proceso de investigación, especialmente si el material es
prometedor, lo envían a otros centros para someterlo a nuevas pruebas
de ensayos y lo identifican como un candidato a medicamento.
El
centro ya organiza reuniones abiertas una mañana por semana en una de
sus sedes en Nairobi, donde los curanderos tradicionales pueden traer
sus materias primas y examinar los resultados de las investigaciones.
Con
el tiempo, se prevé elaborar un acuerdo apropiado de tipo cuantitativo
sobre distribución de beneficios que establezca exactamente qué
proporción han de recibir los curanderos y sus comunidades respecto a
los medicamentos vendidos comercialmente. La Dra. Orwa dijo que aún no
se han propuesto cifras concretas, porque todavía no se ha presentado
la situación, pero la idea es sustraer los costos de investigación y
desarrollo y decidir cómo dividir lo demás.
Nuevo marco sobre medicina tradicional y propiedad intelectual
El KEMRI es uno de varios centros en Kenya que están examinando su política respecto a la propiedad intelectual.
Al
mismo tiempo, varios ministerios del gobierno están dando los últimos
toques al proyecto de un nuevo marco nacional sobre medicina
tradicional y su enfoque frente a la propiedad intelectual.
La
política propuesta, que se encuentra actualmente en la oficina del
Procurador General de Kenya, ya ha sido ampliamente consultada en el
país, con asesoramiento que incluye desde curanderos tradicionales y
científicos hasta ambientalistas.
El instrumento propuesto,
que finalmente se convertirá en ley, plantea en términos generales una
estrategia para la conservación de plantas tradicionales, que a menudo
se cosechan excesivamente en su hábitat natural; el establecimiento de
la seguridad y la eficacia de los medicamentos tradicionales y la
comercialización de los medicamentos en el mercado mundial. Sin
embargo, también aborda la propiedad intelectual, ante todo para
asegurar que a los curanderos tradicionales se les garantice la
repartición de cualquier beneficio comercial derivado de los
medicamentos que lleguen a ser vendidos según lo estipule la ley.
De
manera específica, la política establece que, antes de que los
científicos empiecen a trabajar, los acuerdos deben firmarse para
establecer la repartición de beneficios en caso de que se desarrollen
los medicamentos. Aún quedan muchos detalles por determinar, como por
ejemplo si los beneficios deberían repartirse a un solo curandero que
tiene conocimientos acerca de cómo recoger plantas y crear un
determinado medicamento, o si deberían distribuirse a toda la comunidad
que utiliza aquella planta, y cuánto deberían recibir.
“El
actual mecanismo de derechos de PI no contiene suficientes
disposiciones para proteger la medicina tradicional”, comentó el Dr.
Jack Githae, un curandero tradicional de la región central de Kenya que
participó en la consulta. “Debemos encontrar una solución africana. La
repartición de beneficios es muy importante. Es un recurso comunal y
creo que debería analizarse así”.
Aunque está elaborando sus
propios acuerdos, el KEMRI dice que cuando se apruebe la ley,
garantizará la conformidad de su política interna con las nuevas
normas.
Sin embargo, la cuestión de la distribución de
beneficios no se trata simplemente de garantizar que los curanderos
tradicionales y las comunidades obtengan beneficios, dijo el Dr. Hashim
Warsama Ghalib del grupo de Investigación sobre las Enfermedades
Tropicales de la ONU en la Organización Mundial de la Salud, que
financia la investigación de nuevos medicamentos a partir de productos
naturales en África, incluido en el KEMRI.
Muchas personas
participan en el descubrimiento de un medicamento, particularmente en
África, desde los curanderos, hasta diferentes tipos de científicos
como los especialistas en fitoquímicos y los médicos clínicos. Como
resultado de ello, el proceso de decidir cómo distribuir la propiedad
intelectual en la cadena se vuelve extremadamente complejo.
“La cadena de desarrollo de productos naturales es larga e incluye muchas etapas”, añadió.
La
cadena es particularmente larga en África debido a la escasez crónica
de financiación para la investigación. Muchos científicos suelen no
tener acceso al equipo adecuado o los conocimientos especializados
necesarios para desarrollar diferentes elementos de la investigación y
a menudo se ven obligados a entregar sus descubrimientos a otros
centros que cuentan con las herramientas necesarias.
Los
compuestos más prometedores suelen entregarse a las compañías
farmacéuticas occidentales que los utilizan para desarrollar
medicamentos que pueden fabricar a gran escala, por ejemplo.
La
incertidumbre respecto a la propiedad intelectual significa que muchos
medicamentos potenciales suelen no llegar más allá de las etapas
iniciales del proceso, comentó Ghalib. Los científicos a menudo
protegen los resultados de sus esfuerzos y no quieren compartirlos sin
estar seguros de que obtendrán una adecuada recompensa.
En
consecuencia, con la auditoría del KEMRI se intentará garantizar que
los resultados de las investigaciones reciban la adecuada protección
incluso si se envía a otra institución. Para ello, el KEMRI tiene
previsto examinar todos los acuerdos en materia de intercambio de
investigación realizados con otros centros y compañías farmacéuticas,
tanto en Kenya como en el exterior.
“Los examinaremos puesto
que probablemente tendrán lagunas”, dijo Orwa. “Hemos estado utilizando
acuerdos que vienen del exterior, pero ahora estamos en proceso de
elaborar nuestros propios contratos y acuerdos”.
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