La Directora General de política de copyright del gobierno canadiense ha sido destituida
al saberse que estaba involucrada sentimentalmente con el director del
lobby de las grandes compañías cinematográficas. La cosa no sería tan
problemática (al fin y al cabo, cada uno puede tener la vida privada
que quiera) si no fuera porque todo el mundo sospechaba que la ley que
prohibía introducir cámaras de video en los cines, y que se aprobó en
tan solo dos semanas, estaba escrita al dictado del antedicho lobby. Un
caso parecido, pero no igual, sucedió en Europa, donde el conflicto de
interés de la europarlamentaria Fotour, quien
condujo la aprobación de la IPRED y está casada con un directivo de Vivendi-Universal,
no sirvió para lograr ni el bloqueo de la directiva ni la dimisión de
la parlamentaria. En España, por supuesto, esto no pasa. Aquí los
legisladores no se meten en la cama con las entidades de gestión, pese
a que las leyes aprobadas puedan hacer pensar lo contrario.