El viejo y pintoresco mercado de Bugis en la ciudad estado de Singapur, fue derrumbado. Allí, la variedad de ofertas culinarias permitía compartir con personas oriundas de China, Malasia, Indonesia, Filipinas e India entre tantas nacionalidades del Asia. Un día me senté a compartir mi cena con algunas personas que ocupaban la mesa, acá es costumbre compartir la mesa con otras personas ajenas a usted, solamente se pide permiso y usted puede estar compartiendo su cena en compañía de representantes de cinco nacionalidades diferentes. Uno de los comensales me pregunto ¿qué de donde venia?, le respondí que de Venezuela, de la América Latina.
La persona se quedo pensando y un anciano que compartía la mesa le respondió en Chino, supe que se trataba de Venezuela, porque pronuncio el nombre de nuestro país. Dirigiéndose a mi persona, el anciano me comentaba que a Venezuela se le conoce por la belleza de sus mujeres, pero que él conocía que Venezuela era un país muy rico, que tenía gas, petróleo, oro y muchos recursos, especialmente agua dulce y una gran extensión de mar. Interrumpí al anciano y le brinde un té, cuando fui a recoger las bebidas, el encargado del negocio me comento “le caíste bien al viejo monje”. Una vez en la mesa le pregunte su nombre y me dijo llamarse Francisco, para no interrumpir sus comentarios, no deje que la curiosidad me distrajera en relación a su nombre y su nacionalidad. Cuando fui a interrogarlo, después de todo soy periodista, Francisco reinicio la conversación y argumento lo siguiente “Es curioso que nuestro futro esta entrelazado, los pueblos de Asia y de la América Latina deberán marcharan juntos, somos como los búfalos de la sabana, gordos, grandes y carnosos.
Pero, codiciados, apetecidos por las fieras que conviven con ellos, los leones y los tigres vendrán a comernos a devorarnos y las hienas vendrán detrás de los tigres para arrebatarles la presa. La única ventaja que tienen los búfalos es, que por instinto cuando se agrupan y atacan a las fieras, muchas veces las vencen y pueden salvarse de sus garras”. Al terminar sus palabras le pregunte a Francisco: ¿Debo de interpretar que la carnosidad y lo apetitoso de los búfalos es nuestro petróleo, gas, agua y riquezas marinas? Si, fue la repuesta. Pero, mira con cuidado, me ripostó Francisco: “las fieras tienden a confundir a los búfalos, a sepáralos del rebaño para trabajarlos más fácilmente.” Por un momento guarde silencio y le repregunte a Francisco “En otras palabras estamos hablando de los separatistas, del cuidado que hay que tener contra aquellos que luchan por que no nos unamos, por los que están en contra de la integración de nuestros pueblos”.
En mi silencio pensaba en Colombia y Venezuela, definitivamente los enemigos de nuestros pueblos quieren ponernos a pelear. Finalmente, Francisco me pregunto si nosotros en la América Latina nos estábamos reagrupando como los búfalos contra las fieras y le respondí que trabajamos con el ALBA y MERCOSUR por la unidad de nuetros pueblos. El viejo monje chino se sonrió y levantando la taza de té, Francisco me dijo “brindemos por ello”.
*Periodista/UCV/Singapur/
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