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La Organización Mundial de Comercio (WTO) afirma que el crecimiento económico y la globalización defienden prioridades que afectan a todos los aspectos de la vida, desde los árboles hasta el saber indígena, al trabajo y a la venta de tradiciones y tierras.
La divulgación de información turística y sus imágenes es extremadamente abundante. Se muestran los pueblos y las culturas en tarjetas postales, en la literatura promocional, e incluso los turistas pueden alojarse en sus propios hogares. El concepto del "derecho a vacaciones" en los países industrializados (cualquier persona con dinero para viajar puede comprar una semana o dos de otra cultura o parte de la naturaleza) origina numerosas y serias consecuencias para los anfitriones de destino y su entorno. El turismo tiene una larga historia de colonización y relaciones desiguales entre pueblos y regiones. Por lo tanto, los efectos del turismo no pueden ser medidos solamente en términos de generación de empleo, nivel de contaminación, desarrollo de infraestructuras, o pérdida de la biodiversidad. Además, hay muchos efectos sociales y sicológicos, muchas veces incalculables, pero que tienen graves impactos y que deben formar parte de un análisis crítico del turismo y sus efectos en las comunidades indígenas.
El turismo incorpora una cultura de consumo en las comunidades, cuyas sociedades y valores no se basan en el poder económico del individuo. El hecho de que el turista busque algo "auténtico", muchas veces conduce a una prostitución de la cultura local, con tal de cumplir los deseos y disfrute del turista. La diseminación de los productos y estilo de vida occidentales ha sido consecuencia del turismo, y que es promocionado activamente por la WTO. De hecho, en el mundo comercial, se ha reducido a la cultura a un producto más, como Debi Barker y Jerry Mander dicen, "los productos fabricados en serie por la cultura popular norteamericana es una de las mayores exportaciones del país". Si la industria del entretenimiento y las comunicaciones continua como hasta ahora, se introducirá forzosamente más cultura fabricada, como Hollywood y Disneyland, en los países y culturas, mientras que sus derechos a proteger sus propias culturas se irán mermando.
La inclusión de productos culturales en la eliminación de barreras comerciales y el incremento del turismo facilitarán el crecimiento de una monocultura del turismo en el mundo. Países, regiones y pueblos deben tener el derecho de procurar que sus culturas prevalezcan ante la cultura de consumo dominante.
Otra amenaza de la expansión de la industria mundial del turismo para las comunidades indígenas es la bio-piratería, que con frecuencia se lleva a cabo bajo el disfraz del ecoturismo. Es preocupante el hecho de que en muchos viajes de "ecoturismo" realizados por científicos, turistas, estudiantes e investigadores, éstos se internan en los bosques para recolectar información sobre las plantas y los ecosistemas locales, usurpando la biodiversidad y, en ciertos casos, atentando con patentar la vida y robando los conocimientos adquiridos y desarrollados durante siglos. Aún así, la visión del mundo de los indígenas no se toma en cuenta, ni son consultados como "conocimiento científico" en la toma de decisiones y en la formulación de políticas sobre bio-exploración.
Algunos pueblos indígenas del mundo que están trabajando para guiar y desarrollar las políticas de Naciones Unidas sobre turismo, propusieron recientemente a la Comisión en Desarrollo Sostenible la siguiente declaración de principios éticos:
Con frecuencia el turismo ha tenido impactos negativos en los pueblos indígenas y en otras comunidades y ecosistemas locales de los que forman parte. Estas comunidades son una diversa mezcla de entornos, culturas, religiones, espiritualidades, género y etnias. El turismo insostenible perjudica el entorno y viola los derechos humanos de las comunidades locales y pueblos indígenas y sus derechos de acceso y propiedad de la tierra y los recursos indispensables para su seguridad alimentaria, autosuficiencia e identidad cultural. Además, comercializa con los pueblos y sus patrimonios culturales, y lugares sagrados, que forman parte de las culturas y conocimientos tradicionales. Por lo tanto, los pueblos indígenas y otras comunidades locales deben disfrutar completamente de sus derechos, tanto individuales como colectivos, y de su libertad sin perjuicios ni discriminación, incluyendo el derecho a rechazar o aceptar el turismo. Además, deberían ser los principales decisores sobre el turismo que tenga impactos en sus culturas y entornos.
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