¿"Quién es el dueño de una carta: el remitente o el destinatario?, o el correo, en su trayecto al menos" Así empieza la última novela de Antonio Gala[1]. De la misma manera podríamos preguntarnos quién es el dueño de un medicamento que puede salvar una vida, el que lo inventó?; el paciente que lo necesita o el intermediario que lo compra y lo vende?. En pleno siglo XXI un tercio de la población mundial no tiene acceso regular a medicamentos y el 75 % de la población mundial vive en países en desarrollo donde solo se consumen el 8 % de las ventas mundiales de productos farmacéuticos. La capacidad técnica y financiera para fabricar los medicamentos que el mundo actual necesita, existe sin lugar a dudas. Entonces ¿por qué solo 27.000 personas de los 30 millones viviendo con el VIH en Africa, reciben tratamiento, ¿por qué mueren en el mundo cada año 10 millones de niños menores de 5 años cuando se calcula que 8 millones de esos niños podrían salvarse si tuviesen acceso regular a algunos medicamentos esenciales?. La cuestión entonces, de quién es al final el "dueño" de esos medicamentos que pueden salvar vidas, es, cada vez más, de urgente actualidad.
¿De dónde viene el debate, en los últimos 3 o 4 años sobre la extensión e impacto de las regulaciones de propiedad intelectual y el derecho de acceso a los medicamentos de aquellas personas que los necesitan?. En 1994 el acuerdo de Marrakech crea la Organización Mundial del Comercio (OMC) con una serie de acuerdos obligatorios para todos los miembros, entre los cuales se encuentra el acuerdo conocido con la sigla TRIPS o ADPIC "Acuerdo sobre los aspectos de derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio". Solo tres o cuatro años mas tarde el sector salud "se despierta"; la OMS publica un informe señalando las posibles implicaciones del acuerdo sobre el acceso a los medicamentos[2], a la OMS y a las preocupaciones expresadas por muchos países en desarrollo, se suman rápidamente los esfuerzos y campañas de organizaciones no gubernamentales como MSF y OXFAM, y en algunos meses el tema se convierte en sujeto y objeto de atención y debate por parte de la gran prensa de muchos países.
El famoso juicio que enfrentó al Gobierno de la República Sudafricana contra 39 compañías farmacéuticas que trataron de oponerse a la aplicación de la ley del medicamento, inspirada en las recomendaciones de la OMS, acelera y cambia sustancialmente la naturaleza del debate. La intensa campaña internacional de apoyo a la postura del Gobierno Sur-Africano y el acompañamiento brindado por activistas y organizaciones de derechos humanos a las movilizaciones de las sociedad civil sur africana ejemplificada por el Treatment Action Campaign (TAC) constituyen una buena muestra de la creciente sensibilización sobre el tema de acceso a medicamentos en relación con el derecho a la salud[3]. Posteriormente, bajo la iniciativa de un grupo de países africanos el tema entra / irrumpe, en el seno de la OMC el 20 de Junio del 2001. Las 144 delegaciones que administran el acuerdo de los ADPIC en Ginebra, deciden abordar el problema. Discusiones que desembocan tras largo proceso en la "Declaración de DOHA relativa al acuerdo sobre los ADPIC y la salud publica" aprobada en Doha, Quatar en Noviembre del 2001.
¿Cuáles han sido las características y lecciones del debate y las negociaciones entre comercio y acceso a la salud?, ¿cuál es la importancia y el alcance del problema?; ¿qué es lo que finalmente está en juego?.
La lógica del sistema actual, si a este círculo sin salida se le puede llamar lógica, es que la generalización del sistema de patentes (por un mínimo de 20 años) exigida por el acuerdo de los ADPIC, es necesaria para permitir que las compañías farmacéuticas privadas puedan seguir investigando, ya que la investigación es costosa y las patentes aseguran precios altos que permite el régimen de monopolio (para algunos, contrario al espíritu del libre comercio). Pero sucede que los precios altos garantizan la investigación pero impiden el acceso de los nuevos productos a la mayoría de las personas que lo necesitan. Hay evidentemente que salvar la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos, siempre y cuando estos medicamentos puedan salvar vidas tan pronto son descubiertos. Seguir actuando en estas premisas nos llevara a perpetuar el absurdo estado actual, donde millones de personas mueren por falta de medicamentos que existen y que la sociedad contemporánea podría poner al alcance de ellos.
La investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, en gran parte en manos del sector privado, está condicionada, por razones evidentes, al mercado potencial existente y no a las necesidades de salud de las poblaciones mas necesitadas. En los últimos 20 años no ha habido prácticamente investigación para desarrollar medicamentos para enfermedades que afectan a millones de personas en los países en desarrollo, como son la enfermedad de Chagas, la leisomiasis, la schistosomiasis o la enfermedad del sueño.
No hay duda de que el nuevo régimen jurídico de propiedad intelectual aplicado a los medicamentos tendrá consecuencias en el acceso a los tratamientos medicamentosos en los próximos 10 , 15 y 20 años. Ciertamente en los países en desarrollo pero muy probablemente también en los países industrializados donde se corre el riesgo que poblaciones acostumbradas durante casi cincuenta años a tener un acceso regular y gratuito a medicamentos reaccionen fuertemente si este derecho se encuentra en riesgo de no poder mantenerse. ¿Hasta qué punto los sistemas de salud de los países industrializados podrán seguir soportando el aumento de los costos del reembolso de medicamentos? frente a la aparición, por ejemplo, de nuevos medicamentos para las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, o los medicamentos que serán desarrollados y patentados en base a la investigación, realizada con fondos públicos, sobre el genoma humano y todas las terapias ligadas a los problemas debidos al envejecimiento de la población. Será que una vez mas, como sucedió en el caso de la lucha contra el SIDA, que los países del norte tratarán a fondo el problema de los altos precios de los medicamentos, cuando este fenómeno se convierta en una enfermedad contagiosa que arriesgue de contaminar a los países industrializados?.
En los Estados Unidos de América, los centros de "MEDICARE" y los "MEDICAID SERVICES" (CMS) han proyectado que los gastos nacionales en salud van a duplicarse (de 1.4 trillones a 2.8 trillones de us dolares) entre el 2001 y el 2011[4]. Las CMS estiman que los gastos en productos farmacéuticos se triplicarán entre el 2001 y el 2011 pasando de 142 a 414 billones de us dólares. Como resultado los aseguradores privados tendrán como dilema reducir las prestaciones o aumentar las primas.
En muchos países Europeos el porcentaje del gasto en medicamentos en relación a los gastos en salud es significativamente mas elevado que en los Estados Unidos, donde los medicamentos representan el 10% de los gastos de salud, frente a 17% en Francia[5], 16.3 en Bélgica, 17,1 en Grecia, 12.8 en Alemania[6].
El aumento del gasto en medicamentos con relación a los gastos totales en salud en los ultimos 10 años en algunos países, muestra tendencias preocupantes[7]:
1990 2000
Canadá 11.4% 15.2%
Finlandia 9.4% 15.5%
Francia 16.8% 20.1%
Grecia 14.5% 18.4%
República Checa 21.0% 25.2%
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NOTAS:
® Gala, Antonio, ?El dueño de la herida?, Ed. Planeta, España, Marzo del 2003.
® Velásquez G. Boulet P. ?Globalización y acceso a los medicamentos? Perspectivas sobre el acuerdo ADPIC/OMC, OMS, Ginebra 1999.
® El TAC es una coalición de ONGs, asociaciones comunitarias y organizaciones de base que desarrollan desde 1995 un trabajo de loby, información y presión sobre el tema de la lucha contra el HIV/SIDA y el acceso a medicamentos mas información en www.tac.org.za .
® S. Heffler, S. Smith, G. Won et al. ?Health Spending Projections for 2001 ? 2011. The latest Outlook?. Health Affaires (Mar/Apr. 2002) 207 ?218.
® Le monde 23 o 24 de Abril 2003 anuncio del gobierno de pasar a reembolsar de 65 % a 35 % 617 medicamentos y no reembolsar 100 (VER ESTA CITA).
® OCDE Health Data 2002 4th ed.
® Idem.
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