Las
sucesivas revoluciones industriales han creado acumulativamente las
condiciones materiales necesarias y suficientes como para desterrar
de la faz del planeta la insuficiencia alimentaria.
Los
avances en genética animal y vegetal, y el desarrollo de
nuevos procesos, han dado como resultado la optimización en la
producción de alimentos suministradores de las proteínas
requeridas por el Hombre para su subsistencia.
Sin
embargo los países del Sur se han
visto sometidos especialmente en los últimos tiempos a la
falta forzada de nutrientes básicos, consecuencia del accionar
faccioso de empresas transnacionales que acaparan la producción
de estos insumos proteínicos.
Los
Estados han tenido entonces que salir al ruedo para enmendar estas
“distorsiones” del Mercado generadas por agentes económicos
que en su lógica capitalista corporativa tomaron la decisión
de limitar la oferta de sus productos aduciendo precios regulados
insuficientes: leche en polvo, carnes, azúcar,
caraotas/porotos/Feijoo, son los blancos predilectos de estos
traficantes de alimentos que han mostrado su verdadero rostro, el de
la codicia y el desprecio humano: dos condiciones esenciales del
sistema capitalista en su actual fase de desarrollo.
En el
origen de este sistema, el conocimiento
humano creado por las sociedades se había incorporado a los
procesos productivos como capital fijo bajo la forma de tecnología,
hecho que impactó en las relaciones de producción y en
el mundo del trabajo de forma dramática para la humanidad. El
excedente de valor generado por el capital había encontrado un
acelerado mecanismo de acumulación. Hoy necesita de mayores
volúmenes de investigación en ciencia y tecnología
para sostenerse y amortiguar así las crisis expansivas del
capital global.
La
denominada propiedad industrial protege por
medio de patentes los conocimientos creadores de las tecnologías
construyendo monopolios temporales pero sin la contrapartida
requerida por las leyes nacionales y tratados internacionales de
divulgar de manera suficientemente clara y completa la información
técnica contenida en los documentos de patentes, que servirían
a los Estados y sus sociedades para reproducir tecnologías sin
erogar grandes inversiones por contratos de transferencia.
¿Porque
proteger por patentes tecnologías procesadoras de nutrientes
alimenticios?
Dada
la perversa práctica de las corporaciones alimenticias, las
tecnologías procesadoras de alimentos y nutrientes deberían
excluirse de la protección por patentes y reapropiarse bajo la
forma de licencias obligatorias según lo establecido en el
Acuerdo sobre los ADPIC, si de vidas humanas y salud pública
se trata.
Licenciar
las patentes de medicinas que combaten
graves enfermedades, como lo hecho por varios Gobiernos de países
en desarrollo, o incluso humanamente subdesarrollados como los EE.
UU, podrían ser los antecedentes a esgrimir en la decisión
de consolidar la Soberanía Alimentaria tan anhelada por los
pueblos de América.
Tal
vez considerar a las tecnologías en
manos de traficantes de alimentos simplemente de Uso Libre.