|
A GLOBALIZACIÓN ha irrumpido estruendosamente en nuestras vidas y en
nuestro frágil sistema económico sin darnos tiempo a reaccionar y
generando disfunciones que hay que corregir. Una de las más graves se
refiere a los derechos de propiedad intelectual en el ámbito
audiovisual. La gran agilidad y flexibilidad de los nuevas tecnologías
permite la difusión incontrolada e incontrolable de tales productos,
con la consiguiente postergación de sus creadores e intérpretes. Por
apretado margen, el Congreso decidió la continuidad del canon, aunque
en medio de una tan encendida oposición social que todo indica que sus
días están contados.
1. Internet, base de la globalización, ha provocado cambios
irreversibles en el sistema socioeconómico y cultural. Resulta por
tanto estéril plantear viejos conceptos -como la propiedad intelectual-
en términos antiguos, sin ver que el imparable progreso tecnológico nos
ha desbordado, por lo que han de buscarse fórmulas nuevas para resolver
problemas también nuevos.
2. Con respecto al material audiovisual, está desapareciendo
el nexo estricto entre audiencia y cobro de derechos. Asimismo, el
papel mediador de las compañías musicales tiene que reconsiderarse
íntegramente. En realidad, las principales rentas de los autores
musicales y de los grupos musicales provendrán básicamente en el futuro
de sus actuaciones personales y en directo, con un caché tanto más
elevado cuanta mayor difusión hayan logrado sus canciones en la red.
3. La producción y exhibición de productos audiovisuales -cine
y música- tiene que acompasarse a la vertiginosa carrera tecnológica.
La industria del cine está sabiendo hacerlo con agilidad -estrenos
simultáneos, alardes tecnológicos, etc.-, de forma que el pirateo tiene
escasa influencia en el sector. En cambio, las discográficas han sido,
en general, incapaces de practicar una adecuada política de precios o
de aportar a las grabaciones el valor añadido que haga atractiva su
adquisición (ilustraciones, folletos, combinación de audio y vídeo,
etc.), incluso por parte de aquellos que ya han descargado la música de
la red.
4. La gestión de los derechos de autor que realiza la SGAE
está desacreditada. Primero, porque según fuentes solventes sólo el 6%
de lo recaudado revierte efectivamente en los autores; segundo, porque,
según informaciones periodísticas no desmentidas, esta institución sin
ánimo de lucro está rodeada de fundaciones y empresas mercantiles en
que han encontrado acomodo sus miembros directivos, que estarían
haciendo su agosto.
5. La masiva impopularidad del canon -una tasa preventiva que
presupone que la sociedad civil está formada por defraudadores
sistemáticos- es ya irreversible, por más que en Francia o Alemania,
por ejemplo, se mantengan gravámenes semejantes, también polémicos. Sin
embargo, su supresión debería hacerse progresivamente y a medio plazo,
al tiempo que se reforman las instituciones de gestión de derechos y
mientras se desarrolla el pertinente debate social de fondo que preside
todo este asunto: cómo debe retribuir la sociedad a los creadores del
ámbito audiovisual, muy afectados por la popularización de las nuevas
tecnologías.
6. No es razonable sin embargo abordar el asunto con
frivolidad o demagogia porque estamos hablando de la subsistencia de
muchos profesionales, rutilantes estrellas unos pocos de ellos,
modestos trabajadores los más. Y en todo caso, parece razonable cubrir
mediante apoyo público la transición entre el actual sistema y el que
pueda regir en el futuro, cuando la industria se haya adaptado a la
globalización y la legislación haya dado los pasos necesarios para
reducir la piratería -en todos los aspectos relacionados con la
propiedad intelectual- a dimensiones manejables. En definitiva, si no
se quiere lesionar gravísimamente a un sector cultural indispensable,
el canon debería ser sustituido por algún tributo temporal hasta que se
aclaren las ideas y se estabilice la situación.
Articulo leido aproximadamente 474 veces
|