La
última vez que me invitaron al Senado pedí que me acompañasen dos
biólogos, Enrique Dans y Pepe Cervera. No fue una elección casual. No
los invité ni por simpatía ideológica ni por cercanía intelectual: los
invité porque eran biólogos. Y nadie como un biólogo para analizar el
hábitat de los políticos profesionales.
La evolución tiene una
regla básica: la supervivencia del más apto. Sin condicionantes morales
o de justicia histórica: sobrevivir en el terreno de la política se
basa exclusivamente en la capacidad para adaptarse al medio. Tanto en
el mundo real como en internet, sólo los más aptos sirven para la
política. No todos los especímenes pueden sobrevivir revolcándose en
el estiércol y alimentándose de carroña.
Un ejemplo prototípico
de cuanto antecede se puede observar en la tramitación parlamentaria de
la Ley de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información. Una ley
que ha permitido la cuadratura del círculo en la siempre curiosa
aritmética parlamentaria. Aquellos grupos políticos que en la anterior
legislatura se unieron contra el PP, acusándole de instigar la censura
administrativa en Internet, establecen ahora un cordón sanitario que no
hace sino consolidar dicha censura. Aquellos que prometían derogar la
LSSI, la acaban reformando para permitir que funcionarios de tercera
puedan arrancar páginas de la red como quien precinta puestos en un
mercado municipal. Parafraseando una conocida frase de la transición:
contra Aznar vivíamos mejor.
El jueves el Pleno del Congreso
vota las enmiendas del Senado sobre la LISI. Sólo caben dos opciones:
aceptarlas en bloque o rechazarlas en bloque. En cualquiera de los dos
casos, la posible censura administrativa de Internet quedará
consolidada legislativamente, y con ello se igualarán moralmente
izquierda y derecha, al tiempo que sobreviven los más aptos: los más
hipócritas.
La lucha de grandes depredadores siempre deja
espacios libres a más pequeñas especies, que aprovechan los restos del
banquete. El Reglamento del Senado es un biotipo que permite medrar al
más oportunista, y así
una enmienda rechazada por el Pleno del Senado acaba colándose, de rebote, en el dictamen que habrá de votar el Pleno del Congreso.
De nuevo dos biólogos tratan de desentrañar,
aquí y
allá,
los misterios que se ocultan en el espíritu de las leyes. Un caballo de
Troya envenenado llegará al Congreso el próximo jueves. La
directiva europea 2001/29/CE
establece en su artículo 5, 2, b, una excepción al derecho exclusivo de
los autores para autorizar la copia de sus obras "en relación con
reproducciones en cualquier soporte efectuadas por una persona física
para uso privado y sin fines directa o indirectamente comerciales,
siempre que los titulares de los derechos reciban una compensación
equitativa, teniendo en cuenta si se aplican o no a la obra o
prestación de que se trate las medidas tecnológicas contempladas en el
artículo 6".
El Congreso español no puede suprimir la
compensación equitativa por copia privada, dado que la misma dimana de
una directiva europea. Suprimir del todo el canon digital es
imposible, salvo que lo acuerde el Parlamento Europeo. Lo que sí puede
hacer nuestro Parlamento es establecer qué soportes están exentos de
canon. Si se aprueba la enmienda digital, las nuevas Cortes tendrán un
año para modificar el artículo 25 de la vigente Ley de Propiedad
Intelectual. Nada más y nada menos: lo demás son brindis al sol y
estrategias de apareamiento preelectoral.