En impactante frase de un reciente artículo,
El
software libre es
socialista..., Sandra Parra
expresa que el software libre "se destaca
como el bien más socialista que haya producido
alguna vez el mundo". Por su parte
Gustavo J. Mata, retomando el análisis de Parra
en Altruismo
y Software Libre, enfatiza
los alcances del "altruismo
recíproco" y afirma el concepto de que
transitar hacia el socialismo no supone
renunciar a nuestro interés personal:
"[...] La experiencia del software libre
nos enseña que actuar en beneficio del colectivo
es casi siempre actuar en nuestro propio
beneficio".
Desde una perspectiva más vasta (antropológica,
biológica, planetaria...), diríamos que nuestro
interés personal no puede ya ser otro que el
colectivo. La supervivencia de nuestra especie
está en juego, la fuerza de la Vida nos
interpela. Y así como la neutralidad política
resulta ilusoria (abstenerse es ser esclavo del
poder hegemónico), asimismo resulta ineluctable
el torrente evolutivo que nos
socializa en tanto
humaniza (eludirlo es
anular nuestra potencialidad de crecer como
seres humanos). Cuando concienciamos esta
verdad, no sólo dignificamos nuestra libertad y
nos motivamos para ejercerla con
"altruismo recíproco"; clarificamos
además el alcance de un adjetivo calificativo
recurrente: software libre, conocimiento libre,
actuar libre...
La libertad con la que fraguamos nuestro
porvenir no consiste en elegir entre el pequeño
número de opciones que hoy ofrecen los productos
licenciados por monopolios corporativos. Como si
fuera un mero tema de preferencia individual
—al exclusivo alcance de minorías
privilegiadas— y no un problema atinente
a la Humanidad entera.
[1]
Ya en enero de 2005, en el marco del quinto Foro
Social Mundial de Porto Alegre (FSM), el
sociólogo Manuel Castells analizaba con detalle
cómo la cooperación no remunerada
—efectuada libremente y en un marco
corporativo— superaba en sus resultados a
la competencia individualista de las empresas
tradicionales. Fenómeno sorprendente para el
modelo capitalista, pero cada vez más natural en
el paradigma altermundista
propulsado por el FSM. Formas de cooperación
productiva aplicables a actividades diversas,
pero con resultados espectaculares en el ámbito
informático:
| |
[...] El éxito del movimiento de software libre
explica el apoyo de numerosos gobiernos y
administraciones a este tipo de programas,
incluyendo Brasil, India, China, Francia,
Alemania, Finlandia, Extremadura (donde crearon el
programa Linex, como extensión simplificada de
Linux), Euskadi y, recientemente, Catalunya. ¿Cómo
es posible? Por un lado porque las empresas más
inteligentes (grandes como IBM o de menor
dimensión como Red Hat) saben ganar dinero con los
servicios y aplicaciones desarrollados a partir de
los programas de software libre sin matar la
gallina de los huevos de oro, que es la libre
contribución de cientos (y en algunos casos miles)
de programadores que no donarían gratis su tiempo
y su trabajo si los demás no respetaran la regla
fundamental de no apropiarse privadamente el
resultado del trabajo cooperativo. Pero, por otro
lado, todavía hay que explicar por qué estos
programadores se dedican a esto (normalmente en
horas libres o como actividad secundaria en su
horario de trabajo) sin buscar compensación
económica. Las respuestas al enigma son tan
variadas como las ideologías. Pero tenemos datos
de encuestas sobre miembros de estas comunidades
cooperativas de programadores. Y las motivaciones
son, en orden de frecuencia: la convicción de que
el software tiene que ser libre porque es un
derecho fundamental; la constatación de que la
calidad técnica del software producido es muy
superior al comercial; su mejora profesional
mediante la participación en la comunidad en red,
y el divertirse con esta actividad. Todo ello
junto conduce a que estas redes tienen una
potencia de creatividad infinitamente mayor, y por
tanto un resultado de mayor calidad, a los de
empresas parapetadas tras la propiedad
intelectual.
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| | --
CASTELLS
Manuel, Software
Libre |
Nótese que la motivación más frecuente es
"la convicción de que el software tiene que
ser libre porque es un derecho
fundamental". La valoración de la libertad
antecede a la constatación de la calidad técnica.
Más profundamente aún, la actual solidez del
software libre hace honor a la etimología:
solidaridad viene de in
solidum. Y su consolidación
universal, tan indiscutible como desconcertante
para muchos, adquiere justificación cabal desde
una perspectiva biológica. Porque más allá de su
excelencia técnica (también indiscutible), el
software libre ha venido a colmar expectativas
inherentes a nuestro dinamismo
evolutivo. Poniendo sobre el tapete, desde su
propia génesis y definición, el tema de la
libertad. Cuya valoración es aliciente principal
de las comunidades corporativas de
programadores.
Algunos autores aluden a un sujeto comunitario
más vasto (los trabajadores del
software libre), y distinguen dos
motivaciones principales de su accionar: la
ética, abanderada por la
Free
Software Foundation, y la
pragmática, abanderada por
la Open
Source
Initiative.[2]
Mencionan además otras razones y profundizan en
el tema a partir de encuestas y
análisis.[3]
Desde la perspectiva biológica que enfatizamos,
el propósito es mostrar cómo, más allá de las
múltiples implicaciones que surgen de aquellas
encuestas y análisis, el actuar
libre es expresión primigenia del ser
humano. Y como tal tiene una motivación básica
(de ahí el singular de nuestro título).
Acaso nuestro mejor referente sea el gozo de un
niño pequeño, la capacidad de asombro de un bebé
de meses. Con observación atenta notaremos que,
en la mayoría de los casos, el estímulo de su
acción-juego no proviene
de expectativas utilitarias, ni de premios, ni
tan siquiera de la necesidad de aprobación y de
afecto por parte de sus mayores más queridos, de
quienes tanto depende. Aunque estos ingredientes
estén presentes —a favor o en contra del
interés manifiesto en una instancia
determinada—, la motivación más profunda
se expresa en puro placer lúdico, en diálogo y
sintonía con la riqueza inagotable de la
Naturaleza que día a día el pequeño descubre. Y
es esencialmente alegre, como el brincar de un
cachorro.
La motivación básica del actuar libre está
impregnada de esta felicidad vital con la que en
nuestros mejores momentos respondemos al hechizo
de Gaia, nuestra
Madre Tierra viva. Al magnetismo del llamado
telúrico, tan vívido en los niños y tan
frecuentemente desoído por los adultos
buscadores de éxito o de eficiencia.
Esta intuición, expresada en principio con
cierto lirismo, encuentra fundamento en
comprobaciones
rigurosas.[4]
[1]
Problema acuciante en el caso de las
patentes nanotecnológicas que, ajenas al
control de la sociedad civil, pueden ser ya
la antesala del monopolio corporativo de
toda la materia viva y no viva que nos
constituye y rodea (cf. Nanotecnología:
La mayor revolución tecnológica de la
historia ¿Qué
significa?). Para
contrarrestar este riesgo, en el que se pone
de manifiesto el alcance planetario de la
discusión sobre las patentes, hemos de
situar nuestra lucha por la libertad del
conocimiento y del software en un contexto
más vasto, "como forma de pensar
articuladamente los muchos problemas
ecológico-sociales, con la Tierra como
referencia central" (cf. BOFF
Leonardo, La
Carta de la Tierra, una
promesa).