Mañana en FORO Abierto

Mérida: El pensamiento revolucionario de Prieto Figueroa en la ULA

Profesor Luis Beltrán Prieto Figueroa

Profesor Luis Beltrán Prieto Figueroa

Credito: edumedia.org.ve

Mérida, 13 de marzo (Por: Grupo de Investigaciòn en  Cultura Popular-ULA para.Aporrea.org) El  pensamiento y obra  del Maestro Prieto Figueroa es la continuidad  de los de Simón Rodríguez, y se mantiene en el tiempo con la concepción educativa de nuestro Presidente Hugo Chávez y su Ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz. Gran parte de esos valores y acciones están presentes en los tiempos actuales del Proceso Bolivariano. De allí el FORO-HOMENAJE que le rendiremos este martes 14, a las 4 de la tarde, en la Cátedra “Simón Bolívar”, edificio “A”, primer piso,  Humanidades- ULA.

Prieto Figueroa en el Tiempo

Por Julio Carrillo

Cuando se trata de abordar el pensamiento,  y la acción de un destacado pedagogo como Luis Beltrán Prieto Fgueroa, es menester partir de lo que podría considerarse sus inicios míticos, la revelación extraordinaria y el llamado de la vocación temprana. ¿En qué momento de su vida descubre el Maestro Prieto su vocación docente?

 

Y allí en una entrevista que le hicimos en 1981, hace apenas 25 años,  en Mérida, develó este secreto. Prieto contó que tendría a lo sumo 6 ó 7 años, nació en 1902, su padre era juez en La Asunción, el Juzgado quedaba frente a la plaza Bolívar, y en ella estaba el niño Luis Beltrán. Del jardín de la plaza brotaba un hermoso lirio blanco. Admirado por la belleza de la flor y pensando regalarla a su madre, el niño la tomó. Pero, cuando estaba en tal acción, el policía cuidador de la plaza le detuvo, le aferró por un brazo y lo llevó hasta la jefatura civil. Allí, debajo de las escaleras, había una puerta alta, gruesa, de color negro, y detrás el primer calabozo  que el Maestro conociera, sin iluminación alguna aquello estaba en la más completa oscuridad. Allí fue encerrado, el niño lloró, gritó, llamó a sus padres, pero todo fue inútil, siguió encerrado. Posteriormente, frente a ello, se adaptó a tal  realidad  y por más que se esforzaba le era imposible ver o notar algo en aquel espacio al que llamó “el árbol de la oscuridad.” Ello le marcó y le hizo pensar que así vivía el pueblo venezolano, en la más completa oscuridad por la falta de educación. Desde entonces, su vocación de educador le acompañó hasta la muerte, acaecida en el año 1993.

 Por otra parte, asombra la gran capacidad del pensamiento y la obra del Maestro Prieto, pues con su sabiduría, sus dotes investigativas y su acción precisa y contundente tomaba dos direcciones: primero, se ajustaba a la Venezuela de 1936, que venía del padecimiento a sangre y fuego de la dictadura gomecista,  desde diciembre de 1908 hasta el 17 de diciembre de 1935. Dictadura que consolidó la entrega de nuestras riquezas naturales, en especial del petróleo y gas (1918),  al igual que los gobiernos de 1958 a 1998, a las potencias extranjeras y, particularmente, al imperialismo norteamericano, el cual transformó nuestro país en su hacienda particular.  Por ello consideraba que había necesidad de crear las instituciones necesarias para la formación, la educación del venezolano en función de transformarlo en un verdadero ciudadano, de una Venezuela, que según Mariano Picón Salas, apenas entraba en el siglo XX, para el año 1935, con la muerte del dictador Gómez. Había que crear una nueva mentalidad, una acción desafiante, nuevas instituciones. En la formación del nuevo venezolano la nueva concepción educativa debía integrar aspectos  económicos, políticos, sociales, culturales. En lo económico nuestros ciudadanos debían transformarse en creadores de riquezas a través del trabajo, capacitado para la producción, distribución y consumo de su propia producción como fuente de soberanía, como acción de autoabastecimiento y frente a las exigencias de una realidad retadora. Entonces el 80% de la población vivía en las zonas rurales, carente de tierras, y el trabajador agrícola, en su gran mayoría, apenas ganaba Bs. 1,oo diariamente. Vivía en ranchos de palma, y el paludismo y la fiebre amarilla, entre otras enfermedades endémicas, junto a los terratenientes eran sus principales enemigos.

 Esa nueva mentalidad obedecía a la necesidad de educar al venezolano adaptado a las nuevas realidades, a los fines establecidos  y que se expresaron en un cuerpo de principios: Vinculación de la educación a los problemas económicos y sociales de la nación, la valorización del trabajo como deber cívico fundamental, el aprovechamiento de nuestras riquezas naturales, el desarrollo de la capacidad productora del país,  a este conjunto de principios el Maestro Prieto lo llamó “el sentido social y nacional de la educación.” Dada la mayoría campesina de la población proponía la Reforma Agraria. Los fines educativos por los cuales luchó para que se incorporaran al cuerpo legal fueron: Lograr el desarrollo de la personalidad; formar ciudadanos aptos para la vida y el ejercicio de la democracia; fortalecer los sentimientos de  nacionalidad; acrecentar el espíritu de solidaridad humana; fomentar la cultura; lograr el aprovechamiento de nuestras riquezas materiales y desarrollar la capacidad productora de la nación. Incluso, propuso capacitar al venezolano tanto del medio urbano como del rural,  en formas modernas de producción en cooperativas

 Para ello, luchó por la creación del Sindicato de Maestros de Instrucción Pública (1934), la Federación Venezolana de Maestros (1936), el INCE, desde diversas posiciones como fundador de movimientos políticos ORVE, AD (1941), MEP (1967), como parlamentario, Presidente del Congreso Nacional,  ministro, presidente de variados organismos gremiales, tanto nacionales como internacionales,  y en fin toda una vida dedicada a una concepción educativa, difícil o imposible de aprehender en dos cuartillas.

Todo ese cuerpo de ideas se asentó en la concepción  filosófica  que denominó “Humanismo Democrático”, y que aplicó a través del esquema de  La Escuela Unificada” y con respecto a la educación superior  bajo la concepción de “Universidad Moderna”. De ella afirmó que “el deber ineludible de toda universidad es ser anti-imperialista, con el compromiso de crear  por todos los medios “una atmósfera intelectual y moral de libertad, de respeto a las ideas ajenas y del saber por el saber, en que la autoridad sólo  se establezca en el hombre que le sirve y lo desenvuelve, por su amor a la verdad, por su pasión científica y por su dedicación sin reservas a la cultura y a la nación.”

Definitivamente en su labor, en la forma de abordar y trabajar con la realidad, y es el segundo punto al que nos referiremos, y brevemente. Concepciones tales como la teoría marxista, con su correspondiente método dialéctico y el materialismo histórico, la teoría de sistemas y parte del pensamiento complejo aplicado a los fenómenos educativos, sociales, políticos, económicos,  históricos y culturales, encontraron eco, y creemos, que rompió las  barreras epistemológicas de las ciencias sociales, para crear su propia visión o enfoque y así,  abordar una realidad que le era angustiante, y le retaba a su propio quehacer y concepción.

 


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