Desde el dominio de los alemanes hasta el sistema de encomienda. Un arco de dominación puesto al día

El Carrizal: pequeño pueblo y grandes resistencias de la Vela de Coro

Quien no conoce la existencia de la famosa familia Welser, o mas precisamente el rol fundador de los Welseres, en el Estado Falcón.

Esa familia comerciante de Augsburg hace parte de esos pioneros del capitalismo en la Tierra Firme de las Indias. Beneficiarios de una concesión real otorgada a partir de 1528 hasta 1556 por Carlos 1ro (llamado también Carlos Quinto), ellos pudieron hacer hincapié en la explotación manifiesta de los recursos naturales y humanos de este pedazo de nuevo mundo lleno de esperanza dorada. Ambrosio Alfinger es la figura más destacada ya que vuelve en 1529 el primer Gobernador de la Provincia de Venezuela. Se muere en 1533 en un intento de colonización de las tierras del Río Magdalena en Colombia.

Hoy en día tenemos a Roberto Lückert, actual Arzobispo Metropolitano de Coro y Vice-Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana. Como no se desconoce, este monseñor es también un gran opositor al gobierno chavista al nivel nacional y, por lo tanto, maneja un espacio político bastante amplio en el estado Falcón.

Este artículo no se empeña en indagar el rol de la Iglesia en la fundación y consolidación de las instituciones falconianas, sino aclarar unos puntos históricos a la luz de la situación actual vivida por la comunidad organizada del Santuario Nacional Guadalupano del Carrizal.

Cabe subrayar cuando se hace referencia a la Iglesia en el contexto latinoamericano que desde los años 70, el Vaticano, a través de la voz de su dignatario Juan Pablo II, va a tratar de rediseñar la influencia del catolicismo conservador, empezando con la lucha contra la teología de la liberación. No se trata solamente de designar nuevas autoridades eclesiásticas, sino dar un impulso económico a esta empresa. La creación en 1992 de la Fundación Populorum Progressio del Vaticano vuelve uno de los instrumentos idóneos para financiar proyectos de desarrollo a favor de las poblaciones mas desamparadas del continente (indígenas, afrodescendientes, campesinos). Desde esta fecha han aprobado proyectos presentados por comunidades eclesiales y grupos pastorales de distintas diócesis latinoamericanas por más de 20 millones de dólares así que se convirtieron en uno de los inversores caritativos más importante en América Latina.

En el caso específico de Venezuela y de Coro, la región puede enorgullecerse de acoger en su suelo la primera iglesia fundada en el “Nuevo Continente” y contar con una espantosa presencia de la Iglesia como importante terrateniente de la zona. Vamos a ver ahora de donde viene la permanencia de un poder eclesiástico en el Estado Falcón.

Las primeras encomiendas se establecieron en el suelo de la Provincia de Venezuela en 1545. A mediano del siglo 16 se censa aproximadamente 97 encomenderos que imponen sus leyes a 2099 indios tributarios y 2094 mujeres (sabiendo que el género femenino en aquella época no corresponde todavía a una medida productiva establecida, por eso que entran en las estadísticas a parte). El trabajo que les están correspondiendo a aquellos indígenas, en mayoría Caquetíos, es el de siembra, de recolección y de servicio doméstico. Bajo la “humanización” que pretende ejercer el nuevo sistema de asalariado de los nativos, al “darles” tierras para producir y al librarles de la esclavitud (según las Leyes Nuevas de 1542), se enmarca la encomienda en su rol de evangelizar y civilizar a esas criaturas, por fin, humanas.

La Corona española decide suprimir el sistema de encomienda en 1721, a través de varios decretos. Pero la Iglesia se queda a raíz de la rivalidad existente entre los funcionarios reales y las autoridades eclesiásticas.

Por fin, las encomiendas resultaron destacar relaciones sociales de producción peculiares en este sistema de repartición descentralizada del poder colonial frente a la amenaza de un despliegue desordenado y hasta “piratero” por parte de los invasores ávidos de cualquier pepita de oro. Además, se desenvuelven como sistemas de aprovechamiento de la fuerza de trabajo nativa.

Por ende, la encomienda vuelve el primer eslabón/piso de la arquitectura capitalista en la realización de su principio primario, la reproducción de la fuerza de trabajo.

Volvemos a nuestro asunto: Carrizal. La Iglesia aquí se presenta como una “pared” entre la comunidad y el gobierno, que trata de interponerse en todas las tramas organizativas.

El protagonista de esta película mala es Julio Montoya Urrego, cura y rector del Santuario Nacional Guadalupano del Carrizal. Si nos giramos hacia la historia de la fundación de este pueblo encontremos en 1723 al Padre Pedro de Sangronis, quien estuvo al origen de la evangelización de los indígenas de esta tierra. El culto a la Virgen Guadalupe fue una ayuda suplementaria para enrollar un poco más a esos “buenos salvajes”. En buen heredero de esta cadena civilizadora, el párroco Urrego se dedica desde 16 años en realizar su “humilde ministerio” de “reconstruir y restaurar el Santuario El Carrizal”1

Hoy en día el pueblo de Carrizal con su cincuentena de familias, que llegaron hace aproximadamente sesenta años, viven en un terreno de 200 hectáreas que pertenecen desde 1912 a cuatro familias (permanentemente ausentes) en posesión de títulos supletorios que se le suelen decir aderechados. Hasta ahora, las instituciones siguen contabilizando a un sólo decenas de hogares, cifra nunca actualizada desde varias décadas.

Desde la conformación del consejo comunal “Carrizal Virgen de Guadalupe”, las relaciones con el Padre y su equipo se han venido deteriorándose. El sacerdote tiene en su posesión una emisora de radio privada, La voz de Carrizal (105.1 FM), cuyos equipos han sido obtenidos hace un año gracias a los favores de la Alcaldía de Colina. Pretextando una deterioración de los equipos, el encomenderito-de-un-nuevo-tiempo decidió adueñarse de la radio traspasando con magnanimidad dos horas semanales de programa a la comunidad. La excusa proporcionada por el sacerdote y su equipo es afirmar que el transmisor se ha dañado en el plazo de un año y que a raíz de eso tuvieron que cambiar todo el material técnico.

Ahora, a la comunidad este sabio cura le quiere quitar el derecho al uso de los equipos, consagrado en la Ley de comunicación. Detrás de esas manobras preelectorales se esta además contemplando un plan de evangelización de la cultura en el Estado Falcón con el apoyo cómplice y complaciente de algunas instituciones. Con sorpresa, la comunidad carrizaleña se enteró unos meses atrás, durante una misa, del proyecto firmado entre HydroFalcon y el Padre Urrego de remodelación de la plazoleta y del parque adyacente a la Iglesia, así que de la edificación de una Virgen de 16 metros de altura. Cuando uno echa un vistazo, aun rapidito como lo suelen hacer las instituciones en muchas oportunidades, se da cuenta del estado de abandono del pueblo. No obstante, un sentimiento de riqueza oculta (y nada santa) se escapa de este paisaje suntuario y nos devuelve la imagen de los tiempos coloniales.

La lucha empezó y es solo un comienzo…


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