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“y no se me ponga arrecho pero es la pura verdad…que la mayor grosería la dice esta sociedad”
La Espada de Bolívar
Por: Robert Reyes
Fecha de publicación: 09/05/08
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Me sorprendió una noticia que se originó en san Cristóbal, Estado Táchira. En la edición del jueves 8 de mayo de 2008 se informó que la espada de la estatua ecuestre del Libertador Simón Bolívar había sido robada de la plaza central de aquella ciudad tachirense, y posteriormente ha sido sustituida por un vulgar machete de madera. La primera frase que me vino a la mente, como un aguijón punzante, fue aquella que recita Alí Primera en su canción: “y no se me ponga arrecho pero es la pura verdad…que la mayor grosería la dice esta sociedad”.

Quise hacer una breve reflexión sobre esto que es un acto inmoral y sacrílego que todas las autoridades han hecho ignorado, y mayor vergüenza siento cuando sé que allá gobierna un soldado de la Revolución, el capitán Ronald Blanco. ¿Hasta cuándo la memoria de nuestro gran Padre Libertador será ultrajada?

No necesito extenderme en la obra emancipadora de Bolívar, todos las conocemos y las admiramos, ni tampoco necesito decir porqué debemos el más grande respeto a su memoria. Lo importante es decir que casi doscientos años después de su muerte por fin hay un gobierno que ha hecho lo posible para que el gran sueño bolivariano de unidad, de grandeza, de libertad y de felicidad se haga realidad. Y que por este hecho tan trascendental debemos imponer por cualquier vía el respeto a la memoria del Padre Libertador. ¿Acaso nosotros permitiremos que aquí se repita la trágica escena de anarquía que condujo a Bolívar a Santa Marta? ¿Permitiremos que los anti-bolivarianos ofendan a Bolívar, que no está muerto sino que vive en el corazón de todos los venezolanos amantes de la historia, de la justicia y de la libertad? no olvidemos que Bolívar no está en aquel panteón mantuano que, siendo la “Cabecera de la Patria” es un sepulcro vacío porque él salió para no regresar, sí, Bolívar no reposa en una tumba sino que se convirtió en un pueblo estoico dispuesto a cualquier sacrificio con tal de no perder la patria que hemos decidido construir.

Hoy yo dejo de lado mi irrenunciable condición política, mi condición revolucionaria, para hablar como venezolano y así poder expresar mi más sonado repudio a esta acción vandálica. Bolívar no pertenece al oficialismo ni a la oposición, él es de todos los que nos llamamos venezolanos, y que por tal le merecemos el más grande respeto. Gracias a él heredamos la nación más hermosa, que menos por sus riquezas es más grande por la libertad que tenemos y que él con su intrépida astucia la consiguió.

Pareciera que hoy se revive en San Cristóbal aquella trágica escena donde los enemigos del Libertador hollaron en su reputación y gloria para dar un bajo golpe al espíritu político de esta Revolución. Por encima de cualquier realidad debemos mantenernos en el límite que nos hace respetar la memoria histórica. Es injusto que la amoralidad sea un nuevo enemigo en esta gran lucha que intenta construir un nuevo país. Es que el hecho de haber quebrado la espada de una estatua ecuestre tan noble deja mucho que pensar de la autoridad pública, de los organismos de seguridad, del gentilicio tachirense y de todos los que allá residen. Y más miserable es la acción de haber suplantado tan encomiable espada por un sucio machete de madera.

Esto es una nefasta consecuencia de la libertad desenfrenada, una libertad de la que pocos venezolanos han recurrido, por carecer de verdad, de honra y de moral. Si permitimos que estos valores tan arraigados en nuestra identidad nacional habremos arado en el mar y desde ese momento todos los esfuerzos de hacer una gran nación serán en vano.

Ya lo decía el mismo Bolívar: “Es preciso vengar la patria cuantas veces intenten los pérfidos sepultarla en la anarquía y arruinarla; y no debemos desmayar jamás, aún en medio de las mayores dificultades”. Todos debemos aprender que el mensaje de nuestro Libertador es un precepto que está por encima de cualquier ley o de la misma Constitución Nacional, aquél que no se inspira en el ideal bolivariano es un mal ciudadano que siempre estará condenado al fracaso, porque la palabra de Bolívar sigue siendo el arma ideológica más poderosa en nuestro país.

Mi único tesoro es mi reputación, dijo el Libertador una vez en medio de los turbulentos caminos de la muerte que le acecharon, hoy nos lo grita a todos y especialmente dirige esas palabras a quienes pretender pisotear por su memoria. Y es que no acuerdo con el que piensa que fueron unos drogómanos que necesitaban dinero y vendieron el bronce de esa espada. Eso fue una vil acción que atenta contra nuestra identidad, contra nuestros valores morales y peor aún, esta inédita acción ultraja el espíritu de la República libre que heredamos de Simón Bolívar.

Acaso permitiremos que Bolívar elevado en el dolor de una patria sumida en la inmoralidad, en el anti-patriotismo y en la anarquía nos acuse de que sus enemigos nuevamente hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad.

¡Viva bolívar!

Aquí estamos Padre, dispuestos a impedir que tu nombre sea ultrajado, que tu memoria sea sepultada y que tu gloria sea vilipendiada.

reyesomar@hotmail.com
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Robert Reyes


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