La oligarquía obrera de las empresas básicas trancó la Ciudad Guayana por centésima vez

Por centésima vez uno de los tantos grupos sindicales de las empresas básicas, procedió a cerrar varias calles de Ciudad Guayana, provocando otro día de catástrofe en los pobladores de nuestra urbe. De nuevo la misma excusa: "los sagrados derechos de los trabajadores". Tales “derechos sagrados", son, entre otros: que no le gustan los juguetes navideños entregados a sus bebesitos; que el bono jerárquico no les ha sido cancelado; que les deben tanto de cesta ticket; que el contrato colectivo no ha sido firmado; que aspiran entre 60.000 y 300.000 bolívares de compensación por vencimiento del contrato colectivo; que 100 tercerizados, de los 6.000 que ingresaron a SIDOR este año, no han podido entrar aun a la empresa; que les deben el bono de productividad; que apetecen les cancelen más de ciento veinte días de aguinaldo; que aspiran una cobertura médica por un monto muy superior al que ahora disfrutan; que solicitan recálculo de la cifra pagada este año por bono decembrino, y así, cada mes, por éstas o parecidas razones, uno cualquiera del centenar de sindicatos de alguna de dichas empresas, cierra la ciudad, siempre con el móvil salarial por delante.

Mientras presionan para conseguir sus “sacrosantos derechos”, el millón de habitantes de la ciudad tiene que aguantarse los abusos y antojitos de estos sindicatos busca lochas, cuyos dirigentes se hacen llamar: “bolivarianos, marxistas, leninistas, comunistas, socialistas, chavistas, zamoranos, izquierdistas, revolucionarios, camaradas, compatriotas”, etc.

Lo cierto es que nunca están satisfechos con sus beneficios salariales (superiores por cierto a los percibidos por los demás trabajadores del país), recibidos de unas empresas quebradas, con años en saldo rojo, que subsisten hoy día, gracias a las recurrentes ayudas enviadas desde el gobierno central, pues tales empresas no producen en la actualidad ni siquiera para pagar la nómina de su fuerza laboral.

Pero aquí no terminan las “luchas” de estos “sacrificados líderes”, no basta con cerrar las avenidas de acceso a nuestra ciudad; las propias empresas donde laboran tales “paladines”, son víctimas recurrentes de su irresponsable actuación (hoy mismo, cuando redacto este artículo, 08-12-2012, en el diario Primicia leemos noticias como las siguientes: “los trabajadores de la Planta de Pellas de Ferrominera Orinoco paralizaron sus labores; solicitan la destitución de la gerente de la empresa”; igualmente, “El Secretario General del sindicato de Sural C.A., se encuentra en huelga de hambre y la empresa está casi paralizada; la protesta es por el pago total de las utilidades”). Todas las semanas el cantar es el mismo en varias de tales empresas.

Los paros laborales son a veces por los motivos más increíbles. En ALCASA, por ejemplo, meses atrás, un grupo sindical detuvo la empresa durante varias semanas con el propósito de lograr la salida de su Gerente General, pues este hombre, un trabajador designado para tal cargo en el marco del Control Obrero”, no pertenecía al combo promotor del conflicto. Al final tuvo que salir dicho gerente, y quien lo sustituyó fue el sindicalista, cabeza del paro. Las pérdidas fueron millonarias, sin embargo al responsable no se le sometió a juicio legal, al contrario, se le premió con el puesto de Gerente General.

Por su parte, ni el gobierno regional ni el nacional hacen nada para enfrentar con firmeza la irresponsable conducta de la oligarquía sindical regional. Ambas instancias se lavan las manos y dejan al garete la evolución de los acontecimientos sobre esta materia. La consigna respecto a ellos es no tocarlos, darles lo que pidan, tratarlos con guantes de seda, complacerlos en lo que soliciten. Todo esto lo sabe el presidente Chávez, el gobernador Rangel Gómez, los ministros del gabinete, y dirigentes del PSUV; pero nadie procede y enfrenta con firmeza la situación a fin de corregirla en beneficio del colectivo guayacitano. Lo cierto es que en razón de tal dejadez gubernamental, esos grupos actúan con manos libres. Hacen lo que les da la gana cuando así lo decidan y cuantas veces lo quieran. Son los intocables del poder regional, apenas un centenar de privilegiados hombres, beneficiados además con el recurso del fuero sindical, un instrumento de poder que los exime de cualquier responsabilidad en las tareas productivas de la planta, y de la obligación de asistir regularmente a la misma. Vestidos de rojo se pavonean por las calles y avenidas, a sabiendas de su fuerza y del temor que provocan sus amenazas y actuaciones en las instancias de gobierno. En la población, el sentimiento es de frustración por la anomia reinante; también, de rabia por los sinsabores ocasionados por las recurrentes trancas; del mismo modo hay miedo en la gente de la ciudad, tanto como para impedir alguna acción de denuncia a este respecto. Y hay razones para que exista miedo, pues muchos miembros de la oligarquía sindical son hombres dispuestos a proceder de manera violenta y a desenfundar sus armas de fuego ante situaciones que no sean de su gusto.

Esta es parte de la pintura de la situación sindical en Ciudad Guayana. Lo lamentable es que no se vislumbra por ningún lado algún plan oficial con miras a solucionar el problema, menos ahora, en tiempo electoral, cuando interesa a los candidatos a la gobernación de Bolívar y a la Asamblea Legislativa regional, el voto de la masa trabajadora, votos que pueden decidir el resultado de la contienda del próximo 16-12-12. Sin embargo, agregamos para terminar, deberían pensar los responsables, directos e indirectos de lo que aquí hemos descrito, que la gente se cansa de tanta insensatez, y en nuestro caso estamos llegando al borde. Por ello recomendamos al presidente Chávez retire lo dicho por él en mala hora, aquello de: “me la juego con los trabajadores”, pues los de aquí no merecen tal confianza de su parte, como se habrá dado cuenta; estos son en verdad unos oligarcas sindicales, succionadores insaciables de dinero, unos pragmáticos, sin convicciones políticas. Su única convicción es: plata sonante, contante y constante; plata y más plata. Eso de la Revolución y del socialismo del XXI les importa un bledo.

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