Morel no encuentra cómo seguir jodiendo a los neoespartanos

Obsoleta y picaresca la política administrativa de Morel Rodríguez como gobernador y de nuevo candidato por segunda vez a la relección de aspirante a jefe del poder ejecutivo del estado, lo que le daría en caso de ganar: doce años continuos detrás del presidente Chávez, disfrutando de una larga luna de miel, bien provechosa a su placer en su condición de mandamás desde que la Constitución Nacional fue reformada.

Y con ese afán de mantenerse timoneando la nave del estado a su libre albedrío hace todas las tracalerías políticas que como maestro de escuela prestado a la política pudo haber aprendido en su larga historia de vivir a costilla del estado venezolano dentro del Estado Nueva Esparta –el que El Cura de San Juan de dios lo bendijo desconsolado y, le dijo, aprovecha hijo mío, que algún día se te va acabar y cuando ese día llegue, será tu juicio final, y sin que nadie te acompañe- y, Morel envalentonado, le contestó, todo lo que este servidor tiene –señor Cura-, lo ha logrado a la buena de dios.

Antes para ver a Morel había que ir a la gobernación a hacer cola de madrugada y, desde que comenzó la campaña electoral hacia el 16-D, casi todos los adecos –taxistas y afectos- de la isla lo tienen ocupando todo el vidrio trasero de su carro con una sonrisota flatulenta de atracción: Morel Gobernador y, uno se lo queda mirando y, piensa, otra vez con el mismo meollo y la isla a la deriva, cada vez más destrozada por dentro y, éste sinvergüenza quiere seguir siendo gobernador con los mismos idiotas de la sinrazón acompañándolo –gracias, al eslogan: “adeco es adeco…” y, lo demás es cuento y, un grupito de adentro y de fuera chupándose los dedos de la corruptela del esfuerzo del producto que se deriva de la democracia y del petróleo. Y, venga más que el futuro nos pertenece –dirán ellos.

Pero eso no es todo, pues el gobernador Morel, regala desde una aguja de tejer mallas y créditos que empuja a muchos pescadores a conseguir esos créditos que hagan posible ponerse en un bote con motores fuera de borda con todos los demás enseres necesarios de poder andar en el mar en faena de pesca y, ¿cómo camina ese negocio y, cuánto hay para eso? No se sabe. Secretos de estado Sancho –diría dQ.

Pero lo más fantástico y atractivo de la popularidad del que el gobernador Morel Rodríguez hace gala es, la selección y repartición de su bolsa de comida, la que lo hace un planificador de la realpolitik de subsistencia del margariteño que desde hace años él implantó como un subsidio al pueblo pobre –se supone- y el que no la disfruta es porque bien bolsa no es. Y, como el domingo me entregaron una, la describo después de desbolsar su contenido en casa:

Cuatro chupi chupis verdes más un paquete de maíz de cotufa para las palomitas nocturnas más un jabón azul de lavar más un paquete de avena en hojuelas con gorgojos más una bolsita de arroz más dos latas de sardinas sin marca más un frasco de salsa de tomate tapa amarilla más un paquete de harina blanca más una bolsita de chicharrón sin aceite más dos paquetes de espagueti sin fecha de vencimiento y, no recuerdo si metió caraotas y, lo más emocionante e inquietante un sobre contencioso del “Proceso estratégico de planificación y gestión gubernamental”, donde aparece además un cuadro sinóptico de la ética y eficacia de la gestión pública del ciudadano gobernador de Nueva Esparta y, lo más hermosos y conmovedor es la foto de Morel riéndose de este a oeste y, al lado se lee: con Morel sigue el proceso. ¿Y cuál, no lo refiere –ni de vaina?

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