Tremendo candidato a Gobernador nos gastamos en Mérida

Por fin, coño, alguien que de veras vale la pena, y en el que uno puede confiar plenamente como revolucionario, como ser humano leal y franco: Alexis Ramírez.

Ya estábamos a punto de tirar la toalla y resignarnos con cualquier negociante de partido que con artimañas lograra encaramarse en los cuadros del poder. Esta vez no ha sido así, luego de dos fracasos rotundos, el primero con Florencio Porras y el segundo con Marcos Díaz Orellana.

Florencio Porras ha decidido lanzarse por su lado con el apoyo de unos alzados del partido Comunista en la región y un grupo de funcionarios (muy grises, inocuos y muy reaccionarios) que le sirvieron en sus dos gestiones pasadas. Este lanzamiento contra el Comandante-Presidente Chávez, porque Florencio en el fondo, por odio, por envidia y desmedida codicia odia a Chávez, permitirá depurar un poco al movimiento bolivariano en nuestra región. Esas súbitas saltaderas de talanquera resultan al fin y al cabo muy saludables en momentos como estos.

La verdad es que las declaraciones de Florencio Porras en los últimos días son horriblemente ridículas, cómicas y contradictorias. Menos mal que por alguna mano bendita no llegó a ser electo candidato por el chavismo, porque a la vuelta de unos meses habríamos tenido en Mérida otra versión más cruda y virulenta del personajillo del Gato Briceño o del Falsón de Lara.

Menos mal.

Alexis Ramírez es ingeniero forestal egresado de la Universidad de Los Andes. Desde este lado de la ULA, va a surgir cierta guerra sucia contra ALEXIS, porque no se le perdona a este camarada su carácter y su valor revolucionario a la hora de enfrentar a las huestes de bandidos que de siempre han administrado a las llamadas universidades autónomas, para convertirlas en guaridas de la ultraderecha y de los partidos más reaccionarios de Venezuela. La ULA desde 1998 se ha convertido en un centro conspirador, nido de bandas criminales en las que han actuado fuerzas paramilitares colombianas, y desde donde se ha herido de bala (con armas de guerra) a 79 policías, y se han asesinado a varios estudiantes revolucionarios.

En la política de partidos, debo confesarlo, he conocido muy pocos seres, digo, con la amplitud humana, la serenidad, sencillez, lealtad y valentía, y con un verdadero criterio socialista en la acción revolucionaria. Florencio Porras siempre se ha vanagloriado de no ser socialista, y Marcos Díaz Orellana nunca ha sabido qué es eso.

Alexis Ramírez proviene de la escuela política de nuestro amigo común, y ya fallecido, Giandoménico Puliti: Escuela de batalla ardorosa por los ideales bolivarianos, por la soberanía nacional y la integración latinoamericana.

Mi amistad con Alexis Ramírez se remonta a los primeros años de la revolución chavista, surgida al calor de los combates en la siempre convulsa y caliente Mérida, en la ciudad donde la ultraderecha ha intentado montar uno de sus más poderosos headquarters.

Fueron aquellos primeros encuentros, un tiempo de llamaradas violentas y de embates sangrientos, con turbas de supuestos dirigentes estudiantiles que se hacían pasar por bolivarianos cuando en verdad cumplían un papel de infiltrados, de quintas columnas. Supuestos dirigentes estudiantiles que poco a poco fueron cambiando sus progenituras por un plato de lentejas y entre los cuales cabe mencionar a Caracciolo León, Omar Ruiz y Nixon Moreno, entre muchos otros.

Alexis conoció a esas camaleónicas figuras, y en su momento supo enfrentarlas, tanto en el Consejo Universitario, como en los debates que se daban en distintas facultades de la ULA.

Es Alexis Ramírez, de esa generación de aguerridos jóvenes que vinieron a hacer carrera política a Mérida desde el Valle de Mocotíes, entre los que debemos mencionar al ya citado Giandoménico y su hermano Ivano Puliti, como María Alejandra Castillo; jóvenes que sufrieron la metralla y las bombas lacrimógenas de los gobiernos de adecos y copeyanos como los de William Dávila Barrios y de Jesús Rondón Nucete.

Cuando más trabajamos en pos de los cambios liderados por el Comandante Chávez en el año 2002, fundamos el diario Despertar, y Alexis entonces era representante estudiantil ante el Consejo Universitario de la ULA. Fue la época en que Tareck El Aissami se desempeñaba como presidente de la Federación de Centros Universitario de la ULA, y un grupo de jóvenes daban la batalla contra la derecha ultramontana de los capos de toga y birrete, como Lester Rodríguez, Mario Bonucci y Genry Vargas. Se destacaban entre aquella generación de batalladores estudiantes, que luego llegarían a ser alcaldes, diputados, gobernadores, y ministros del actual proceso revolucionario: Carlos León, Hugo Cabezas, Cristian Zerpa, Ismel Romer Serrano, Jehyson Guzmán, Edwin Rojas y el ya mencionado camarada Tareck El Aissami. 

Muchos fueron los coñazos que recibieron aquellos estudiantes bolivarianos por parte de las bandas armadas de lo más reaccionario de la Universidad de Los Andes. Memorable fue la golpiza que le dieron en el 2002 (luego del golpe de abril) a Alexis Ramírez, en la Federación de Centros Universitarios. Tragó polvo pero nunca mordió el polvo (de la derrota), decíamos entonces. En aquel trance, las bandas adecas y copeyanas dieron su propio golpe de Estado dentro de la FCU de la ULA y trataron de adueñarse de ese centro al mero merísimo estilo adeco, a fuerza de cabillazos, tiros y palos.

No pudieron.

En aquel memorable año de 2002, yo solía encontrarme en las instalaciones del Centro Cultura Tulio Febres Cordero al entonces chamo Alexis (lo sigue siendo), a quien veía venir de mil escaramuzas, como despelucado, saliendo de alguna trifulca bestial entre las frecuentes embocadas que le tendían a nuestros muchachos las bandas de los carajitos de bien de la burguesía adeco-cristiana.

Fueron días en los que la ultraderecha pugnaba por apoderarse de los frentes universitarios, que venía conquistando la izquierda desde la década de los sesenta. Una lucha feroz que a fuerza de una estrategia diseñada por la embajada norteamericana, en combinación con la iglesia (bajo la dirección de Baltazar Porras) y de los comerciantes ultramontanos, final y desgraciadamente, lograron tomar algunos importantes bastiones.

Alexis Ramírez se dedicó a organizar un frente de irreductibles luchadores de la Facultad de Ciencias Forestales, en el que se encontraban radicales de izquierda como el profesor Guido Ochoa y Manuel Briceño (hoy también diputados a la Asamblea Nacional), Ernesto Arens, Edgar Rodríguez, Heriberto Gómez, entre otros.

Aquel muchacho Alexis, curtido en mil contiendas, fue levantando su propia formación ideológica, a base de escuchar, de leer, de bregar contra los más feroces reaccionarios de la ULA, y en ese batallar, logró atender con humildad y seriedad escollos terribles en los que se requería un pulso especial para contener los embates de los escuálidos.

Nunca vimos a Alexis escurrir el bulto en las situaciones más difíciles, y sus posiciones se las fue ganando a pulso. Salió a dar la batalla por una curul en la Asamblea Regional de Mérida, y con aquel porte de chamo, entonces logró ser el diputado más votado de Mérida. Yo solía encontrarme a Alexis en su oficina del CLEM atareado con su nueva labor de legislador y decidido a dejar una huella como Presidente, porque era un cargo que se lo había merecido por la alta votación recibida. Durante su período como legislador batió récord en aprobación de leyes que beneficiaban a las comunidades y a los sectores más deprimidos del Estado. Le metió el hombro a la cultura, se preocupó por los medios alternativos y aupó decididamente a los trabajadores que tomaron el diario Cambio de Siglo, con el firme propósito de que luego este medio se convirtiera en otra artillería del pensamiento, pero lamentablemente Alexis en esa lucha no encontró el apoyo que esperaba.

Otros destinos en el combate político le esperaban, y fue cuando Alexis decidió asumir el reto de lanzarse como diputado a la Asamblea Nacional y en una prodigiosa campaña por todo el Estado tuvo como peligroso contendor al ex gobernador copeyano Jesús Rondón Nucete, mejor conocido como El Reyecito. Rondón Nucete retó a Alexis, creyéndolo inexperto para un debate público, y se llevó una tremenda sorpresa, cuando ante centenares de partidarios de ambos bandos, chavista y escuálidos el joven lo revolcó inmisericorde en el Centro Cultural Mariano Picón Salas de El Vigía. Aquel debate hay que calificarlo de histórico porque tanto desde la derecha como desde la izquierda se consideró un atrevimiento desmedido de Alexis el retar a tamaño pez gordo de la región, conocida la experiencia en las lides político-partidistas de El Reyecito.

Como presidente de la Asamblea Legislativa Regional, Alexis inició la aprobación de unas serie de leyes para la creación de empresas mixtas, y para darle poder a los Consejos Comunales.

Habiendo sido electo diputado a la Asamblea Nacional, entonces pasó a dirigir a los distintos frentes de custodios que se formaron en la ciudad para vigilar los terrenos de uso público.

Muchas son otras las peleas que Alexis está llevando a cabo desde la Asamblea Nacional, al lado de Diosdado Cabello. De muchas otras batallas podría hablar de este joven noble y sencillo, de este merideño ejemplar, por su bondad y su espíritu altamente bolivariano. Terminaré diciendo que lo considero como un hijo, como un hermano y amigo. Un hijo de esos que se encuentra uno, como aquel Antonio José que se encontró El Libertador un día de brega incesante en la riberas del Orinoco y cuando gritó, ¿y quién está allí?, y del fondo de las tinieblas alguien responde: el general Sucre y a lo que Bolívar contesta arrecho, no hay tal general y ordena atacarle

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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 @jsantroz

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