Opinión e Historia

El puente sobre el lago de Maracaibo i sus recuerdos

“El olvido está lleno de memoria”

Mario Benedetti


Recuerdo la transformación de mi aldea o pueblo grande de Maracaibo, en ciudad, desde los tiempos de la dictadura gomecista, cuando mi padre llevaba a mi casa tres periódicos: PANORAMA, fundado desde 1914, EL EXCELSIOR, tabloide un poco más grande que los de hoi, i el vespertino LA COLUMNA. A la caída del dictador de los 27 años crueles, recuerdo el saqueo de dos casas vecinas; en una vivía un señor Mibelli (creo), i en otro, uno casado con la hija de otro vecino, llamada ella Chabela Tinoco. Hubo gritos, escándalos i tiros, i papá , porque el lado correspondiente a esos vecinos, nuestra casa tenía un gran corredor de ventanillas llamadas romanillas, no nos dejaba acercar a ellas o pasar por allí, a menos que lo hiciéramos agachados, por el peligro de una bala perdida. Son recuerdos de la niñez, que con el tiempo parecen estar más presentes o nítidos. Era también el tiempo de los tranvías eléctricos, i hasta recuerdo la llegada de los dos primeros autobuses más grandes i modernos, pero de motor en la trompa, aunque diferentes a otros mui pequeños de bancas largas i colector parado en un descanso, de la única puerta trasera i que cobraba al entrar. Los nuevos eran amarillos; uno llamado “Rafael Urdaneta” i el otro “El Brillante”. I pasaba por el frente del Hato (donde actualmente está el edificio de Corpozulia) el heladero Elías, con su carrito de tracción por un burro, con helados de sorbetera i barquillas criollas. ¡Que ayer inolvidable!

Por eso, ya los tiempos de la construcción del Puente sobre el Lago, constituía la superación de la ida a la Costa Oriental, sobre todo a Palmarejo i Los Puertos de Altagracia i el Jobo, tomando hacia el norte, i naturalmente, a Barrancas, La Rita, Cabimas, Bachaquero i Mene Grande hacia el sur. Se pasaba el lago en piraguas de vela o en bongos ya con un motor interior, adaptado de algún carro viejo. Una vez temperamos cerca de Barrancas, en una casona de tres ventanas al frente, luego de haber pasado el sarampión que nos dio a casi todos los hermanos juntos. La aparición de los Ferris, fue una celebración i un avance increíble. La gente recordaba mucho el naufragio de la Ana Cecilia, una piragua que se hundió por exceso de pasajeros i una tormenta. En los primeros Ferris, viajamos en uno de puertas laterales incómodas; creo que se llamaba el Coquivacoa, que atracaba en el muelle, frente a los edificios gemelos del Correo de Maracaibo, unidos por un puente aéreo. La llegada era en Palmarejo, donde se hizo una oficina de recepción, un local de comidas i la venta de boletos, para venir a Maracaibo. Tenía un muelle largo de dos vías estrechas i una parte ancha al final. Todavía para ese tiempo, las casas (porque vi la de un señor Luis Emiro Rubio, casado con una prima lejana) se alumbraban con luz de carburo, que encendían como velas i el ambiente tenía mal olor. En esos tiempos la pesca era abundante; alrededor de los Ferris se formaban cardúmenes de bagres, i un amigo mío, que fuimos de paseo en bote de remo a la Isla de Pájaros, cuando se bañaba, se le clavó la aleta dorsal de un bagre, en el talón de un pie.

Pues bien, los Ferris se hicieron cada vez más grandes i mejores, pero de todas maneras, pasar el lago, llevaba alrededor de una hora i cuando el tránsito era intenso, se hacían grandes colas para abordarlos, aunque ya más cómodos con una puerta adelante i otra atrás. Esos detalles son otra historia o recuerdos.

Llegó el momento en el cual, el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, hizo el proyecto de un puente sobre el lago, cuyos detalles el lector puede ver un excelente reportaje del periodista César Bracamonte –aunque hai mucha bibliogradía− en una entrevista al ingeniero Oscar Benedetti, uno de los ingenieros venezolanos, quien trabajó con muchos otros criollos i extranjeros. (quien participó también en el Puente Angostura sobre el río Orinoco); entrevista en la cual asoma los principales detalles, diciendo que fue el puente más barato del mundo, pero no porque a la caída del régimen perezjimenista la IV República administrara mejor, sino porque Lárrazabal, barman de Pérez Jiménez i cuatrista o guitarrista de ocasión, paralizó la obra porque era una construcción suntuosa, i luego el presidente o dictador electo Rómulo Bethancourt, le hizo más recortes que a un flux o camisa de pobre, porque ese señor siempre desdeñó al Zulia. El puente tuvo la mayor supresión, al quitarle la vía férrea, puesto que aquellos adecos golpistas no tenían visión de futuro. Por eso dice textualmente Benedetti: El puente estuvo “muy alejado de la versión principal” (algunos dicen que tenía restaurante i centro recreativo o de diversión en medio del lago), aunque es verdad, construido con tecnología de punta para la época. Por eso es un puente seguro i respondió con menos daños de los esperados, luego de ser chocado por un tanquero petrolero. Hubiera sido, en cambio, seriamente despedazado, si el buque “Pilín León” habría explotado, como amenazaban los golpistas de abril i del paro petrolero.

Sin embargo, deseo referirme a un recuerdo insignificante para muchos, la experiencia que yo tuve en esa construcción que fue llamada “El Coloso”.

Cuando estuvo totalmente construida la plataforma de rodamiento, pero sin barandas, sin las altas pilas con cables tensores (hai en el reportaje que cito, una foto así) el Ministerio de Obras Públicas daba un permiso, sin responder por los riesgos posibles, a las personas que desearan pasarlo. Obtuve ese permiso (igual hice en Mérida cuando se construía el Teleférico, i subí en los cajones de carga, aventura que también narraré en otra oportunidad) i con una hermosa i pesada camioneta Buick que había estrenado, junto con mi esposa i dos hijos –Mary, Leonardo i Andrés Eloy− subí a la larga plataforma (más de 8 kms.) la cual me impresionaba sumamente estrecha, sin barandas i con un viento de intensidad apreciable; transité a baja velocidad por todo el medio i agarrando el volante como si se me fuera a desviar la dirección por el viento o algún inadvertido desnivel de cemento, concluyendo el paso con el corazón acelerado por la responsabilidad que tenía. Por eso el regreso, ya más tarde i con más viento (fue una tarde como a las 2) tuvo las mismas emociones i temores, para convertirlas más tarde en una inmensa satisfacción i alegría. Había pasado el puente de los anhelos, de todos los zulianos i venezolanos, antes de su inauguración.

Antes, en prensa, revistas, libros i todo lo que pudiera expresar el sentir de los zulianos –principalmente maracaiberos− o todos los venezolanos, por la necesidad de una comunicación de ese tipo con la costa oriental del lago. Con las celebraciones del pueblo, la inauguración i el regocijo de los habitantes beneficiados con la magna obra, vinieron otras celebraciones, entre ellas un concurso literario de Ensayo, que pintara en letras, la importancia i belleza del acontecimiento. Tengo entendido que concurrieron muchos, entre ellos quien escribe, con un ensayo que tomando en cuenta la formación posible de este reservorio de agua dulce, pero con comunicación con el Golfo de Venezuela, i creando una leyenda indígena i con los inmensos deseos del pueblo, titulé el ensayo EL PUENTE DE LOS ANHELOS. Del evento no se supo nunca nada; por lo menos de mi parte fue así, i pasaron los meses i años, sin que se diera ningún veredicto, i todo quedó en el olvido. Entonces, muchos años después, i encontrándome con un abogado mui conocido en la ciudad que, fue jurado, lamentablemente ya fallecido, el acercamiento no se realizó con ese propósito sino una de las tantas tertulias culturales que hacíamos un pequeño grupo. Al preguntarle como una curiosidad qué había pasado, me contestó con gran indiferencia: −Allí no había nada que valiera la pena; pura basura, nada de valor i por eso lo consideramos desierto. Sin embargo había rumores desde un principio de que el jurado no había leído nada, i para salir del compromiso, lo declararon desierto. Que yo sepa, ni siquiera se declaró así.

Luego, con el paso de los años, me tocó estar en un jurado para una tesis literaria de un Curso Universitario de Literatura Indígena, i me conseguí que uno de los más grandes intelectuales del Zulia, i poeta extraordinario, de los pocos venezolanos que figuran en las Antología Universales de la Poesía, el Dr. Camilo Balza Donatti (zuliano por adopción, pues nació en Anaco, Estado Anzóategui) en su tesis sobre Leyendas Indígenas (no conozco el título definitivo), tuvo conocimiento de mi obra, le pareció interesante i bella, i la incluyó en el libro que piensa publicar.

De este modo, ahora cuando el diario QUÉ PASA, de mis amigos Gastón Guisandes López i su hijo, publica en primera página que el Puente sobre el Lago, sopló sus cincuenta (50) velitas por su cumpleaños, también soplo las cincuenta mías por EL PUENTE DE LOS ANHELOS. Resulta que en Maracaibo, como provincia, cuesta mucho publicar, porque editoriales como Monte Ávila, El Perro y la Rana, Armitano Editores i muchísimas otras que hai en Caracas, no consiguen fuera del centro, ni escritores, ni intelectuales, filósofos, historiadores, cronistas, literatos o poetas, en este Estado Zulia que por lo menos votos si aporta. Además los poderosos del medio, como los de Caracas, prefieren o se deslumbran por los extranjeros, así vengan de la Cochinchina como se dice, i les voi a poner dos ejemplos que me constan por ser el protagonista, no diré la víctima. Hace tiempo concluí uno de mis mejores cuentos por bello e instructivo: CANCIÓN DE NAVIDAD, dedicado a mis hijas, aunque a la del primer matrimonio, ya le había dedicado CUÉNTAME LA NAVIDAD, que es un tema mui estudiado i trajinado por mí. Ese cuento, CANCIÓN DE NAVIDAD (el de Dickens es CUENTO DE NAVIDAD) contiene preciosas ilustraciones del mismo autor, i lo ofrecí hace años al BOD para que lo publicara i obsequiara en Navidad, sin reclamar ningún pago o prebenda. Lo tuvieron en el Departamento de Cultura casi cuatro años o más, i no lo publicaron por falta de recursos económicos. En otra ocasión, el BCV (Seccional Zulia) me prometió patrocinar una exposición de arte (óleos, acuarelas, tinta china i dibujo) i hasta visitamos i escogimos los salones apropiados por lo grande de la muestra. Luego, silencio en la noche. Ninguna respuesta o señal, e indirectamente supe que fue por el problema económico, la falta de recursos i la indiferencia total para el artista, cuya obra valoró una vez (cuando expuse en Caracas en el Club Los Cortijos), nada menos que Don Tito Sala, Tomás Golding, Luis Alfredo López Méndez, Miguel Renón i otros. Cosa igual, i más veces, me ha sucedido con las publicaciones, incluyendo una Biografía de Urdaneta que se quedó en el primer tomo, i la Biografía de Humberto Fernández-Morán, que ganando el premio Fundacite, las normas decían que debía ser una edición de 3.500 ejemplares, i solamente se hicieron mil, con lo cual el libro es prácticamente desconocido, pues en los envíos a entidades científicas, casi se agotaron.

Por eso el Puente sobre el Lago, en gran parte siempre me lleva no a la costa oriental, sino a un conjunto de recuerdos –gratos o ingratos− que, se quedaron allí, en EL PUENTE DE LOS ANHELOS.
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Roberto Jiménez Maggiolo


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