Ciudad Bolívar

Traducir la Medalla de Oro

Hace varias décadas ya que con cierta frecuencia visito Ciudad Bolívar. Por mi esposo, productor en La Paragua, pero también cuando yo investigaba los aspectos bioquímicos del parásito de la malaria, que atacaba sin piedad a los mineros del Estado Bolívar, por allá, en los lejanos años 80, siguiendo el rastro del Dr. Gabaldón.

Siempre me ha gustado Ciudad Bolívar. El soberbio Orinoco, pasear por sus orillas, las fachadas coloniales, su historia, su verdor. Pero ciertamente hay que reconocer que ha sido una ciudad olvidada. La única ciudad bautizada con el nombre del Libertador, Bolívar, que tiene ahora un magnífico Mausoleo y una esplendorosa urna de perlas, diamantes y oro guayanés. La ciudad donde plasmó su famoso discurso de Angostura.

Esa ciudad está en las ruinas. Abandonada aún más, creo que por los efectos negativos que seguramente en ella produjo el segundo Puente sobre el Orinoco. Incluso desde la creación de ciudad Guayana, que de alguna forma desplazó la actividad laboral a Puerto Ordaz, de forma semejante a lo que pasó con San Félix.

Abandonada ostensiblemente cuando su hermoso puente sobre el Orinoco, construido en 1967, no se ilumina ya de noche. Cuando lo que se llama Fuente Luminosa es una fuente oscura, de noche y de día, que funciona apenas como simple redoma. Cuando me refieren que los apagones son frecuentes. Y todo eso a pesar de que la Central Eléctrica del Guri aporta más del 70% de la energía eléctrica que consumimos todos los venezolanos.

No he visitado últimamente el museo Jesús Soto, otro hijo honorable de la ciudad, pero confío en que se conserve. Y hasta extraña que no exista una obra suya instalada a lo largo de alguna vía urbana principal, para ser admirada al pasar. Como nos pasa a los caraqueños con la Esfera de Caracas, o a los margariteños con la esfera bautizada La Perla.

Hoy se trata además de la ciudad que nos dio a Rubén Limardo y su medalla de oro. Es menester que la medalla de oro se traduzca en recuperar y mejorar a Ciudad Bolívar; oro con efecto disparador.

Por eso nos alegra que hace pocos días se haya iniciado la fiesta del asfalto y que se ocupe de tantas calles destrozadas. Fundapatrimonio pudiera asumir el rescate de las edificaciones a lo largo del Paseo Orinoco. El Ministerio del Deporte que llene sus urbanizaciones con parques deportivos, y que a alguien se le ocurra que vale la pena construir un cine para la sana diversión.

Para que a corto plazo podamos declarar con orgullo: ésta es la ciudad del discurso de Angostura, de Jesús Soto, de Rubén Limardo, la capital del estado más grande del país y que tantas riquezas le da a Venezuela. Creo que tenemos ese deber: traducir la medalla de oro.

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