La Policía Municipal de Maracaibo sin municiones y desmoralizada

Vaya por delante nuestro hondo pesar y condolencias a los familiares y a todo el cuerpo de la Policía Municipal de Maracaibo. Otros dos zulianos, funcionarios de este cuerpo de seguridad, han caído en manos del hampa en el ejercicio de sus funciones. Lamentable, doloroso e indignante, por la valentía propia y por la cobardía ajena. Vergonzoso por el estado en el que se encuentra la organización a la que pertenecían y por la condiciones bajo las cuales continúan trabajando sus compañeros. Una vez más, nos unimos al luto que alberga a familiares y amigos.

Dicho esto, el estado de indignación general debe privar sobre el miedo y el abatimiento que alberga a los zulianos de que perdemos ante el hampa y las mafias pueden más que la sociedad regional. El miedo nos paraliza y privatiza. La indignación nos moviliza y despierta las energías sociales, para confrontar con sentido de estado y desde el interés público el problema de la inseguridad personal y de la violencia de las mafias. Las primeras informaciones daban a conocer un hecho verdaderamente repudiable, los funcionarios no tenían suficientes municiones en sus cargadores para poder defenderse del hampa. Queremos creer que esto no es verdad. Sin embargo, cierto o no, cada vez más salen a la luz pública detalles, incidentes, hechos, que ponen en evidencia lo que viene ocurriendo con la Policía Municipal de Maracaibo. Apenas días atrás en un diario de circulación regional, varios funcionarios con bolsas en la cara denunciaban sus condiciones de trabajo, el estado de chatarra de su parque automotor, la precariedad de sus remuneraciones, la escasa cobertura de su seguro de HCM y de vida

Mientras esto ocurre, la Alcaldesa de Maracaibo gasta el presupuesto en campañas milmillonarias de publicidad tratando de vender una imagen que nadie se cree; entre otras cosas porque el maniquí aunque a veces lo parezca no es de carne y hueso. Toda Maracaibo no solo conoce, sino que padece, el desastre de su administración, así como su abandono casi todos los fines de semana y días feriados. ¿Por qué, me pregunto, no destina parte de esos recursos a comprarle municiones y equipar al cuerpo policial y a convenir condiciones de trabajo que compense la exposición al riesgo mortal, bajo el que intentan sosegar el estado de zozobra en el que vivimos en Maracaibo? Polimaracaibo ha venido sufriendo desde la llegada de ésta gente al gobierno municipal, un proceso acelerado de deterioro organizacional, logístico y ético.

Recuerdo lo que decía el anterior jefe de la Policía Municipal, por cierto, con auto de detención y huyendo en estos momentos: el que quiera maíz que salga a buscarlo, cuando los funcionarios osaban reclamar mejores condiciones de trabajo. En aquellos momentos, como ahora, amenazaban a los funcionarios que osaban protestar con la apertura de procedimientos administrativos y la suspensión de sus cargos de manera arbitraria y en violación del estatuto de la función policial. Bajo la acusación de oficialistas sobre muchos de ellos se pierde la experiencia diluida en desempeños irrelevantes y cunde la desmoralización de la mayoría. Este proceso marcha a la par de una absoluta desidia en términos de mantenimiento y operatividad de la institución, afectando ostensiblemente la capacidad de respuesta y su eficacia.

Es urgente recuperar la Policía de Maracaibo, devolverle su prestigio, autoridad y operatividad. Todavía en barrios, urbanizaciones y opinión pública se quiere al policía municipal. La necesitamos como cuerpo ciudadano armado para devolverle seguridad y tranquilidad al maracaibero. La queremos aliada con la organización popular y ciudadana en procura de que en Maracaibo se pueda vivir sin el sobresalto de lo que nos pueda pasar en la esquina. Pero sobre todo la queremos atendiendo órdenes de un liderazgo de carne y hueso. La Policía Municipal necesita urgente otro Alcalde.

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