Victorio Macho ha sido uno de los más reconocidos escultores españoles del siglo XX y uno de los artistas peninsulares que a partir de 1936, se vinculó con América Latina, donde realizó importantes obras artísticas en el Perú, como el Monumento a Grau, existente hoy en Lima.
Mi conocimiento sobre el mismo fue casual, al haber encontrado y adquirir una fotografía de uno de sus colosales trabajos dedicada a su amigo el historiador venezolano Don Vicente Lecuna. Artista e historiador reunidos en 1945, idearon para Caracas un magno proyecto denominado “El Altar a Bolívar”, obra de grandes magnitudes que se realizaría en el Calvario y que fue concebida por el artista, ferviente admirador del Libertador, y a quien calificaría como: “El sublime Quijote Americano” y sobre cuyo legado señaló: “la semilla de sus profecías fecundó las entrañas vírgenes de la tierra americana y prendió en el alma de sus criaturas”.
Macho concibió todo un conjunto escultórico en homenaje al Libertador en cuyo centro se elevaría una columna de 50 metros, con un Bolívar mitológico, una imponente estatua ecuestre del héroe triunfante, aéreo, ágil, vivo, homérico, como si el bronce tuviese movimiento y su espada dirigida hacia lo alto en actitud de saludar al universo. Era un Bolívar en la exaltación suprema en su espíritu y en su gloria, no rígido y formal en la postura clásica del héroe pétreo, frío, lejano.
El monumento contenía la cabeza de un Simón Bolívar con juvenil semblante, natural y expresivo, gesto del hombre que camina, que anda por la tierra. Esta imagen parcial, es la que se erige en la Plaza Caracas de El Silencio y es copia de la que existe en Lima, al frente de la Casa de los Libertadores, en la zona de la Magdalena en Lima, donde vivió un tiempo Bolívar en aquella ciudad.
El proyecto de Victorio Macho no se llegó a ejecutar y, lamentablemente, se ha privado a Venezuela, muchas veces, de grandes obras artísticas de indiscutible calidad como lo merecen las ciudades, el ornato público, pero más la dignificación de la patria, sus hechos y sus héroes.
Si consideramos con la debida seriedad la manifestación artística como expresión rigurosa de genio y de calidad realizadora, mucho de los monumentos sobre el Libertador y otros personajes, distan de ser la acabada manifestación de rigor histórico y testimonio de valioso arte.
En América Latina, por ejemplo, entre las esculturas de alto significado y fidelidad sobre Bolívar se encuentran: la figura ecuestre del Libertador ubicada en la Plaza del Congreso del Perú en Lima, -que es la original de la estatua que de nuestra propia Plaza Bolívar capitalina-, y las elaboradas por Pietro Tenerani, la principal que forma parte del Mausoleo de Bolívar en el Panteón Nacional de Caracas, y en la Plaza de Bolívar en Bogotá, entre otras. Estas esculturas son fundamentales por el nivel artístico que contienen y por la influencia directa que sobre las mismas ejercieron personas que conocieron al Libertador.
Es por ello que se debe evaluar con buen criterio el significado de los monumentos y su realización, a fin de que las obras perduren no solamente por lo que representan sino por lo que son como hechura del arte, lo cual dignifica al personaje, a la ciudad que acoge el monumento, a los ciudadanos que lo admiran y lo hacen suyo, como verdadero patrimonio espiritual de un pueblo.
Sin desmeritar las obras realizadas, ni otras prioridades indispensables de las ciudades, no se debe improvisar en el arte de contenido patrio, llamado a testimoniar la nacionalidad, la grandeza heroica de nuestra historia, la dignidad de la República, el recuerdo de hechos forjadores de consciencia, de honor y de virtud, como tantos que ilustran la historia de Venezuela.
El arte expresa dignamente del espíritu de las naciones y la nuestra puede evidenciar a través de sus héroes, ciudadanos ejemplares y de su pueblo, nuestro empeño de ser la patria de la libertad.
* Abogado, escritor, biógrafo del Mariscal de Ayacucho.
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