Los mapas de la República Bolivariana de Venezuela

“Uno no escoge el país donde nace pero ama el país donde ha nacido…”

Gioconda Belli.


En días recientes en una alocución televisiva por el sistema de medios públicos, el presidente Chávez hacía referencia al uso de mapas actualizados para la planificación, obviamente que llamaba la atención del mandatario la desconexión del Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar con las distintas instancias de los gobiernos regionales. Lo curioso de esta reflexión es que el problema no es sólo con los distintos organismos regionales, también ocurre en instancias centrales. Revisando la página del SAIME notaba con curiosidad un link particular contentivo de una especie de tips sobre nuestro país, fundamentalmente dirigidos a extranjeros residentes o con esa idea; referían sobre las costumbres, símbolos patrios, Himno Nacional y sobre el territorio venezolano en general(http://www.saime.gob.ve/simb_patrios/Identidad.php#himno );al detenerme a leerlo enlazaba las palabras de Chávez con una constante en los últimos años, que se replica a nivel de la administración central y también en los espacios educativos, que es la de desaparecer de los mapas al territorio Esequibo.


Recordando algunos profesores en mis tiempos de pregrado en el área de geografía, el uso de la cartografía no es ingenuo, tiene una alta carga ideológica y por más que se pretenda hacer creer que es un elemento puramente técnico, lo cierto es que al momento de diseñar un mapa, el uso de los colores, el trazado y las deformaciones que se quieran hacer en el plano, u hoy en versión tridimensional, pueden apoyar cualquier proyecto de dominación o liberación. El conocimiento cartográfico puede potenciar la liberación, pero también puede conllevar a proyectos expansionistas. Valga un ejemplo; cuando en la década de los noventa algunas editoriales colombianas comenzaron a editar mapas con información falseada sobre los límites marítimos de la República de Colombia con la República de Venezuela, parte del Golfo de Venezuela salía señalado como territorio colombiano, a sabiendas de que aún no existe una demarcación definitiva de ese territorio, pero que Venezuela ejercer soberanía sobre esas aguas y que constituyen, según el Derecho Internacional Público, parte exclusiva de su soberanía. Podría leerse como un hecho aislado o sin importancia, pero ¿qué pasaría si una generación de colombianos se educa en una escuela que le enseña que su vecino es un invasor?

Ahora extendamos lo antes expuesto. Venezuela es presentada en las escuelas de Guyana como un invasor, no sólo allí, podríamos incluir a otras países como por ejemplo Bolivia, Perú o Ecuador, donde se considera la figura de Bolívar como de agente infiltrado por los Ingleses en el Siglo XIX. Es obvio que esta visión sesgada de la historia tiene su origen en el antibolivarianismo que se creó desde el mismo siglo XIX, potenciado por la más rancia oligarquía “culta” que fue la que terminó imponiendo la continuación del modelo colonial y desechando los movimientos progresistas, en casos como Venezuela era imposible hacerlo, pero ya en pleno siglo XXI vemos cómo la pequeña burguesía hace su descarga visceral contra cualquier intento de educar en base al pensamiento anticolonial y antiimperialista contenido en la extensa de obra de Bolívar.


Este proceso de uso constante de la geografía y la historia nos revela que la educación no es neutra, tampoco hay que negar que del lado venezolano también se creara una aversión a los vecinos, fundamentalmente a Colombia y Guyana como parte del “nacionalismo” encendido en momentos donde la popularidad presidencial bajaba y los Estados Unidos necesitaban de venta de armas; si miramos por ejemplo después de la crisis de la Corbeta Caldas de 1987, quién salió más fortalecido fue la industria miliar estadounidense que aprovisionó a los ejércitos de ambos países con su chatarra militar, lo que bien reflejaba Alí Primera cuando mencionaba cómo se quería ocultar el hambre con la Guerra. Hoy la historia es otra, Venezuela es la mayor reserva de energía fósil en la Región y no se encuentra al servicio de las trasnacionales, lo que ha supuesto un riesgo a su soberanía con la instalación de bases norteamericanas en Colombia, debiéndose hacer la diferencia que no se trata de una postura anti-colombiana, contra los millones de colombianos residentes en Venezuela, ni los que se encuentran en su país, el punto en este caso es la existencia de un gobierno narco-paramilitar que ha cedido su territorio en violación flagrante de la soberanía para la expansión de los interés norteamericanos y con el cual no se puede seguir manteniendo relaciones de alto nivel.

Retomando el asunto del Esequibo, los aproximadamente 150.500 Kms2 que lo componen representan casi el 60 % del territorio de la hoy República Cooperativa de Guyana surgida en 1966. Un país heredado de la colonia y un auténtico mosaico que se expresa en un racismo profundo entre los diferentes grupos étnicos que habitan ese territorio, con una población de casi un millón de habitantes y una cultura caribeña que lo ha acercado históricamente al Caribe más que con Suramérica. Guyana no sólo mantiene litigio con Venezuela, también con su vecino Surinam al Este. Su postura a partir de la independencia ha pasado desde convertirse en parte del movimiento de los No Alineados, hasta permitir la presencia de militares norteamericanos en su territorio. Sus relaciones con Venezuela han dependido, al menos en el Siglo XX, de los escenarios del capitalismo internacional, como lo revela la conocida Rebelión del Rupununi del año 1969, aunque en el año 1970 Rafael Caldera firmó el Protocolo de Puerto España que congeló la disputa durante 12 años, lo que permitió que no se gestionara una salida definitiva al conflicto y ahondó la influencia de Georgetown sobre la totalidad del Esequibo, logrando equipar mejor sus dispositivos militares y hacer presencia en el mismo.


 

El Esequibo representa importante riquezas minerales, forestales, pero también es fundamental en las aspiraciones de Venezuela de consolidar su fachada Atlántica según lo previsto en los Derechos del Mar. En la práctica hoy es mayor la presencia de minería de origen brasileño, que ha encontrado un corredor por el cual hacerse de riqueza a un muy bajo costo con permisos otorgados por el Gobierno de Guyana, que permiten la explotación en ríos colindantes con municipios del Estado Bolívar, lo que implica un deterioro ambiental gigantesco y una afectación directa a las comunidades indígenas de la zona.Lo cierto es que muchos esequibanos se encuentran a la deriva de ambos Estados Nacionales, aunque Venezuela desde el período Chávez ha ratificado la reclamación, el tono y la fuerza de la solución militar han disminuido, permitiendo algunos avances importantes al revivir las relaciones diplomáticas con las instalaciones de embajadores plenos, la adhesión de Guyana al Petrocaribe y algunas iniciativas Suramericanas. Lo cierto es que la ayuda de Venezuela se ve reflejada en regiones urbanas, y como he sostenido en artículos anteriores, existe un déficit en el manejo de las relaciones con Guyana, un abandono de poblaciones a los márgenes de ríos colindantes con el Esequibo, lo que supone una mayor atención al caso colombiano, mientras la minería ilegal y el narcotráfico avanzan por nuestra fachada Este.


La constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, establece taxativamente en el artículo 01 su derecho irrenunciable a la integridad territorial y en el título II, especificando sobre el territorio, el artículo 10 refiere sobre los límites establecidos que corresponden a los de la Capitanía General de Venezuela y de tratados y laudos arbitrales no viciados de nulidad, lo que implica la no cesión del Esequibo, privilegiando Venezuela, luego del Protocolo de Puerto España, la salida negociada al conflicto. Esto nos lleva a preguntarnos ¿por qué desaparecen el Esequibo de los mapas de Venezuela? La Constitución es clara y la Ley de Geografía, Cartografía y Catastro Nacional del año 2000, en su artículo 61 dice: “Quien elabore, publique o distribuya mapas, planos o cartas totales o parciales de la República Bolivariana de Venezuela o cualesquiera otras formas que incluyan su representación, que falseen en cualquier forma su información territorial, será sancionado con multa que oscile entre ciento ochenta Unidades Tributarias (180 U.T.) y trescientas sesenta Unidades Tributarias (360 U.T.)”.


¿Chauvinismo o realidad?, preocuparse por los mapas nos lleva a preocuparnos por el aprendizaje de la geografía, como profesor de la Geopolítica decidí hace dos años realizar una especie de test sin puntuación tomando como referencia una evaluación de una colega, quería revisar el manejo de los estudiantes del 3er. semestre de la información cartográfica más elemental, el mapa de Venezuela, la actividad fue diseñada para 45 minutos y tenía sólo dos preguntas que incluían la entrega de un mapa base con las divisiones político – administrativa y señalaba la posición relativa del país en el continente, la primera pregunta fue ubicar los estados de Venezuela y sus capitales, la segunda ubicar y mencionar los países con los cuales Venezuela compartía fronteras, los resultados fueron abismales, de una muestra de 22 estudiantes, sólo un 10 % logró en su totalidad ubicar los estados y capitales, un 100 % no logró identificar las fronteras de Venezuela.


En muchos casos no se conocían los estados, o se consideraba que poblaciones de su estado eran otros estados del país, y la vieja frase de que Venezuela limita con el Mar Caribe se repetía en los test. Considerando los resultados de mis colegas y los propios, había una tendencia clara, un desconocimiento del territorio nacional, desconocimiento que se ve reforzado con una serie de mapas editados de forma irregular que son distribuidos a través de nuestro sistema educativo formal. Caso particular, cuando me tocó ser facilitador de la Misión Sucre en su etapa inicial, algunos de los cuadernillos entregados como material de apoyo ilustraban el mapa de Venezuela sin el Esequibo, de igual forma se pueden encontrar en librerías o sencillamente en los buhoneros d las principales avenidas de las ciudades del país. El asunto no queda simplemente en las escuelas, en cursos de formación con funcionarios público en materia de geometría del poder, al revisar los organigramas de las Alcaldías Bolivarianas, muchas carecen de estructuras de catastro, lo que supone que toda la planificación y el presupuesto se invierte en forma asistencialista y no con una visión planificada sobre el territorio municipal que desconocen, lo que impide en primer caso un ordenamiento urbano real y una definición de zonas de desarrollo potencial. En pleno proceso de expansión de las tecnologías de la información, nuestras instituciones municipales carecen de información digitalizada en materia catastral, recurriendo aún a sistemas de archivos en físico.

Los SIG, hoy tan en boga, son completamente desconocidos y lo cierto es que hasta en límites entre municipios no existe claridad. La nueva Ley Orgánica de Educación refiere la necesidad de formar un individuo integral, con una conciencia geohistórica que le permita comprender su país, no puede haber transformación posible si el componente territorial no se suma a la planificación, sino existe una gestión sobre el territorio basada en una visión estratégica con principios ecológicos. En términos de seguridad nacional, es un riesgo que los ciudadanos de un país lo desconozcan, como me refería el Dr. Fermín Toro Jiménez en las gratas oportunidades que tuve de conversar con él, hemos tenido una tradición de muy malos negociadores a nivel internacional, pero a esto se le suma la terrible escuela que hemos heredado, que nos hace cada vez más ajeno del lugar o como sostienen algunos geógrafo de esa relación topofílica de subjetividad del sujeto con su morada.


(*) Prof. Universidad Bolivariana de Venezuela Sede Bolívar

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