Algunos comentarios sobre el Programa de Alimentación Escolar. (PAE)

“La primera escuela, es la escuela por antonomasia”, señalaba Don Simón Rodríguez al referirse a la escuela primaria. Allí se forman nuestros ciudadanos aptos para la vida social, política y económica de la república. Lo que allí se enseña y se aprende, nos va a acompañar toda la vida; esos conocimientos, vivencias y afectos permitirán o abrirán el camino para lo que viene en los siguientes subsistemas educativos. Nos hará fácil o tortuoso el camino.

Uno de los importantes logros de la Revolución Bolivariana se ha desarrollado en el área educativa, especialmente en el área de educación básica. Allí el impacto se ha hecho sentir en construcción y remodelación de infraestructura, disminución de la tasa de repitencia y deserción, aumento del número de cargos docentes activos, entre otros frutos El aumento de la matrícula escolar es extraordinario, en diez años hemos pasado a una población escolar de 7.598.497 alumnos, lo que demuestra con hechos los alcances de las políticas educativas bolivarianas.

Uno de los programas banderas de la Revolución Educativa ha sido el fortalecimiento del Programa de Alimentación Escolar (PAE). Nervio esencial de las políticas formativas que junto a la acción docente y fortalecimiento de la infraestructura constituyen en esencia los baluartes de la revolución educativa. Este programa, de acuerdo a datos del Presidente Chávez, ha pasado de una atención en 1998 de 1.164.978 comensales a 4.005.136. Es decir, de la población escolar actual de 7.598.497 alumnos en el sistema escolar nacional, el 53% goza de ese importante beneficio. La meta debe ser abarcar el universo escolar en su totalidad.

En días pasados, en reunión celebrada en la ciudad de Trujillo, funcionarios del PAE, anunciaron que -dada la disminución del ingreso per cápita- , se debían reducir las comidas siendo las mismas únicamente para los niños, exceptuando de este beneficio a los maestros. Independientemente, que los docentes gocen del bono de alimentación, creo que no se debe actuar tan a la ligera sin evaluar algunos componentes. El acto de alimentación, no obstante ser una función vital, es también un acto pedagógico donde todos, docentes y alumnos en correspondencia, realizan una actividad de aprendizaje que va desde el uso apropiado de los cubiertos, comportamiento en la mesa, aprendizaje sobre el valor nutritivo de los alimentos y vigilancia de su consumo, evaluación de la calidad de los mismos, de su preparación, de no malgastar la comida, entre otros detalles importantes. Por otra parte, la eficiencia de este programa no es sólo un problema cuantitativo, “de ingreso per cápita”, es un problema esencialmente de control que se expresa en el acceso de los proveedores a los productores e instituciones suministradoras de alimentos a las escuelas, la calidad de los productos, su preparación, su distribución de acuerdo a las necesidades de los comensales, de no preparar más de lo que se consume, en fin, de actuar de acuerdo a las circunstancias de cada escuela y de cada región.

No hago detracción sobre un programa tan importante, sólo opino sobre la necesidad de revisar, rectificar y reimpulsar programas esenciales cómo este que transforman y construyen la nueva educación venezolana a través de la satisfacción de una de las más importantes acciones humanas: el acto alimentario.



(*) Sociólogo
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