A propósito de las Comunas

En las últimas semanas el tema de la comuna ha estado en boga; se dice por un lado, que es la puerta de entrada al­ “comunismo” y, por el otro, que es un medio de empoderamiento popular. Las comunas, por tanto, son el tema del debate político nacional.

En nuestro país el tema no es nuevo. La primera comuna de la cual tengamos conocimiento se remonta a 1779, en el contexto de la lucha emancipadora republicana, en La Grita, como espacio de reivindicación nacionalista ante el coloniaje español.

Por una parte, la crítica se asienta en la “inconstitucionalidad” de las comunas. En este sentido, la participación y el protagonismo del pueblo, enraizados en la Carta Magna pudieran abrir el camino hacia la implementación de estas figuras asociativas–organizativas-participativas.

Por ello, el artículo 184 constitucional establece la transferencia de servicios a estados, municipios y comunidades organizadas, es decir, se establece la viabilidad jurídica de cualquiera forma de organización ciudadana.

Adicionalmente, experiencias sudamericanas en el tema han sido exitosas: ciudades como Buenos Aires o Santiago de Chile, se organizan administrativamente en comunas y, como sabemos, estos países no son expresión del “comunismo”.

Por tanto, las comunas no son más que un espacio de articulación y organización de la sociedad, para buscar la mayor suma de felicidad posible.

En el caso de Venezuela esa instancia de asociación y participación permite que los recursos del Estado lleguen a lugares recónditos del territorio nacional, y, además que, sean ejecutados de manera eficiente, eficaz y transparente. Este mecanismo permite transferir recursos y competencias a las comunidades, para que ellas atiendan necesidades autóctonas.

También rompe por completo, con la retrógrada idea del Estado Omnipresente y Omnipotente.

Ahora bien, no se puede negar que existen anomalías dentro de esas instancias de asociación, negarlo sería afirmar que los cuerpos sociales son perfectos, lo que no es cierto, ya que la sociedad por naturaleza es compleja, diversa, y heterogénea.

Por ello consideramos un error torpedear cualquier forma de asociación comunitaria e instancias de participación ante los organismos de Estado. Por el contrario, se deben fortalecer y orientar. Allí está la clave de vivir en una sociedad armoniosa y justa.

El autor es: Politólogo/Especialista en Sistemas y Procesos Electorales

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