La tercera derrota de Pablo

Pablo ha sufrido dos reveses de grandes magnitudes en apenas un año. A pesar que desde que ganó las elecciones, colgado de la chaqueta de Rosales, solo se había medido él o lo que él representa en una sola oportunidad —en la que obtuvieron más diputados que la revolución— ese escenario estuvo rodeado de una serie de circunstancias que no vamos a desarrollar aquí, y que poco o nada tuvieron que ver directamente con el seguimiento a su liderazgo. En aquel momento influyeron otras razones.

Este año el gobernador saliente —porque va a salir— ha demostrado lo débil, ordinario y simple de su liderazgo. Todos recordamos lo que pasó en el encendido de las luces del año pasado, en la tarima de donde arrancó su caminata. Todavía estamos esperando una explicación o unas disculpas del bochornoso acto posterior frente a Corpozulia. Luego vinieron las elecciones internas para escoger el candidato que perdería con Chávez y en las que Pablo participó lanzado por AD. También en ese entonces se develó lo básico de su pensamiento político y de sus ideas. En todos los debates quedó muy mal parado, dejando ver que el suyo es una jefatura inflada por las circunstancias, pero como todo lo que es artificial apenas se pone a prueba se muestra tal cual es. En esas elecciones le afincaron su primera derrota, más que ello fue una verdadera paliza.

Hace apenas un mes prometió a sus jefes en Caracas que iba a sacar un millón de votos para Capriles en el Zulia. Comprometiendo a la región con una candidatura que aquí nunca caló. No pudo ser peor su segunda derrota. La primera que le dieron algunos pretendieron justificarla. Pero aquí, una mayoría de zulianos le dijo que no hablara en nombre del regionalismo; menos aun ofreciendo votos a quienes siempre han despreciado al Zulia. Pasó lo que pasó, perdió el Zulia. Nunca antes un millón de Zulianos había votado por un liderazgo nacional y lo hicieron por Chávez. Otra derrota para Pablo Pérez, su segunda.

Y la tercera está por caer. Llega pronto, el 16 de Diciembre, con el adviento navideño. El día que se inician las misas de aguinaldo a Pablo le va a salir mejor irse a patinar. Ese día, cuando la mayoría de los zulianos vote y apoye al comandante Arias Cárdenas, va a sufrir la más contundente de todas las derrotas. Significará su salida del poder, terminará su suerte como le ha pasado a muchos de los líderes mediáticos o nacidos de las costillas de otros, que cuando les toca demostrar de qué madera están hechos dejan ver que en realidad son contra/enchapados. No son de madera fina si no de aserrín. Su deslinde subliminal con su padre político, el cambio de todas las vallas e imagen que después retomó Eveling —a quien por cierto también le sacó la banqueta— el desastre de Maracaibo del que es co-responsable, su desgano y deslealtad con sus socios de PJ aquí en el Zulia, le han configurado un cuadro interno que sobrepasa su talante personal para sobrellevarlo.

Pablo había corrido con suerte hasta que le tocó demostrar lo que era, ya lo dicen las encuestas. Le ha quedado grande ésta región. Lo peor es que su falta de experiencia, las profundas limitaciones de su liderazgo, la ausencia de ideas de gobierno, han llevado al Zulia al estado de postración en el que se encuentra ahora. Pero el Zulia no está a condenado a padecer a Pablo y a su clase política que se baña en un regionalismo barato mientras las aguas del Lago se pudren. Con Arias el Zulia se juega su oportunidad histórica de volver a ser una gran región.

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