No pudieron... ¿No podrán?

Hay poderosos y diversos motivos para la celebración entusiasta de la gran victoria popular del domingo: La alta participación refrendó los resultados electorales, sin espacio para la duda o la inquina de los opositores criollos o foráneos. La ratificación del socialismo y del liderazgo del Presidente Hugo Chávez Frías y, con ello, la firme decisión de integración latinoamericana y solidaridad con los pueblos; la defensa de un sistema de relaciones internacionales justo y respetuoso del derecho de las naciones; un claro partido por la conservación de los recursos del planeta y por la supervivencia de la humanidad. El impacto en la izquierda internacional que reivindica en nuestra victoria la factibilidad del socialismo democrático y participativo. La demostración de que el disenso y la resolución pacífica de las confrontaciones en los procesos electorales son rutinas de la democracia socialista. La supremacía revolucionaria en prácticamente todo el territorio nacional. Etcétera.

Cualquiera de estos motivos justifica con creces nuestra alegría y satisfacción. Pero, hay que ir más allá de la evidente victoria. Por ejemplo, detenernos en el significativo crecimiento de la oposición. Pecaríamos de ingenuos si tal fenómeno se lo atribuyésemos exclusivamente al efecto de la poderosa maquinaria propagandística opositora y su capacidad de manipulación y engaño. En algunos casos, ese argumento está ampliamente justificado: Los venezolanos en el extranjero, subyugados por la gran prensa (veáse nada más las páginas de los grandes diarios españoles para que se sorprendan de la asqueante manipulación, lenguaje, distorsión y sesgo con que trata la información sobre Venezuela), entre otras razones importantes, se ha pronunciado a favor de la opción neoliberal. Pero, también ocurre que muchos compatriotas que están en el país asumen esa visión y se supone que tenemos más posibilidades de informar y ganar para la opción mayoritaria del pueblo. Peor aún: Mucho del crecimiento opositor se ha dado en sectores populares.

Es entonces el momento de ver cuánto de nuestra responsabilidad en las políticas y ejecuciones del gobierno, del partido y de la conducta personal de sus dirigentes es la explicación de que después de catorce años de revolución no hayamos aumentado, -no en términos numéricos absolutos sino porcentuales-, el nivel de aceptación e identificación entre los venezolanos.

Revisar, evaluar, determinar y hacer los cambios necesarios son tareas urgentes. De lo contrario, podríamos terminar respondiendo afirmativamente la pregunta incluida en el título de este artículo.

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Rafael Hernández Bolívar


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