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En términos porcentuales, la oposición decreció casi cuatro puntos entre el referendo del 2004 y las presidenciales del 2006. El oficialismo aumentó, electoralmente, casi el mismo número de votos en que creció el registro de votantes. El analista Domingo Alberto Rangel opina que los opositores deben deslastrarse de los políticos de la cuarta República.
Si algo quedó claro en las elecciones presidenciales del 3 de diciembre, al margen de la victoria del presidente Hugo Chávez, fue el retroceso experimentado por la oposición en términos porcentuales ante el electorado venezolano.
Los números así lo confirman, al menos cuando se compara el resultado electoral del referendo del 2004 con las presidenciales del 2006.
El 3 de diciembre Chávez subió al 62,87% de los votos, frente al 59,09% del referendo del 2004. En cambio, la oposición decreció del 40,6%, en el 2004; al 36,8% en el 2006.
Casi cuatro puntos porcentuales, en apenas dos años, retrocedió el sector opositor, con el agravante de que Chávez aumentó, en votos, casi la misma cantidad de nuevos electores que se inscribieron en el registro electoral.
Para el referendo, el número de venezolanos con oportunidad de votar ascendía a 14.037.900, mientras que en las presidenciales la cifra aumentó a 15.921.233 venezolanos. Vale decir, 1.883.333 votantes más, cifra apenas por encima del 1.473.702 votos en que creció la preferencia del Presidente.
Pero, ¿Cómo explicar este fenómeno electoral que ensancha la brecha entre Chávez y la oposición?
Para explicarlo valdría la pena hacer otras comparaciones. En 2004, el escenario era un No (personificado por Chávez), frente a un Sí (difuminado en el rostro de cientos de dirigentes opositores). En diciembre pasado, la situación era distinta, un Chávez haciendo campaña por su reelección en todo el país exhibiendo su obra de Gobierno y con indicadores económicos llenos de vitalidad, frente a un candidato, Manuel Rosales, que montado sobre miles de promesas y con una tarjeta que, según él, era la tabla de salvación de los problemas de los venezolanos, hizo decrecer al movimiento opositor.
Para Juan Romero, analista político, los resultados electorales favorables a Chávez también tienen relación con el hecho de que los electores de los estratos D y E son los más numerosos y precisamente éstas clases sociales son las que más apoyan al Presidente.
Los estratos A, B y C, que prácticamente son los votantes que simpatizan con la oposición, sólo representan el 18% de los Inscritos en el Registro Electoral Permanente.
“El crecimiento de Chávez se asocia directamente con el éxito y la dinámica de las políticas sociales que él adelanta, el no crecimiento de la oposición tiene que ver con que los estratos A y B no han crecido demográficamente y su participación porcentual en la cantidad de votantes en el REP es ínfima, ni siquiera una cuarta parte”, opina Romero.
Participación
¿Y ahora qué?, ¿cuál escenario le queda a la oposición?, habida cuenta de que perdieron voz y voto en el principal foro político de la nación: el Parlamento.
“Hay que dejar claro la posición que nosotros sostuvimos en Primero Justicia (PJ) y es que el retiro parlamentario fue un error porque nos cerró la participación política en el seno de la discusión”, admite Julio Borges, dirigente de PJ.
Los errores los están pagando caro, sin embargo no todas las puertas están cerradas. Existe la posibilidad de la convocatoria a los referendos revocatorios en gobernaciones y alcaldías.
“Si bien es cierto que el resultado de 2006 señala que hubo una hegemonía del chavismo en la mayoría de las regiones, también es cierto que hay municipios con posibilidad de revocar a alcaldes y gobernadores afectos al oficialismo”, asegura Romero.
Una de las condiciones para que la oposición recupere esos espacios perdidos es lograr mayor cohesión. No obstante, el capítulo escenificado por PJ dejó en entredicho la posibilidad de lograr un sólo núcleo.
Sin embargo, para Borges, la situación interna de PJ, donde sus principales dirigentes (Gerardo Blyde, Liliana Hernández y el mismo Borges), sostuvieron posturas disímiles, quedó superada.
Borges se apresura a decir: “En las elecciones nuestras, aunque participó una sola plancha, aunque un grupo se retiró el día anterior, fue positivo que saliera a votar más de la mitad de la gente”.
Mientras los justicieros deshojan la margarita, el otro partido fuerte de la oposición, a la luz de los resultados de las presidenciales, Un Nuevo Tiempo, toma la garrocha y trata de dar el salto de grupo político regional a partido con estructura nacional.
Otro escenario posible de participación es la reforma Constitucional que, aunque es elaborada por una Comisión Presidencial, será sometida a la voluntad popular.
Una vía adicional de participación es el uso de los medios de comunicación para expresar sus puntos de vista.
Errores
Los caminos no están claros. La oposición tiene mecanismos para demostrar su postura disidente, aunque los números del referendo de 2004 y de las presidenciales del 2006 son una huella indeleble de los errores políticos de sus dirigentes.
El gran pecado de la oposición “es que los vinculan con gente liquidada políticamente como Carlos Andrés Pérez, Antonio Ledezma y en general todos los que gobernaron en el largo periodo de 1959 a 1998”, asegura Domingo Alberto Rangel, analista político.
“Esos cadáveres políticos actúan más como lastre que como ayuda, si esa oposición no rompe con esa gente y no repudia a AD, a Copei, no rompe con 80 años de atrocidades y de vergüenza, no hace nada”, considera.
Esa percepción la comparte la diputada de la Asamblea Nacional Iris Varela: “Ellos tienen que sincerarse como políticos y deben evaluar las señales que el pueblo les está dando, lamentablemente acumularon en su seno los vicios de la cuarta República, que fue precisamente lo que el pueblo quiso enterrar”.
Para la diputada hay una ausencia de liderazgo y el único paso importante fue haber reconocido su derrota en las elecciones presidenciales.
En ese camino debe continuar la oposición: reconocer la voluntad del pueblo que estampó su deseo en las urnas en agosto de 2004 y en diciembre de 2006 y también organizar un grupo político que sea capaz de representar a la población que difiere del proyecto de país que encarna el presidente Chávez, pero eso sí, asumiéndolo con una visión menos cortoplacista.
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