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Analistas opinan que su vinculación con los partidos tradicionales le resta credibilidad. Apenas quedan 10 semanas de campaña y el tiempo atenta contra sus posibilidades. Debe lidiar con las fracturas internas de la oposición. Un deficiente discurso y escaso dominio del tema económico y petrolero se suman a la lista de debilidades.
Comienza la batalla por la presidencia. La oposición, por fin, exhibe un candidato único: Manuel Rosales. Éste no tarda en anunciar —al mediodía del 18 de agosto—a los miembros de su comando de campaña. En el Hilton de Caracas se le ve rodeado de los viejos dirigentes de AD, Copei y MAS. Así se inicia una cuenta regresiva en la que sólo restan 10 semanas para que Rosales demuestre por qué es el indicado para derrotar a su principal adversario: Hugo Chávez.
Flanqueado por el veterano Teodoro Petkoff y por el candidato principiante, Julio Borges, Rosales enunció la esperada retahíla de nombres y hombres que componen su comando: Nadie quedó fuera.
Los 27 puestos lo ocupan aquellos que declinaron en sus aspiraciones presidenciales y algunos líderes de la Cuarta República: Omar Barboza, Timoteo Zambrano, Luis Emilio Rondón —todos de AD— sentados tras el “nuevo” candidato.
Y ésa es la primera y más pesada piedra en el zapato de Rosales para alcanzar su principal objetivo que es convertirse en el nuevo inquilino de Miraflores: El descrédito de los partidos tradicionales que tuvieron hegemonía durante décadas en Venezuela.
Pero no es la única. Lanzarse a la lucha por la presidencia en tales circunstancias es como construir un castillo de naipes, como ir a la guerra con una tropa de generales desgastados que contribuyen a debilitar más su candidatura y a proyectar una imagen de desconfianza.
Unos 25 partidos lo respaldan, pero mantenerlos unidos tampoco resultará nada fácil (no es un secreto la alergia que en Primero Justicia tienen por todo lo que suene a AD). “La estructura que le está dando soporte a la candidatura de Rosales es el frente amplio, una conformación heterogénea de PJ, Copei, AD, Un Solo Pueblo y una cantidad de gente que va a ser muy difícil para él mantenerlos contentos”, apunta Juan Romero, historiador y analista político.
Su tesis la comparte, el escritor y analista, Domingo Alberto Rangel: “El problema de Manuel Rosales radica en que comanda una oposición parcelada, con una serie de jefecillos que quieren imponer su voluntad o salvaguardar sus intereses, en cambio el Gobierno tiene un caudillo llamado Hugo Chávez, que podrá ser un loco, pero todos lo acatan”.
Los opositores se han trazado una sola meta: sacar a Chávez a cómo dé lugar. No importa que los dirigentes de “la unidad” aun no se hayan puesto de acuerdo entre ellos mismos en el proyecto de país que le quieren ofrecer al electorado, con lo que se suman puntos en contra de la tarea del candidato opositor.
Además los voceros de PJ, como Gerardo Blyde, Liliana Hernández, Leopoldo López y Delsa Solórzano y los principales dirigentes de AD como Henry Ramos Allup exhibieron la poca coherencia que reina entre los adversarios del chavismo. Entre ellos no están convencidos de que puedan triunfar por la vía electoral, y, para no perder formalmente, apuestan por la abstención.
Esta estrategia es otro lunar para Rosales ¿Cómo convencer a esa misma masa de electores que él desmovilizó hace un año, cuando a última hora se retiró de las parlamentarias, para que acuda a votar por su propuesta?
En diciembre del 2005 el zuliano alegó que no existían condiciones electorales, y aunque esta vez las normas que impuso el Consejo Nacional Electoral no distan mucho de aquellas, exceptuando que un 55% de las cajas de votación van a ser auditadas, en aquel entonces se revisaron 44% y que ahora las máquinas captahuellas sí serán utilizadas, el zuliano hasta ahora ha dicho que se va a “atrever” hasta el final, hasta el 3D.
Sin embargo, dado los antecedentes, la gente en la calle cree que es muy posible que Rosales decline o que se arrepienta. Y no es la primera vez que lo hace.
“Existe la duda de que al final Rosales se retire, que siga esa línea de los abstencionistas de la oposición que consiste en deslegitimar a la institución electoral”, puntualiza Mervin Rodríguez, director de la escuela de estudios internacionales de la UCV.
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Rosales debe con urgencia resolver semejantes contradicciones, a pesar del poco tiempo que le queda. Otro ámbito en el que debe trabajar con premura es en su escaso peso internacional. El candidato opositor ha hecho algunos intentos o “lobbies” por mejorar su imagen en el mundo. Su acercamiento al Partido Popular de España, es una muestra, aunque no suficiente. También estuvo previsto que asistiera a la toma de posesión de Alan García, en Perú, con quien Chávez ha sostenido una enconada pelea, pero la cita no se concretó.
En eso su adversario le lleva una pasmosa ventaja. Chávez, aunque tiene unas tensas relaciones con el gobierno de los Estados Unidos, con su visión de integración ha conseguido reforzar las relaciones comerciales y políticas entre Venezuela y otros países del globo, especialmente con sus vecinos del sur y el Caribe. Tan sólo desde enero hasta la fecha Chávez ha realizado tres grandes giras, recorrió unos 15 países y firmó diversos acuerdos energéticos.
A pesar de la enorme resistencia que tiene el chavismo hacia el Departamento de Estado Norteamericano (y viceversa), el Presidente no ha suspendido el suministro de petróleo a EE UU. “Los venezolanos controlan el 17% del mercado gasolinero norteamericano, el 25% del mercado de dotación de aceites y de hidrocarburos y somos el proveedor más seguro que tienen ellos en este momento”, explica Romero.
El candidato opositor debe demostrar a las demás naciones que él puede liderar una transición en las mismas condiciones que Hugo Chávez.
“Le será difícil convencer a la comunidad internacional de que puede llevar adelante un cambio con unos poderes totalmente penetrados por el chavismo y con una Asamblea totalmente en su contra”, opina Romero.
Aunado a esto, el zuliano todavía no ha dado muestras concretas de cuál será su política petrolera y económica. Ha dicho que la riqueza se distribuirá de forma más justa, que el petróleo no lo “regalará” al extranjero, pero no hay una señal precisa sobre sus planes en éstas áreas. A diferencia de él, el actual Mandatario plantea una política clara. Por ejemplo la defensa de los precios justos del crudo y la consolidación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) para tal fin; el aumento de los impuestos y regalías que las empresas extranjeras pagan en Venezuela, el cambio de convenios cooperativos a empresas mixtas en las que el Estado tiene una mayoría accionaria.
En lo económico el crecimiento sostenido y el particular interés por destinar parte de esos recursos excedentes de la renta petrolera a la inversión sociales le han dado frutos al chavismo. La mejor muestra de ellos han sido las misiones.
Un estudio de Datanálisis revela que éstas constituyen uno de los puntos más fuertes de la actual gestión. Un 46,5% de los encuestados es beneficiario de Mercal, 36,2% de Misión Identidad, 19,9% de Barrio Adentro I y 12,7% de Barrio Adentro II.
Ante esto Rosales ha guardado una postura ambigüa, primero asegura que al país “sólo lo quieren encandilar con las misiones sociales”, aunque después admita que “las misiones deben seguir”.
Éstas incongruencias políticas, su discurso flojo y su rostro glacial —sometido a una reciente cirugía — le impiden llegar a las masas con la misma facilidad que su contendor.
Otro handicap de Rosales está en su desafortunada participación en la firma del acta que acabó, de un plumazo, con todos los poderes constituidos en Venezuela el 12 de abril del 2002. Por no recordar su apoyo incondicional al sabotaje petrolero que padeció la nación entre diciembre del 2002 y febrero del 2003. El Zulia fue el principal bastión del paro patronal, y Rosales su más firme aliado.
Pero a pesar de ello, en ciertos círculos de la capital, por esa cultura políticamente etnocentrista, miran con recelo al aspirante opositor porque el hombre tiene sus raíces en Santa Bárbara del Zulia, una provincia dentro de la provincia.
Rosales tendrá que romper con esa barrera y trascender de lo local a la escala nacional, debe modificar su imagen parroquiana y “darse a conocer como estadista para tener una proyección nacional. Hay mucho antichavismo que no se cuadra con Rosales”, señala el director de estudios internacionales de la UCV.
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Los números tampoco le favorecen. Según una consulta elaborada por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos, para el 16 de agosto de 2006, el actual Presidente tiene 56,8%, Manuel Rosales 19,3% y Benjamín Rausseo (El Conde del Guácharo) 6,2%. Casi 40 puntos de desventaja para remontar en sólo tres meses de campaña.
Hasta el más desventajado de los analistas políticos sabe que Rosales es prácticamente desconocido en el oriente y centro- occidente del país. Su liderazgo básicamente se centra en el estado Zulia, donde hay registrados 1.962.274 electores.
El único logro que Rosales exhibe en casi un mes como candidato ha sido la adhesión que consiguió de Roberto Smith esta semana. Pero hasta ahora no ha logrado lo mismo con el otro candidato: El Conde del Guácharo... El burlesco aspirante surgió como una especie de “outsider” y resulta una opción para los desencantados de la política.
Hugo Chávez tiene siete años con las botas de campaña. Está vez habla de batallones, de pelotones e invocó a Francisco de Miranda en la conformación de su comando de campaña. Ahora sólo hay que esperar por Rosales.
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