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Después de los acontecimientos de abril del 2002 confieso que mi admiración por este involucionado general fue muy alta, realmente consideraba al Sr. Baduel como un insigne patriota. Esta admiración igualmente era acogida por muchísimos venezolanos que vieron, al igual que yo, una figura limpia, y fuerte donde descansaban las virtudes de las sagradas armas republicanas que se hicieron inmortales en la gesta independentista del ejército bolivariano del siglo pasado.
Siempre fui un seguidor constante de las entrevistas y declaraciones de este otrora patriota oficial y admito que jamás hubiese creído en lo más mínimo que fuese capaz de adoptar el triste papel bufonico que hoy esta ejecutando. En la última rueda de prensa del citado general evidencie con tristeza y a la vez con indignación, como es posible que un hombre como este se haya rebajado al punto de convertirse en un fanático disociado, en esa declaración se le veía con los ojos desorbitados y vomitando odio y calumnias contra aquel que una vez le tendió su mano, incluso contra sus propios compañeros de armas y más aun incitando de forma falaz y desesperada a subvertir las leyes para forzar un cambio político antidemocrático en Venezuela. Tengo que reconocer que hoy siento vergüenza de haber creído en este genuflexo militar que se rajo de una manera tan vil ante la arremetida de la contrarrevolución, era evidente que toda su figura de hombre justo y patriota era una entelequia, su acción es una indudable degradación personal y también una torpeza política digna de un imberbe principiante. Supongo que imaginó que su temeraria acción le diera réditos políticos suficientes para asumir ansiados y soñados liderazgos nacionales pero al verse frustrados estos sueños recurre a la calumnia y a la indignidad, tal y como lo han hecho otros traidores de la historia republicana y latinoamericana.
El día que el Sr. Baduel asumiera la comandancia general del ejercito, tuve la idea de escribirle una carta que expresaba el orgullo de un simple venezolano como yo por un oficial patriota que había demostrado aparente apego a la constitución y las leyes, en esa carta le felicitaba por su nombramiento y lo encomendaba a Dios para que le diera fuerza y voluntad para acometer las nuevas y grandes responsabilidades que la patria estaba poniendo en sus manos, recuerdo que escribí que la historia de Venezuela tenia un lugar reservado para hombres como él. En esa misma carta, nunca enviada, le decía como consejo para que estuviese alerta “La traición es la más abominable de todas las malas virtudes ya que resume a todas las demás de una manera práctica y total”, estas palabras fueron visionarias, jamás imagine que él caminaría por esta indigna senda.
Quiero expresarle a este señor Baduel que lo más grande que tiene un militar es su honor, su amor al pueblo y su lealtad a la patria, la ignominia de sus acciones no rebaja en un ápice a nuestra Fuerza Armada, lo que hoy siento por su figura como hombre público es compasión, ya Ud. no es orgullo para el pueblo venezolano, ni siquiera para los oposicionistas ya que tampoco lo quieren. Terminará solo, como tantos traidores latinoamericanos viviendo en Miami, con holgada hacienda y libando costosos licores importados fruto del pago de su impúdico proceder. Ud. señor Baduel es una vergüenza nacional, solo le falta dirigir en la plaza Altamira para completar su bochornoso currículum.
equilu@hotmail.com
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