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10 de julio 2008. - El miércoles en horas de la noche escuché a Chavéz molesto, como otras tantas veces. En esta oportunidad su ira la produjo el comportamiento de Eduardo Manuitt y de su hija Leni Manuitt. Ambos, en desconocimiento de las reglas de juego que fueron propuestas desde las bases, y que a pesar de todas las críticas que pudieran válidamente recibir, son las reglas. Punto. ¿Cómo van a decir que hubo fraude en las elecciones internas del PSUV donde resultó ganador William Lara? Hasta donde tengo entendido la gente está cansada de ver, indolentemente, cómo en Guárico ocurre de todo. Al parecer, los caminos habidos conducen a Manuitt, pero hasta ahora nada ha ocurrido.
Y a decir verdad ese estado se parece, hoy más que nunca, a una sociedad feudal. Mejor dicho, ir a Guárico nos retrotrae al modo de producción feudal. Hecho un cuento: en esa región las pemonas se vienen a Caracas a trabajar por unos cuantos centavos que apenas si les llega para un quincena. Apenas. Pero deben hacerlo. No les queda otra.
En una ocasión conocí a una muchacha pemón (realmente de tremendos sentimientos). Se encargaba de ubicar chicas en casas de familia de la capital porque en ese estado no hay vida. Sus labores valían mucho menos que un salario mínimo. Y su jornada tenía comienzo pero no fin: ¿para dónde iban a agarrar cada día, Guárico sólo las esperaba los fines de semana? Realmente no sé de cuál gestión puede hablar ese señor y aunque tampoco sé qué han hecho otros en otras regiones, Manuitt tiene en su haber una larguísima lista de acciones y omisiones que dan cuenta de su halo delictivo.
Comprendo entonces por qué el Presidente ya no los quiere. ¡Ni la sombra, pues¡ "Manuitt y su hija se tendrán que ir de Guárico", dijo el Presidente para poder dar paso a la Revolución. Ese estado ya hace bastante debió dejar de ser pobre, de tener pemones por allí como si de esclavos se tratara... Entiendo también por qué los guariqueños no quieren nada con la familia Manuitt, pues no han sido pocas las denuncias sobre delitos registrados no en los tribunales, pero sí en sus conciencias.
El reto para William Lara es grande. Esperemos que haga un buen trabajo y no se equivoque. No vaya a ser que los pemones o los guariqueños se vuelvan como los goajiros, para quienes son inconcebibles las traiciones.
(*) Periodista. Trabajadora Social
Profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela
marbemavarez@yahoo.es
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