De Ramos Allup a Julio Borges, no hay mas que un paso

            Acaba de cerrar su discurso Julio Borges. Lo que es lo mismo, terminó la era de Ramos Allup. Discernir sobre el contenido de lo dicho por el primero, no es tarea complicada. Se trata de una pieza llena de lugares comunes y repeticiones de principio a fin. Pareciera como demasiado simple y pedestre para un pueblo que ansía respuestas puntuales para remontar la crisis. Pero lo más obvio, es que pese a lo que todos creíamos, la oposición había tenido tiempo y suficiente serenidad para cambiar de estrategia o formas para abordar la coyuntura y sus formas de lucha frente al gobierno, de conformidad a lo dicho por Borges, vuelve aquella a lo mismo.

            Lo primero que vale destacar es la insistencia en definir al gobierno venezolano de Nicolás Maduro como una dictadura. Llegó Borges hasta el extremo de la superficialidad de comparar al gobierno de ahora y las circunstancias, con el perezjimenismo de fines de las décadas del cincuenta y sesenta.

           Ese acomodaticio análisis y hasta cuadro comparativo prefabricado, sirve para justificar la salida violenta de la cual la oposición no se desliga. Pese a que habló de elecciones, hizo alusión a los militares de quienes, según dijo, no los llama a la rebelión, ni a golpe de Estado, pero “si a que no nos hagan esperar más”. Esta frase, nada inteligente, contradice todo lo que primero dijo, más si eso se relaciona con su anterior referencia al período perezjimenista.

            ¿Qué significa eso de “no nos hagan esperar más”?

           Dentro del marco del discurso de Borges, no es nada complicado entender lo que sugiere. Pero por encima de todo, alarma como esa oposición se atraganta, desespera, como producto de sus contradicciones internas y parece privilegiar una conducta que hasta ahora le ha perjudicado y estorbado, tanto como le favorece la marcha de la crisis económica y la aparente eficiencia del gobierno para remontarla.

            Esas expresiones destempladas y nada acertadas, tomando en cuenta lo que aquí acontece en materia económica, como se le complican las cosas al sector oficial, crece el descontento popular y que pronto habrá elecciones regionales y el período presidencial prácticamente entra en una etapa crucial, no obstante despiertan entusiasmo en algunos sectores muy radicalizados. Cuando Borges hizo su original llamado al sector militar y habló de declarar el abandono de cargo presidencial, ambas cosas al margen de lo constitucional, personalidades muy radicalizadas en las tribunas o el llamado “gallinero” del hemiciclo y Ramos Allup y sus cercanos, aplaudieron con entusiasmo.

            La insistencia en lo del abandono de cargo, que evidentemente sustituye al pedido de revocatorio que ya no tiene sustento, como tampoco lo tiene lo relativo a la nacionalidad de Maduro, junto con ese llamado al sector militar a que “no nos dejen esperando”, pareciera indicar, no hay otra manera de interpretar lo que acontece, que  la oposición insistirá en las mismas prácticas, ajenas al interés del ciudadano, que han caracterizado su comportamiento. No ofrece nada nuevo y menos esperanzador.

            Al intentar, dije intentar de manera manifiesta, justificar lo de la declaratoria del abandono de cargo del presidente, Borges habló como si lo hiciese ante un pueblo analfabeta, desprevenido y fácil de engañar. Sus razones, como las de las víctimas de la violencia determinantemente provocadas por el hampa, el desempleo y nivel inflacionario, que para nada justifican una violación constitucional por parte de los suyos y del ejército, además de no servir para convencer a un pueblo con un alto nivel de conciencia política y unas Fuerzas Armadas no ganadas para dejarse arrastrar a aventuras, podrían servir para justificar lo mismo en casi todo el continente.

           El discurso de Borges se limitó a hacer anuncios o mejor descripciones de cómo la crisis afecta al venezolano, pero no señaló los razones fundamentales que la motivan. Como tampoco, tal cual viene sucediendo con el discurso opositor, señaló lo que ellos, desde la Asamblea y el frente ciudadano, que integran también los empresarios a ellos asociados, harían para resolverles las calamidades a los venezolanos.

            Según los números de Schemel los venezolanos NI-NI alcanzaban un mes atrás el 51% y la aceptación de los partidos, incluyendo el bando opositor, había caído a muy bajos niveles. Al escuchar a Borges y las alegres reacciones entre los suyos – me refiero a los de la MUD –concluí que allí continuarán en lo mismo. Es decir, por parte del sector opositor no hay voluntad, talento o quizás los acuerdos necesarios para producir un cambio en el ejercicio de la política, contenido del discurso que le permita aprovechar ese gran descontento que se amplía entre los venezolanos.

            La oposición pareciera haber soltado el balón al campo del gobierno. Todo resultaría de acuerdo a lo que este haga; aquella nada nuevo va decir ni hacer. Este tiene ante sí el reto de remontar las dificultades, diseñar una política económica que en lo inmediato rinda frutos y la ejecución eficiente de los programas que de ella se deriven. Si este bando se conforma con simples enroques, como no se cansa de hacerlo, de pasar ministros de un lado a otro cuando todavía ni siquiera, como solemos decir los venezolanos, han tenido tiempo de calentar el asiento y acompañar el gesto con un discurso sacado de los “Cantos de Gesta”, el ya amplio espacio de los NI-NI va ampliarse más y eso pudiera generar algo inesperado.

            El gobierno debe despertar y tomar medidas que eviten que los frecuentes anuncios en un sentido u otro se queden en las palabras. Que las ofertas gubernamentales no sigan siendo sólo eso y, que los funcionarios responsables que eso suceda cada rato, queden como si no hubiesen roto un plato, porque cuentan con la santa bendición.

         


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Eligio Damas


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