Leopoldo López …preso pero culpable

Los carceleros que cuidan a Leopoldo López lo hacen armados con armas compradas en el Estado español de Aznar, Zapatero y Rajoy. Las manifestaciones violentas son controladas con armas del mismo origen. Tal vez la clase política española, con honrosas excepciones, y cuatro escritores reaccionarios que asistieron a la presentación del libro de Leopoldo López en Madrid no lo sepan, o no les interese, o les dé igual, todas las posibilidades entran.

A todos esos que estaban reunidos en la antigua casa de muerte y torturas franquistas que es el Palacio de Correos en Madrid jamás les interesó ni la libertad de Venezuela ni de los venezolanos, pero ahora acaban de descubrir que precisamente cuando hay libertad es cuando hay que exigirla a su imagen y semejanza.

El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es uno de los abanderados de esa lucha; hasta llegó a hablar bien del libro de López, a quien definió como «hombre de paz». Pero otro Nobel y sí hombre de paz, Adolfo Pérez Esquivel, pidió la libertad de Arnaldo Otegi sin ningún éxito.

Sería imposible para Pérez Esquivel realizar un acto como el de Leopoldo López y Vargas Llosa en Madrid, a pesar de que sí podría realizarlo en Caracas. Aunque Otegi no cumple una pena por terrorismo, el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ordenó a la Policía que se vigilasen los actos de homenaje-bienvenida por si se cometiera un delito de enaltecimiento del terrorismo, situación de vigilancia que no se dio en el enaltecimiento de un preso que arengó a sus seguidores a alzarse y no reconocer las leyes legítimas de Venezuela. Este levantamiento se saldó con varias decenas de muertes, casi todas de chavistas o de miembros de las fuerzas de seguridad del Estado.

El pueblo venezolano tiene hoy una razón más para sentir asco y desprecio hacia la clase política española de los partidos mayoritarios, pero a esa clase política española, ya desde los viajes de Felipe González a la Venezuela saudita de CAP, lo que piense el pueblo venezolano o no lo saben, o no les interesa o les da igual; ahora, el «pueblo» venezolano son los dos carteles gigantes de Leopoldo López, al más puro estilo obamanitis que, colgados de la fachada del gobierno de la Comunidad de Madrid, recuerdan al mundo entero que de puertas para dentro el pueblo venezolano es un medio, una excusa o un accidente, pero no un fin.


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Xurxo Martiz Crespo

Vivió 30 años en América Latina. Académico del exilio económico y político gallego

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