El discurso de Ramos Allup y sus signos

En la más reciente concentración de la oposición, el actual Presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, fue uno de los oradores, quizás el de más cartel dentro de los que por la tribuna pasaron. Sus partidarios estaban allí, esperando el mensaje que les haría llegar en un momento álgido, ansiosos de salir prontamente del gobierno de Nicolás Maduro. Es una etapa que consideran de fortaleza orgánica y la han esperado por más de una década desde la llegada al poder del Comandante Chávez.

La situación no es fácil. En la calle los precios de los alimentos aumentan cada día y son hechos cotidianos las colas y el bachaqueo, que por supuesto colaboran a que la especulación y el abuso se profundicen. Hay quienes sostienen que aquí lo que falta es guáramo, autoridad, pues.

La guerra contra la Revolución Bolivariana se gesta desde su cuna, en ese sentido, los medios de comunicación se convirtieron en columna vertebral del ataque, y no es una simple apreciación personal. Recordemos que los días siguientes al Golpe de Estado, de abril de 2002, fue reconocido por uno de sus actores principales en un programa de TV.

Incluso antes hubo una batalla para que el Comandante no llegara al poder. Se apeló al terror sembrado por años hacia el comunismo e igualmente a la imagen del autoritarismo militar. Se decía por ejemplo, que Chávez se presentaba en los mítines del interior del país con un látigo, y quien no acatara sus lineamientos sería castigado. También es preciso recordar aquella cuña donde hay un audio, donde se imita su voz, amenazando con freír las cabezas de sus detractores.

A pesar de todo el pueblo también tenía sus propios símbolos. En las bases populares la boina roja y el uniforme militar significaban autoridad en el marco de un sistema democrático desgastado y corrompido. Sin saberlo, ingenuamente, se desarrollaba en la psiquis del pueblo una lucha de signos, una lucha que acrecentaría años más tardes y que tendría su mayor expresión en el golpe de abril y el paro petrolero de 2002 y 2003.

Al irse poco a poco consolidando la Revolución las mayorías, orientadas por su líder, fueron también adquiriendo conciencia y sobre todo leyendo, formándose. Empiezan a manejar conceptos como el de "guerra mediática" o la "disociación psicótica" que escuchaban en las disertaciones ofrecidas por algunos expertos en los medios públicos. A partir de allí se desarrollan foros sobre el tema mediático e incluso se apertura el Programa de Formación de Comunicadores Sociales en la UBV y otras Universidades recién creadas como una preocupación por el estudio e investigación de un tema que se hacía cada vez más cercano.

Cuando el mensaje y su intencionalidad son percibidos conscientemente, las consecuencias o las respuestas que este puede generar son menores, debido a que se encuentran con la barrera moral y ética propia de cada individuo. Si alguien aprecia un mensaje de odio y violencia por medio de algunos rasgos y signos, advirtiendo que se trata de una velada incitación a acometer contra sus prójimos (amigos, familiares o vecinos), no lo hará o al menos reflexionará antes de actuar, debido a su sistema de creencias particulares. Allí radica la importancia del conocimiento, del estudio semiológico en el ámbito comunicacional.

Sin embargo, la banalidad, la simpleza de algunos argumentos va ganando espacios. Mensajes cortos y sencillos, signos más simples, van conquistando terreno en el colectivo, más aún cuando la desidia, la insensatez, el exceso de confianza, la ineficacia y la eficiencia abren la cortina para que estos transiten. Los abusos teóricos se hacen entonces lejanos y vacíos. El discurso se agota. La realidad entra en conflicto con las palabras. Es un poco lo que ha ocurrido actualmente en la sociedad venezolana, devenido en una mayoría opositora dentro de la Asamblea Nacional.

La campaña de la derecha se basó en signos que la gente asumió en espera de cambios. Se anunció el fin de las colas, la mejora de la situación económica y el fin del "desastre". Ante ciertas situaciones, una vez más, el pueblo espera autoridad. De allí surge el discurso manejado por Ramos Allup. Discurso, eso sí, basado en su visión particular, en su imaginario sobre el pueblo y en específico sobre un sector de éste: la clase media.

Sin pretensiones haré un breve análisis del mismo, sobre todo en su parte cumbre. La más polémica. Empieza por atacar un signo; los "motores", símbolos de avance, de pujanza, puestos en boga por el Presidente Nicolás Maduro para explicar y simplificar su propuesta económica.

Al respecto, Ramos Allup hace uso de la banalización y contrapone una imagen fonética; la "chivera", como expresión de lo viejo, lo usado, lo desgastado. Y finalmente recurre al uso soez del lenguaje, cosa que no es casual, no es sencillamente parte del carácter del personaje, se trata de una invocación a un paradigma peculiar sobre la sociedad venezolana: somos groseros y arbitrarios. Decir que se tienen bolas es un significante muy criollo para denotar que se tiene la anhelada autoridad para acabar con todo, cáigale a quien le caiga.

Lo que el dirigente adeco desdeña es que el pueblo en su conjunto ya no es tan pendejo como el presupone y ciertamente hay una preocupación nacional por la situación, pero también porque no se nota el manido "cambio", más allá del discurso no hay propuestas de transformación, además de los planteamientos del Presidente Maduro.

No sé si él estará consciente al cien por cien de lo que dijo, no sé si se dejó llevar por la emoción, desconozco si los expertos yankees están detrás de sus palabras, aún así sospecho que no se da cuenta que su posición no es precisamente ventajosa. Aunque es un hombre avezado en la política, hasta al mejor cazador se le escapa la liebre.

Con su intervención en la concentración opositora podrá haber alebrestado a los desesperados, más los que esperan pacientemente resultados, de uno u otro lado, y se les acaba con cualquier signo de esperanzas dentro de este juego de ajedrez semiológico, sencillamente se transformarán a la larga (y recurro una vez más a la figura, al ícono) en un polvorín revolucionario.

No olvide Sr. Allup al motor más importante: El motor de la historia. Esto apenas empieza…

"Cuando se acaba la esperanza comienza la revolución".

Anónimo.

guevarista26@hotmail.com

 

 


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