El yo no fui, enfermedad crónica de la derecha venezolana

El yo no fui derechista, consiste en negar sistemáticamente las acciones que emprenden y realizan en el tablero político. En esta rama del quehacer nacional, la oposición al chavismo arrasa con todos los premios, por no asumir responsabilidades.

De a pá’ tras y pa’ lante, como diría el filósofo, los sucesos recientes en la AN lo confirman. No fue Ramos Allup quien se auto juramentó en el hemiciclo, fue un doble que lo hizo. Tampoco fue la directiva derechista que juramentó a los tres diputados por Amazonas, suspendidos por el TSJ y por supuesto, tampoco fue la mayoría reaccionaria que se echó para atrás en este asunto, entonces sospechamos que fue un acto de magia del Gran Henry. Tampoco fue el dueto Borges/Ramos, quien violentó el reglamento interno de la AN el día de la instalación. Simplemente fue una leve y momentánea amnesia ramosborgiana, que creyó que ya habían convocado a la segunda sesión y pusieron a Julito Borges a hablar de su tema favorito: las maquetas de la GMVV.

Aunque nos falta la duda de que quien hablara fuese el fundador de Primero Justicia o el tipo aquel de La Salida, que por cierto, tampoco ha quebrado un plato ni lo quebrará jamás. A lo mejor el culpable es Donoso, padre de Mono Kini y profesor a tiempo completo del doble que dirige la AN. El perfecto ventrílocuo.

Alejémonos del Capitolio para hojear la historia patria actual. Está repleta de ejemplos conmovedores, donde la derecha mantiene un récord de servicios impolutos a prueba de cualquier acusación, que resisten las falsas imputaciones de comunistas trasnochados que a cada rato intentan que el 11 de abril 2002 se produjo un golpe de estado, que Carmona se auto juramentó sin el retrato de Bolívar para quedarse unas horas con el coroto. Que nunca estuvieron en el Salón Ayacucho, aquel 12 de abril. Ellos, por supuesto jamás se reunieron allí, ni tampoco lo hicieron las fuerzas vivas, ni dormidas del país. Todas estas calumnias son producto de las mentes calenturientas del arañero de Sabaneta y del chofer del Metro. No sigo, porque yo no fui quien escribió estas líneas.


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Héctor Agüero


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