La voz de Chávez

La oposición pidió a gritos la muerte de Chávez durante más de una década. No tengo dudas de qué algo hicieron para lograrlo. Lo atacaron mediáticamente y apostaron francotiradores en algunas ciudades para liquidarlo físicamente pero éstos fueron descubiertos y apresados. Después se les derrumbaron los intentos de magnicidios con paramilitares colombianos y de otras nacionalidades. En fin, lo tumbaron por 72 horas, sabotearon a PDVSA, a la producción y distribución de alimentos, y no pararon de decir que todo lo chavista era malo. Sin embargo, Chávez les hace mucha falta para mantener su estatus de oposición pro imperialista y justificar la millonada de dólares que reciben por aliarse con el Departamento de Estado, la CIA, la Agencia Nacional de Seguridad y el resto del combo. Por eso, parieron la voz de Chávez.

Imitada o extraída de algún teléfono móvil (aplicando Gringolandia el más acérrimo espionaje tecnológico desde la sede de su embajada en Caracas o desde la casa o empresa de algún ricachón de la oposición) para calentar el agua para después pelar el pollo. Luis Britto García, con razón e inteligencia, expresa y justifica que “el camino a la democracia está empedrado de malas intervenciones”.

William Ospina, en su artículo “Chávez: una revolución democrática” publicado en el Correo del Orinoco del martes 12 de marzo de 2013, señala dos aspectos relevantes que “justifican” esta guerra sin fin contra en Comandante Eterno: “Coincidió el gobierno de Chávez con el momento de mayor desprestigio del poderío mundial de los Estados Unidos, el momento de mayor caída de su liderazgo democrático y moral en el planeta”; y el otro, más vital y trascendente para nosotros, es que Chávez “ha venido a demostrarnos que la democracia puede ser un instrumento de transformaciones reales, que abran horizontes de justicia para las sociedades”. A eso es que le teme la oposición apátrida; a la huella de Chávez y para borrarla recurren al mismo Chávez, vía montaje, imitación de voz o cualquiera otra argucia, para crear confusión. Lo peor que le puede pasar a la oposición es que Chávez esté efectivamente vivo en su cuerpo físico. Pero él no es Lázaro y esta gente malvada debe respetar definitivamente a nuestro pueblo humilde, dolido y doliente, cansado de sus miserias, en permanente esfuerzo por superar sus dificultades, con el honroso legado bolivariano y éste que más les pesa y les duele, el legado chavista.

Britto García detalla puntillosamente las secuelas de las garras imperialistas en América Latina al referir los casos de Jacobo Arbenz en Guatemala, Fidel Castro en Cuba, Juan Bosch en República Dominicana, Joao Goulart en Rio de Janeiro, Salvador Allende en Chile, la muerte de Omar Torrijos por el control del Canal de Panamá, Daniel Ortega en Nicaragua, el golpe de estado a Hugo Chávez, los ataques a Evo Morales y Rafael Correa en Bolivia y Ecuador, así como el golpe de estado a Manuel Zelaya en Honduras. Todas estas sociedades han sido victimadas por acciones hostiles contra su propio derecho a la pervivencia, al desarrollo, al trabajo, a la propiedad sobre sus recursos naturales legítimos y el derecho a la vida, a la tranquilidad y el bienestar colectivos.

Venezuela, dentro de ese cuadro, enfrenta una guerra económica en desarrollo, bien articulada, sobre la que se debatido bastante y que han denunciado insistentemente Britto García y José Vicente Rangel, entre otros. Corresponde al Estado apretar las tuercas. Las leyes están para cumplirlas. La oposición delira por derrocar el gobierno chavista de Nicolás Maduro y delira también porque la voz de Chávez los persigue en los barrios, en las avenidas, en las calles, en los comercios, en el aire, en la vida. Eso es así y seguirá siendo así porque la oposición nunca entendió el fenómeno Chávez.

Escribe Ospina en otra parte de su extenso artículo: “Yo dudo que haya habido en Latinoamérica un político más surgido de la entraña del pueblo, más parecido a las hondas sabidurías, las malicias, las travesuras y las valentías del alma popular”.

Ni el odio, la rabia, los resentimientos, los montajes, los chantajes y camuflajes de la oposición apátrida podrán borrar esa huella revolucionaria, nacionalista y integración de los pueblos de nuestro Comandante Eterno, porque ante todo, Chávez representa una fuerza moral. La oposición venezolana no tiene fuerza moral. Tienen razón al señalar la corrupción evidente dentro del gobierno, pues todos la vemos en dirigentes patas en el suelo que ahora ostentan grandes riquezas y tienen razón en quejarse de algunas fallas gerenciales ineficientes también evidentes, pero eso no les da poder moral, pues dejaría de ser poder moral, para burlarse de la voluntad del pueblo, de su sentir más profundo, del derecho a la alimentación, a la educación, al trabajo y al vivir. Menos tienen poder moral para burlarse de la memoria de Hugo Chávez, un líder que les quedó grande y seguirá muy grande durante muchas décadas en Venezuela, América Latina y el mundo. Su huella apenas ha empezado a crecer, para orgullo de los venezolanos.

La voz de Chávez anda por los cuatro vientos.

No hace falta que le hagan un montaje en internet para sentirla.

¡Hasta la victoria siempre, Comandante Eterno!

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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

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