Conocemos al candidato antichavista

Conocemos muy bien a Capriles Radonski: el candidato antichavista. Aunque su discurso es superficial y poco fluido, no es el novato que aparenta ser sino una ficha experimentada de la Cuarta República. En 1998, hace casi quince años, fue impuesto por los grupos económicos poderosos como parlamentario por el Estado Zulia en la lista del partido COPEI, y asumió la presidencia de la cámara de diputados de aquel congreso agonizante. Esos mismos grupos económicos y mediáticos, del país y del mundo, y la gerencia corrupta que dominaba la PDVSA de entonces, apoyaron a Capriles para que creara el partido Primero Justicia junto a Leopoldo López, Julio Borges y, quien sería “ministro de finanzas” de Carmona Estanga, Leopoldo Martínez. Desde ese momento y hasta el presente, “el majunche” ha sido uno de los baluartes del antichavismo y su rostro ha estado relacionado con todos los eventos políticos y electorales del siglo XXI en nuestro país: alcalde de Baruta, partícipe del golpe de estado contra el presidente Chávez y del asalto a la embajada cubana en abril de 2002, y del sabotaje petrolero de finales de ese año perpetrado con la finalidad de derrocar al Comandante Eterno; gobernador del Estado Miranda desde 2008 y candidato presidencial de la MUD (antigua Coordinadora Democrática), derrotado el 7-O del año pasado por el líder de la Revolución Bolivariana. Es decir, se trata del representante de la oligarquía que depredó Venezuela durante décadas; que estimuló el antichavismo visceral mediante la disociación psicótica de un segmento de la población, y cuya misión no es otra que recuperar los espacios de poder que perdió su clase, la alta sociedad, que sueña reestablecer sus monopolios y oligopolios en alianza directa con las corporaciones trasnacionales e imperialistas que nos monitorean desde el norte.

Conocemos muy bien al candidato antichavista. Es un farsante. Dice que el 7-O obtuvo 7 millones de votos y que “llegó cerquita” del presidente Chávez, cuando todos sabemos que la ventaja fue de más de un millón seiscientos mil votos a favor de la Revolución y que el antichavismo, si acaso, alcanzó el 44% de los sufragios, mucho menos de lo que pregona “el majunche”. Ahora intenta usurpar los símbolos nacionales cuando todos sabemos que ondearía la bandera de USA con mayor orgullo. Dice que los pobres lo apoyan; que los chavistas están con él; que, ahora, él respeta a Chávez; que Chávez sí fue un líder, cuando todos sabemos que Capriles Radonski, el candidato de la alta sociedad y de los grupos económicos explotadores, trató, durante más de 14 años, derrocar a nuestro presidente Chávez y, ahora, se esmera en destruir su legado.

Aunque conocemos muy bien a “el majunche” y a los intereses que representa, el presidente Chávez vino, el 8 de diciembre de 2012, a recordarnos lo que somos, cuál es nuestro compromiso y quiénes son nuestros enemigos. Y gracias a su visión trascendental garantizó el triunfo del pueblo en las próximas elecciones del 14-A con estas inolvidables palabras: “… si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período; sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que —en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales— ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón. Es uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad para continuar, si es que yo no pudiera —Dios sabe lo que hace—, si es que yo no pudiera, continuar con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo, con su don de gente, con su inteligencia, con el reconocimiento internacional que se ha ganado, con su liderazgo, al frente de la Presidencia de la República, dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destinos de esta Patria”… ¡NADIE DEBE FALLAR!

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@luissalvadorfeo

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