¿Perderá también el cielo, Señor Diputado?

Honestamente ya no defiendes tu país, tu estado o tu bancada, solo usas tu curul para agredir, maldecir o simplemente dar rienda suelta a tu odio. Atrás quedaron los diputados de una bancada opositora, con conciencia de pueblo preocupado por las necesidades de sus electores , proponer, disentir, discutir y oponerse con granados argumentos del real hacedor de leyes, por el bienestar de la república en una asamblea aún netamente representativa. Tras cada sesión de la Asamblea Nacional, la bancada opositora se deja mansamente dirigir, cual marioneta trajeada en lino y seda importada, por representantes genuinos de la mas rancia oligarquía caraqueña, donde destacan por su tono burlón y déspota, los hijos de mama y papa, empresarios y viles operadores financiados por intereses extranjeros, sin vislumbrarse en ese pequeño bloque cirquense, un sombrero de cogollo cualquiera.

La bancada opositora, se caracteriza por personas resentidas o que han perdido elecciones contra el régimen, que han visto frustradas sus apetencias personales en el ámbito político, que han perdido privilegios en lo personal o simplemente defienden un financiamiento constante y sin pausa de entes extranjeros, que añoran un parlamento lacayo. Estos diputados, además de perder sus esfuerzos por agradar a la oligarquía diariamente en cada sesión del parlamento contra la aplastante mayoría chavista, han perdido el camino al cielo. Se colocan de espalda a los intereses del pueblo, a favor de masacres en las cárceles, defienden la libertad de los políticos presos, aúpan la escases, el acaparamiento, la desestabilización, el intervencionismo extranjero y no ocultan el deseo enfermizo de que Hugo Chávez muera, o cuando menos sacar partido de su enfermedad para tratar de derrotar “en extremis” al causante de sus desgracias.

Este raro espécimen político venezolano vive solo en Venezuela, porque en otros espacios como la CELAC, donde convergieron diversidad de tendencias políticas, religiones y clases sociales, los deseos de buena fe, hacia un pueblo y su presidente quedaron grabadas para la historia, desde Santiago de Chile para el mundo. Entonces, señor diputado, ¿perderá usted también el cielo?

#Yo soy Chávez.



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