Tiempo de espera... tiempo de preocupación... tiempo de histerias

A razón de meter nuestras narices en las reacciones del escualidismo criollo ante la enfermedad del Presidente Chávez y su postergada juramentación ante la Asamblea Nacional, nos imaginamos que los sesudos opositores se moverían en estos tres tiempos. Primero esperarían prudencialmente cuál sería el desarrollo de la recuperación del Primer Mandatario.

En este lapso declararían que esperaban la mejoría del Presidente, dirían cualquier vaina contra Maduro, criticarías las medidas económicas y sociales que tomara el gobierno y mirarían el reloj y el almanaque con cierto apremio.

En caso de pasar varias semanas con la situación del Presidente igual, empezarían a preocuparse, a dar declaraciones más fuertes, a exigir que el Primer Mandatario dijera si estaba listo para asumir o no.

En caso se seguir pasando las semanas y si el Presidente no se presentara por estos lares, entonces podía venir la histeria, la loquera, pues, esa de andar soñando con insurrecciones populares contra el poder popular, desconocer al Vice Presidente y demás funcionarios y actitudes semejantes, ya practicadas en el pasado.

Lamentablemente no ha sido así. De una vez, el propio 10 de enero, ya estaban histéricos. Una dama de finos modales y gestos de protagonista de telenovelas decía que si Chávez no juraba en ese momento ya no era Presidente. Otro por allá acusaba a Maduro de dar un Golpe de Estado contra el Presidente. Uno que pedía a gritos que Diosdado fuese el Presidente.

Eso fue el 10, pero apenas dos o tres días después ya casi todos se sumaban a la idea de desconocer a Nicolás Maduro, a denunciar ante el mundo que se había dado un Golpe de Estado al Presidente Chávez, que se había roto el hilo constitucional, que se había instaurado una dictadura. Y vainas semejantes.

Por supuesto, han venido los llamados a insurrecciones, a que los militares se alcen, a no hablarle a Maduro, revirarle los ojos a Diosdado. En especial han asumido estas posturas los políticos hijos de buena familia, acostumbrados a tener lo que quieren porque mami o papi se los pueden comprar.

Nuestros queridos escuálidos no han quemado etapas en sus protestas. A lo mejor porque los hijos de papi no fueron dirigentes estudiantiles en las universidades y no saben, por ejemplo, que para pedir mejoras en el transporte se dan varios pasos antes de preparar una encerrona a las autoridades universitarias.

A nosotros, que nada tenemos en el escualidismo, salvo familiares y amigos, pero intranquilos porque contar con un gobierno sin oposición debe ser ladilloso, nos preocupa saber qué van a hacer si dentro de un mes la situación sigue igual.

No me imagino a María Corina, a modo de ejemplo, quedándose en pelotas frente a Miraflores como una manera de protestar. Ni a Leopoldo López amenazando con quemarse en la Plaza Bolívar si Chávez no aparece. Ni a Julio Andrés anunciando que se va a depilar las cejas si Maduro no le habla.

Pero algo parecido tendrán que hacer para que la protesta no se estanque y terminen solitarios en la Plaza Altamira.


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