“Se ofrece cupo en democracia estable para oposición seria, democrática y nacionalista”

No queda menos que descorazonarse ante el desatino y mala intención de aquellos sectores políticos que llamándose en forma jactanciosa la oposición venezolana, título que pretenden reservar para sí, persiguen a toda costa declarar la ausencia absoluta del Presidente Hugo Chávez. Da pena ajena ver como esos sectores opositores, de corta visión y aviesas intenciones ofenden a la inteligencia con torpes maniobras para intentar confundir sin conseguirlo, a las filas revolucionarias con aquello de la juramentación inexorable, el ejercicio temporal de la Presidencia, el riesgo de la ilegalidad de la gestión administrativa ante una supuesta ausencia del Presidente por motivos de salud o la hipocresía de desearle pronto restablecimiento y regreso, de los dientes para afuera.

La verdad harto conocida es que esos sectores opositores ocultan bajo el disfraz de oveja, pelambre e instinto de lobos, prestos a lanzarse sobre la presa al menor descuido. De ahí la campaña iniciada con malas intenciones contra el Tribunal Supremo de Justicia y el cuestionamiento a la sentencia emitida por éste, ya que no satisfizo el voraz apetito opositor, importándoles poco la voluntad mayoritaria del pueblo y la competencia de la Sala Constitucional para ejercer el recurso de interpretación y como vía de creación del derecho.

No conforme con eso, han emprendido una campaña internacional de descrédito contra los poderes públicos y convocado un mal llamado Paro Cívico, suerte de cruce de morrocoy con gallo, amparados en el ejercicio del derecho a expresarse libremente en una democracia participativa para lanzarse a la aventura de desestabilizar a la autoridad constituida legítimamente con el desgastado argumento de violentar la Constitución. En dos palabras, oportunismo político que tuerce el sentido cierto del derecho a la desobediencia civil consagrado en el artículo 350 de la Constitución, para reeditar tiempos pasados, pero olvidando que segundas partes rara vez son buenas.

En la democracia participativa venezolana sobra espacio político y seguridad jurídica para disentir, pero sobre las premisas de respeto a la voluntad expresada por las mayorías; apego incondicional a la Constitución Nacional, las leyes y las instituciones que dan vida al poder popular; acatamiento a las normas y prácticas del juego democrático descartando los medios que violenten la institucionalidad democrática constituida y firme convicción de un sentimiento nacionalista, orgulloso y opuesto al entreguismo y servilismo con factores de poder extranjeros. El día que contemos con una oposición de este talante, el Dios de la democracia popular habrá arribado al séptimo día, entonces podrá sentarse para contemplar el avance de su obra.

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