Que Dios me perdone pero ese hombre merece morir

Por higiene mental y pureza del alma es aconsejable no pensar mas en la parodia displicente de Chavez. Que viva el cancer del comandante! (sic) @PadreJosePalmar

Venezuela es tierra de mestizaje; los venezolanos somos un híbrido de razas, culturas, religiones y costumbres que nos definen como sujetos sincréticos, como ciudadanos portadores de una identidad compleja. Ese ha sido nuestro “rasgo distintivo” y gracias a él jamás podremos alzarnos como hombres y mujeres “químicamente puros”. Sin embargo, es necesario acotar que, en lo que respecta a la cosmovisión religiosa del venezolano, la doctrina que predomina es la católica. De esta manera, rendimos culto al Dios que encarnó en Cristo en tiempos del Imperio Romano y quien murió por nuestros pecados. A Él le rezamos frente al altar de las basílicas y las catedrales y a Él le pedimos millones de católicos que realice milagros, que vuelva posible lo imposible y que nos salve del pecado de “no honrarlo por sobre todas las cosas”.

Ayer 7 de enero se instaló  en Caracas la Asamblea Anual de la Conferencia Episcopal Venezolana, bajo el amparo y la venia de Dios, su presidente, el clérigo Diego Padrón, emitió un discurso esencialmente político en el que afirmaba que “es moralmente inaceptable alterar la Constitución” (http://www.dailymotion.com/video/xwjyvo_cev-es-moralmente-inaceptable-alterar-la-constitucion_news#.UOx4tm8sCM4). Estas declaraciones causaron molestias en el Gobierno Nacional, pues, utilizar el espacio de un acto religioso para dar un discurso político confuso, resulta ser altamente peligroso para quienes lo escuchan y se apropian de él bajo las premisas de la fe en el buen sacerdocio venezolano. No hay que ser muy avezado en política para percibir un discurso tendencioso de fondo que pareciera acercarse de soslayo a las consignas de la ultraderecha venezolana que, por diversos medios de comunicación privados y por las principales redes sociales, llaman al pueblo a salir a las calles el día 10 de enero “en defensa de la Constitución y en contra del Golpe de Estado que están orquestando Nicolás Maduro y Disodado Cabello”.

Ahora bien, no es de extrañar que a la par de ese discurso religioso institucionalizado por la Iglesia Católica de Venezuela, germinen  otras voces no oficiales como las del singular padre José Palmar, quien no ha dudado un instante en escribir en su cuenta de twitter @PadreJosePalmar frases como éstas: “Qué viva el cáncer del comandante Chávez” o “Chávez es el cáncer de Venezuela. Pa’ que sepais!!”. Al leer estas y otras afirmaciones del mismo tenor, nos preguntamos sobre el talante y la investidura de su emisor, lo que en el campo del Análisis del Discurso se denomina “el éthos del orador”. Evidentemente que el “éthos” del padre Palmar no es el que esperamos de un sacerdote que idealmente nos enseña la importancia del amor por sobre todas las cosas o que la blasfemia non est sancta para las mujeres y hombres de bien. Entonces comprendemos por qué hay algunos venezolanos rezando para que Chávez no se recupere y que, bajo la frase lexicalizada “Que Dios me perdone” venga un rosario de necrófilos comentarios.

Bien lo acotó  Michel Foucault en un pasaje de su texto “El gobierno de los vivientes”1, que bajo la expresión de “régimen de verdad” se aludía históricamente al sacramento de la penitencia, propio de la práctica religiosa cristiana y que comprendía tres aspectos: 1) el actus constrictionis como el momento en que se reconoce la falta o pecado cometido; 2) el actus veritatis en el que el sujeto reflexionaba sobre la importancia de ser un operador de verdad y 3) el actus satisfactionis en el que el individuo realiza la penitencia que lo liberará del pecado. Parece que a algunos devotos venezolanos de ese Cristianismo, cuyo propósito es “amar al prójimo como a sí mismos”, no les explicaron satisfactoriamente estos tres aspectos y parecieran excluir la piedad como virtud y el timor Domini como premisa. Porque si no, ¿cómo entender su accionar en los últimos tiempos?

Lamentablemente, esa omisión no nos resulta extraña, sobre todo cuando el poder de la Iglesia se encuentra en pugna con el poder político. Ello me hace recordar esa infame pinta en varias paredes de la Argentina de Perón cuando Evita falleció en 1952, luego de dar una batalla heroica contra la enfermedad: “Qué viva el cáncer” rezaban algunos, probablemente esos mismos curas que décadas posteriores confesaban a los “subversivos” antes de subirlos a un avión y lanzarlos al Río de La Plata para que no quedara huella alguna de su pecado. Tal vez eran esos mismos curas quienes, junto a algunas monjas piadosas, repartieron miles de niños recién nacidos de “guerrilleros demoníacos” a hogares de “gente de bien”. Probablemente habrá que rezar para que esa parte enferma de la Iglesia se sane. Probablemente…

@caracolablue

1 Estractos traducidos del francés por el profesor Jorge Dávila de la Universidad de Los Andes en 2008.

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